Relato: Elliot

12:30:00

Foto: Unsplash

Los jueves eran tranquilos en el Succubus. Era noche de mitad de precio para universitarios y el local se llenaba de niños de papá demasiado mimados como para poder causar auténticos problemas. Por supuesto que se peleaban por una chica de cuando en cuando o se hacían los duros con él si les decía que el aforo estaba completo, pero normalmente bastaba con una mirada severa para mantenerlos a raya. En el peor de los casos, con apartarse a un lado la chaqueta y dejar ver la pistola metida dentro de los pantalones era suficiente. Nada que ver con la clientela habitual del Succubus, una escoria contra la que Elliot malgastaba sus energías noche tras noche.

Así que los jueves, de pie frente a la puerta del local, Elliot dejaba volar la mente y pensaba en otras cosas que no eran el allí y el entonces. Durante los últimos seis jueves seguidos, esa otra cosa tenía nombre ruso y menos curvas de las que le habrían gustado: Inna.

El que hubiera dicho eso de que uno no puede echar de menos lo que nunca ha tenido no conocía a Inna. Elliot no la había tenido nunca —el verbo tener no se podía conjugar con ella—, y, sin embargo, no se la podía sacar de la cabeza. Sus piernas largas de palo, su pecho plano, la melena mal teñida de un rubio sucio, la leve separación entre sus paletos… A veces, si estaba más melancólico de la cuenta, incluso echaba de menos la manera en que lo despreciaba con la mirada mientras se iba al baño con alguna otra zorra lesbiana.

Se conocieron cuando él la pilló intentando colar veinte gramos de coca en el local. Inna le miró a los ojos y le preguntó su nombre: «¿Elliot? ¿Como Billy, el pequeño bailarín homosexual?». Y ahí se prendó de ella. ¿Qué podía decir? A Elliot le gustaban las mujeres duras, e Inna era Siberia en el mes de enero sin calefacción.

Sin embargo, aquel jueves fue diferente a los demás, y no pudo echar de menos a Inna, porque Inna estaba allí, esperando en la cola para entrar con su bolsita de coca apenas escondida entre las tetas y un maquillaje hecho a base de puñetazos.

—Es jueves —le espetó Elliot cuando la tuvo ante sí.
—A los universitarios les gusta la coca.
—No puedes meter coca en el local.
—Vale. —Se llevó un dedo al escote y hundió más la bolsa entre sus pechos enanos.

Elliot fingió indiferencia y le hizo una seña para que entrara. Cuando ella ya estaba abriendo la puerta, sin volverse para mirarla, añadió:

—¿Qué te ha pasado en la cara?
—La vida.
—Pues la vida debe de tener una buena derecha.

La oyó reír mientras entraba en el Succubus y se perdía entre los estúpidos niños ricos.

13 comentarios

  1. "Inna era Siberia en el mes de enero sin calefacción"
    Esa frase me mató. Me encantan las comparaciones de ese tipo, you did so well boy.
    Está genial el relato :3
    Un beso!

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  2. Buen relato, joven. Estoy con Abbie, genial la frase.
    La vida, en ocasiones, es demasiado injusta con la juventud.

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    1. Gracias, pero lo de joven tampoco te creas, que ya tengo mis años :P

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  3. Me ha gustado, nunca había leído un relato que tuviera de protagonista al portero de una discoteca. Además la descripción de Inna me ha encantado.
    Un beso!

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    1. Si me paro a pensarlo, creo que yo tampoco he leído mucho sobre porteros de discoteca. Quizá haya un filón ahí :P

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  4. Justo iba a decir que me ha matado la frase de "Inna era Siberia en el mes de enero sin calefacción" pero veo que no soy la única XD
    En serio, me ha encantado cómo se expresa Elliot y la mini-conversación final.
    ¡Un saludo!

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    1. Sí que ha tenido éxito la frase, sí, tomo nota de que os ha gustado para ver si me salen más como esas. Muchas gracias a ti también :)

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  5. El verbo tener no se podía conjugar con ella. Tus palabras tienen algo especial. Sigue escribiendo ♥

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    1. Jo, gracias, sois demasiados buenos conmigo a veces :O

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  6. Genial el relato! Me gusta mucho cómo está escrito, a ver si podemos ir leyendo más cosas tuyas en el blog.

    Besos!

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    1. ¡Gracias! Tomo nota e intentaré publicar más cositas ;)

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  7. He llegado aqui siguiendo tantas peripecias que mejor no las cuento pero el relato me ha encantado. Se me ha echo infinitamente corto. Muchisimo. En serio. Pero merece la pena por la descripción de Inna como Siberia en enero y porque le "conquistase" con un ccorte como ese de la peli (aunque yo le cogeria una mania tremenda de haber sido Elliot pero me hace gracia como no deja de pensar en ella pese a todo).
    ¡Muy interesante! Y ahora que he descubierto este sitio me pasaré de vez en cuando para ver si leo cosas tuyas, que siempre es un placer.

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