El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy

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Los que llevéis un tiempo por aquí leyendo mis cosas, sabréis que uno de los escritores con los que tenía pensado estrenarme este año y a los que más ganas les tenía es Thomas Hardy. Hoy traigo por fin la reseña de mi primera obra del rey del drama inglés por excelencia, pero lo hago con sentimientos encontrados, porque, aunque la lectura ha sido ágil, adictiva y entretenida, al mismo tiempo me he sentido un tanto decepcionado.

Pero vayamos por partes. El alcalde Casterbridge, la novela a la que me refiero, es una de las últimas obras de Hardy, y se considera que pertenece a su etapa de madurez, caracterizada por ser más dramática y oscura. Tengo entendido que Hardy es un autor dramático y oscuro en general (muertes, suicidios, abandonos, violaciones, abortos y enfermedades pueblan sus novelas), así que ya os podéis imaginar el nivel de dramatismo de este libro.

Efectivamente, ya el punto de partida de la trama deja claro que esta historia no va a ser un cuento de hadas: hace dieciocho años, un alcohólico vende a su mujer y su hija recién nacida a un marinero; luego se arrepiente, hace la promesa de que no beberá ni una gota de alcohol en los próximos veinte años y termina convirtiéndose en un hombre respetable, alcalde del pueblo de Casterbridge y próspero empresario; entonces, una mujer y su hija aparecen en su vida y dicen ser esa mujer y esa hija. A partir de aquí sería entrar ya en el terreno de los spoilers, pero como os podéis imaginar, se trata de una historia llena de secretos, mentiras y enredos en las que todos estos personajes y sus dramas personales van chocando en lo que parece una historia destinada al fracaso.

Empecemos por lo bueno: es una lectura ágil, diría que de las más rápidas que he encontrado en lo que va de año. Esto siempre depende mucho de la persona que lee, pero para mí tanto la prosa de Hardy como su forma de ir estructurando los sucesos de la novela han hecho que me resulte muy fácil de leer. De hecho, si no terminé la novela en tres días fue por circunstancias externas que me impidieron leer un rato todos los días. Así que, para todo el que quiera leer clásicos y le dé miedo o le resulten densos, creo que Hardy es una buena opción, al menos esta obra: es ágil, es ligera y la trama está llena de enredos e idas y venidas, lo cual la hace bastante adictiva.

Sin embargo, no todo es positivo, y a mí, como os decía al principio, este primer acercamiento al autor me ha decepcionado un poco. En parte el problema que he le he encontrado es lo mismo que antes ponía como virtud: la ligereza. Tenía a Thomas Hardy por un gran novelista inglés al nivel de otros, o al menos eso es lo que había escuchado decir a la gente, así que me ha chocado un poco encontrarme con un escritor extremadamente folletinesco.

Un poco de folletín está bien y le da color a cualquier novela, pero cuando se sobrepasa el límite y se escribe folletín puro, a mí ya se me pierde como lector. Para que nos entendamos, los folletines eran a la literatura del siglo XIX lo que las telenovelas a la televisión actual: historias adictivas, llenas de giros de guion y casualidades inverosímiles que mantienen al lector/espectador en vilo, pero narradas con sencillez, sin una verdadera complejidad detrás de lo que cuentan. Es decir, sería literatura de consumo rápido, puro entretenimiento sin pretensiones y de calidad a veces dudosa.

Pues bien, para mi gusto, al menos en esta obra, Thomas Hardy sucumbe por completo al folletín. Llega un momento en que las casualidades y los giros de la trama son inverosímiles al más puro estilo de ese hermano secreto que aparece en todas las telenovelas. Además, la propia prosa de Hardy me ha resultado decepcionante también, muy simplona, falta de emoción... No sé, muy de folletín también (aunque eso quizá sea la traducción, no lo sé).

En resumidas cuentas, como entretenimiento, la novela es una lectura más que decente, y ya digo que me parece un buen autor para que los que no estén muy familiarizados con los clásicos ingleses empiecen a tomar contacto, pero yo me había aproximado a Thomas Hardy con la idea preconcebida de que iba a encontrarme un Dickens, una Austen, una Brontë, una Gaskell (ya entendéis por donde voy) y la cosa se ha quedado más bien en el Dumas más simplón.

Al final todo se reduce a lo que uno va buscando de las lecturas, me imagino.


Novela rápida, ligera y adictiva con un punto de partida bastante original. Poco a poco se va perdiendo dentro de sus propios giros folletinescos y acaba pecando de falta de profundidad. Aun así, como entretenimiento con sabor de época es más que aceptable.

★★★

1 comentarios

  1. Pues yo tenía ganas de leer a Hardy, y precisamente tuve hace tiempo este libro en el punto de mira, y aunque sabía que era algo folletinesco, como se habla tan bien del autor, me imaginé que sería algo del estilo a lo que hace García Márquez en El amor en los tiempos del cólera... de todas formas, sigo teniendo ganas de leerlo, porque a mi el drama me llama mucho.

    Besooss!!

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