Fabricando un escritor

14:01:00

La semana pasada se estrenó en España Birdman. Si la película no se lleva el Oscar (está complicada la cosa), lo que parece casi seguro es que Michael Keaton se lo va a llevar por su interpretación de un actor fracasado antaño conocido por interpretar a un famoso superhéroe. Sí, de entrada suena a que el director estaba vacilando al pobre Michael, como cuando Bigas Luna le dijo a la Pataky que la quería para interpretar el papel de una aspirante a actriz sin talento que se va a Hollywood e intenta medrar hacia el estrellato por medio del sexo. Pero no, esta vez, en medio de la aparente broma del director, hay un peliculón. Muy recomendada (aunque marea un poco esa cámara, ya os lo advierto).

En cualquier caso, Birdman no es el tema, aunque este surgió mientras veía la película. En ella, el protagonista participa en la adaptación teatral de un relato de Raymond Carver: «De qué hablamos cuando hablamos de amor» contenido en el recopilatorio del mismo nombre (Anagrama, 2007), y de esto es de lo que quiero hablar hoy.

De qué hablamos cuando hablamos de amor es un libro de relatos completamente revolucionario, que puso patas arriba el mundillo literario estadounidense de los años 80 y alentó a los jóvenes escritores a buscar nuevas formas de narrar. En definitiva, una de esas obras que alguna generación termina encontrando en un libro de texto junto a una frase que reza: «este libro renovó la literatura de su época».

En los relatos de este recopilatorio, Carver nos pasea por las vidas de personajes muy infelices unos, y sencillamente deshumanizados otros. Es un libro crudo, de esos que esconde su crudeza donde más daño causa: en la realidad. Uno va leyendo entre indiferente y sorprendido por el bombo que le han dado a un libro tan anodino, y entonces llega al final del primer relato y se da cuenta de que, rascando un poco debajo de esa corteza de cotidianidad de lo que nos está contando, subyacen un pesimismo vital, una falta de fe y una deshumanización que desasosiegan a cualquier lector. Y este es el fuerte de la narrativa de Raymond Carver, como la de otros autores a lo Charles Bukowski, Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk: gente con la que te tomarías una caña una vez, pero seguramente no repetirías por miedo a que te contagiasen su visión tan descorazonadora del mundo.

Pero Raymond Carver quizá no sea así, o no tan así como nos da a entender De qué hablamos cuando hablamos de amor. Carver es lo que Risto Mejide llamaría «un producto». Poco después de su muerte, salió a la luz la revelación de que el manuscrito original del recopilatorio poco o nada tenía que ver con lo que nos llegó a las librerías: párrafos y más párrafos suprimidos, creando elipsis que en el original no existían; finales alterados (prácticamente en todos los relatos), cambios de sentido... Y todo es obra de su editor (¡oh, editores! ¡benditos animalillos!): Gordon Lish.

Leyendo los relatos originales de Carver, uno descubre que la mayoría de sus personajes no estaban tan deshumanizados originalmente, y que la vida es una mierda, sí, pero a lo mejor no tanto como planteaba la versión definitiva. Y, francamente, a mí me gusta más la original. No solo porque sea la que el autor nos quería transmitir desde el primer momento, sino porque el Raymond Carver que llegó a las librerías me parece demasiado pesimista, demasiado descorazonador. Tanto que no me lo creo, que me parece que hay mucha impostura detrás de esos relatos. La crudeza mucho más razonable del manuscrito original me llega más.

Lo que es obvio es que sus relatos originales, mucho más amplios, con menos elipsis y finales exageradamente abiertos; con actitudes y comportamientos de los personajes cuya justificación estaba plasmada en el papel y no debía buscarla el lector en su imaginación, etc. no habrían tenido (seguramente) la influencia que tuvo De qué hablamos cuando hablamos de amor en el panorama literario.

Así que, más o menos ético, Gordon Lish, el editor de Carver, consiguió lo que buscaba, y convirtió a un escritor del montón en un monstruo literario que ahora tendrá su foto en los manuales de Literatura del siglo XX. Lo hizo imponiendo cambios, ya que parece ser que Carver, por aquel entonces un don nadie, se vio en esa posición que tan desagradable ha de ser para todo escritor: «o publicas con los cambios que he hecho o no publicas; aquí yo soy el editor y soy el que entiende». Carver accedió, claro, para bien y para mal.

Y así es como Raymond Carver se convirtió en historia de la Literatura y ahora es nombrado en películas que tal vez ganen el Oscar este año: por obra y gracia de un editor que fue más allá de lo que van la mayoría. ¿Lo hizo bien o no? ¿El trabajo de un editor es sacar al mercado la obra de un buen escritor o fabricar el mismo al escritor? ¿Literatura o producto, dónde trazamos la línea? Son preguntas (casi dilemas morales) que se manejan a diario en el panorama literario, y que probablemente no tengan nunca una respuesta satisfactoria para todo el mundo. Sea como sea, ¿vosotros qué opináis?


PD: Anagrama también ha publicado la versión original del manuscrito de Carver bajo el título de Principiantes. Es muy interesante (y tal vez algo friki también) leer un relato de De qué hablamos cuando hablamos de amor y luego su versión inicial y ver cómo en algunos casos cambia completamente el mensaje o la sensación que se transmite.

6 comentarios

  1. La primera vez que oí hablar de este libro fue en la película "Un invierno en la playa"... te la recomiendo si no la has visto., va de escritores. Un saludo.

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    1. Sí, la vi el verano pasado y desde entonces es una de mis favoritas; es preciosa :) Gracias por el comentario.

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  2. ¡Hola! Lo cierto es que no lo conocía pero tiene buena pinta aunque no soy de leer relatos y mucho menos tan pesimistas. De todos modos creo que le daré una oportunidad. Me ha gustado tu reseña, por ser diferente.
    Un beso!

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    1. Yo tampoco soy de relatos, aunque reconozco que puestos a ello, si son tristones me gustan más. A mí me parece un libro más interesante que entretenido, pero sé que a mucha gente le encanta este autor, así que si al final te animas a probarlo igual te enamora ;)

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  3. Pues el título no me llamaba nada pero ahora definitivamente se queda como prospecto de lectura, ni que decir que le tengo toda la confianza del mundo a Anagrama, por supuesto. ¡Me ha encantado tu reseña! Muy informativa y abarcas muy bien todo.

    Y mira, rara vez entro a los perfiles de las personas que siguen el blog (visito más a los que comentan), pero ahora no me arrepiento nadita. ¡Tu blog pinta para ser una delicia! Veo que vas empezando pero con mucha profesionalidad :D (no sé, seguro que ya habías tenido un blog antes). ¡Me quedo por aquí! Y trataré de estar lo más pendiente a tus actualizaciones.

    ¡Saludos y te deseo que tengas un blog exitoso como el que más! :)

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  4. (Por cierto, hablar de Iñarritu, Palaniuk y Bukowski todo en una misma entrada... ¡qué gozo!)

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