«Preferiría no hacerlo»

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Herman Melville, el autor de ese mastodonte literario que casi todos tenemos pendiente (por pereza) y que se llama Moby-Dick, nos dejó un segundo clásico para la literatura universal antes de marcharse. Este es mucho más breve, un cuento largo, una novela corta o como lo queráis llamar. Y como es breve, pues lógicamente da menos miedo que la más célebre de todas las ballenas.

Se trata de Bartleby, el escribiente, una obra que, pese a su escasa extensión, ha dado para llenar artículos y artículos literarios y algún que otro manual de Filosofía. Bartleby es una oda a la resistencia pasiva, el problema es que no está muy claro a qué se resiste exactamente su protagonista o qué motivos le llevan a hacerlo. De hecho, desde su publicación se han propuesto todo tipo de explicaciones al comportamiento del personaje de Bartleby: es un enfermo mental, protesta contra las diferencias sociales, es una víctima de la alienación que provoca la sociedad capitalista en el individuo, es un tipo cualquiera que se ha cansado de vivir, etc. Es una de esas obras enigmáticas, que precisamente por serlo, se convierten en clásicos. Una lectura riquísima en interpretaciones que le permite al lector ver lo que dé la real gana detrás del comportamiento del protagonista. Y eso, aunque a veces le haga a uno sentir un tanto impotente, es una de las cosas más maravillosas que se pueden obtener de un libro: que te haga pensar.

Sin embargo, no todo es buscarle el sentido a las cosas, leer también tiene que ser a veces entretenimiento puro, y, leído en un nivel superficial y sin entrar a comerse la cabeza sobre su significado más profundo, el relato es uno de los más divertidos que he leído.

El argumento es el siguiente: el narrador es el dueño de una oficina en Wall Street con un pequeño grupo de empleados a su cargo (a los cuales se refiere por apodos ridículos, por cierto), y cuando necesita ampliar la plantilla, contrata como escribiente a Bartleby, un tipo que aparenta ser el empleado perfecto, y que de hecho durante los primeros días desempeña su trabajo a las mil maravillas. Los problemas llegan cuando el narrador le pide que le ayude con algo de papeleo y, con una tranquilidad absoluta, Bartleby le responde: «preferiría no hacerlo». A partir de ahí, con cada día que pasa, cada vez son más las cosas que Bartleby «preferiría no hacer» y se va abandonando poco a poco, para desgracia del narrador, que ya no sabe qué hacer para quitárselo de encima.

Es un relato original, hilarante y que puede dar lugar a muchas reflexiones de todo tipo, ¿qué más se puede pedir? También es una buena forma de acercarse con cautela a la obra de Herman Melville para hacernos a su narrativa mientras nos armamos de valor para ir a la caza de su famosa ballena blanca.

10 comentarios

  1. ¡Hola! Pues la verdad es que no lo conocía y tiene buena pinta. Me ha hecho gracia lo de "Preferiría no hacerlo". En casa tenemos el libro de Moby Dick y ahí está. Acumulando polvo, a ver si algún día me armo de valor ^^
    Un beso :)

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    1. El mío también acumula polvo, y seguro que tu casa y la mía no son las únicas. Habría que organizar un movimiento para limpiar el polvo de los ejemplares de "Moby Dick" que todos tenemos.

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  2. Bartebly lo acabo de terminar, precisamente, ése hombre es comedia pura aunque si me lo topara en la vida real, por supuesto que no me lo parecería así. ¡Grande Melville! Moby Dick yo lo tengo a medias pues cuando lo estaba leyendo, lo dejé en stand by un tiempecito y luego se lo llevó una tía y ¡bueno! Esperando recuperarlo para terminarlo, porque es deliciosísimo (aunque tuve que tomarme un break, principalmente, debido a los grandes apéndices que hablan sobre las ballenas y sus características, y otros capítulos de ésta índole).

    Saludos de nuevo, jaja :)

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    1. ¡Eres una valiente por enfrentarte a la ballena! Ese es el gran problema de los libros de 800 páginas y más: que si encima tienen muchas digresiones y se pasan de descriptivos te acaban volviendo loco.

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  3. Moby Dick es uno de los tantos clásicos que confío en ser capaz de leerme algún día. Este no lo conocía, pero creo que este año le daré un oportunidad porque en vistas a tu opinión, se la merece.
    Un beso :3

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    1. Prueba con Bartleby, sí, que se lee en unas horitas de nada y te permite decir "yo he leído a Herman Melville", aunque sea en su versión light :P

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  4. ¡Hola! Aún no leí nada de este autor pero, espero remediar eso este año. Seguramente comenzaré con Moby Dick. Muchas gracias por tu reseña.
    PD: Tienes una nueva seguidora, ¡Un beso!♥

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    1. ¡Ánimo con esos propósitos lectores para 2015! Yo de momento no me pongo ninguno (y menos de ese calibre), porque luego sé que me puede la presión y es peor.

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  5. Nunca imaginé que Herman tuviera una novela así. Desde luego todos estamos como tu, com mucha pereza de cetáceos, así que me parece una buena aproximación.

    En cuanto a la dualidad en la lectura que comentas superficialidad/profundidad creo que me decanto mucho más por aquellos escritos que me trasciendan, que me aporten algo más que el simple pasatiempo.

    Saludos.

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    1. Yo también me quedo con los que trascienden, y cada vez más (será que me estoy haciendo viejo), pero qué bien hace un break de vez en cuando. Por eso sin duda los libros que más me gustan son estos que funcionan tanto cuando quieres trascendencia como cuando solo quieres pasar un par de horas y olvidarte de todo :))

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