Semana de vacaciones

No es que yo sea un hombre religioso o devoto (prueba mejor con agnóstico), pero los días libres son los días libres, y las vacaciones se conforman de días libres, así que se da la situación de que estos próximos días voy a estar fuera, En lugar de dejar entradas programadas, como solo va a ser hasta el domingo y soy un posteador bastante prolífico, he pensado que unos días de descanso estarán bien para vosotros y para mí.

A la vuelta, os debo unas cuantas reseñas, porque como os decía ayer, marzo fue un mes más provechoso de lo habitual en mí. También estoy pensando en fijar X días de la semana para las entradas ahora que el blog ya se ha asentado y me voy acostumbrando a él. Lo pensaré durante esta semana, pero si tenéis alguna preferencia al respecto, me encantará saberla.

Lo dicho: disfrutad de estas vacaciones (los que las tengáis), religiosos o no, y nos vemos a la vuelta.

Resumen de marzo


Marzo, marzo, marzo. Febrero había sido un mes caca (podría buscar un término más bonito, pero creo que este es el más preciso) en cuanto a lecturas, pero en marzo lo he compensado con unas cuantas, y casi todas de peso. También me he puesto un poco las pilas con las series de televisión, aprovechando que han empezado algunas y regresado otras. Lo que he dejado más de lado esta vez ha sido el cine, porque está visto que para los tres campos al mismo tiempo no valgo.


LIBROS

1. Grandes esperanzas, de Charles Dickens ★★★
2. Saga. Capítulo uno, de Brian K. Vaughan ★★★★
3. El lector, de Bernhard Schlink ★★★
4. Saga. Capítulo dos, de Brian K. Vaughan ★★★★
5. La casa de la alegría, de Edith Wharton ★★★★★ [mejor lectura, con mucho]
6. El último deseo (Geralt de Rivia #1), de Andrzej Sapkowski ★★★
7. Boy meets boy, de David Levithan ★★ [lectura más floja]
8. Cranford, de Elizabeth Gaskell ★★★★


PELÍCULAS

1. Fifty shades of Grey (2015): 2/10.
2. Veronicar Mars (2014): 8/10.


SERIES

1. Glee (Fox, USA), sexta (última) temporada — Vuelven a sus orígenes, recuperan el humor y consiguen salvar los muebles en un final potable (en comparación con las últimas temporadas).
2. Survivor: San Juan del Sur (CBS, USA), vigésimo novena temporada — Mi programa de entretenimiento favorito; soy muy, muy fan. Y esta temporada ha tenido una segunda mitad emocionantísima.
3. The Fall (BBC Two, UK), segunda temporada — En la línea de la primera. Sé que tiene mucho detractor, pero a mí me encantan, y sobre todo, me encanta la Stella Gibson de la gran Gillian Anderson.
4. The Americans (FX, USA), tercera temporada — Sigue en forma. Parece que cada temporada es mejor que la anterior y los personajes, más profundos.
5. Vikings (History Channel, USA), tercera temporada — Todavía no tengo claro si es un serión o un truño, pero me entretiene como el primer día.
6. Pretty Little Liars (ABC, USA), quinta temporada — Placer culpable teen absoluto. Es una mierda y no hay por donde cogerla, pero después de haber tragado tanto episodio, mejor seguir hasta el final.
7. Eye Candy (MTV, USA), primera temporada — Otro placer culpable. La serie en sí es una chorrada, pero engancha cosa mala, y como es la primera temporada, de momento no han empezado a estirar el chicle.



¿Cómo lo veis? ¿Algo en común o que os atraiga? ¿Le habéis sacado tanto partido a marzo como yo o ha sido un mes caca?

Tag sugestões (a.k.a. tag de la fabada)

Ya os he dicho alguna vez que me da un poco de reparo hacer entradas de tags, retos, premios, etc., porque siento que a veces son entradas con menos contenido; pero una de estas de vez en cuando también tiene su aquel, y para mi sorpresa, la anterior os gustó bastante, así que...

En esta ocasión, se trata de un tag al que me ha nominado Teresa. Es muy sencillito, se trata de sugerir cosas: una comida, una serie, una película y un libro, así que da para una entrada rápida y ligerita, muy apropiada para el domingo.

(Nota: Venga, soltad todo ese aire que habéis estado conteniendo hasta ahora... ¡No voy a recomendar Al este del Edén!)


COMIDA


De acuerdo, quizá después de hablaros de una entrada ligera de domingo esta no sea la comida que más encaja en la ecuación, pero, ¡eh!, hay que barrer para casa. Y todo el mundo sabe que la fabada es lo más rico del universo después del chocolate (y el que lo niegue, no es una persona de fiar).


SERIE DE TELEVISIÓN


Mi serie favorita en emisión. Una mezcla de drama y comedia negra que narra las aventuras de una familia totalmente desestructurada, seis hermanos que tienen que salir adelante por sí solos porque tienen unos padres que son... Bueno, unos padres que no son. Una obra maestra muy recomendada para todo el mundo.


PELÍCULA


Joyita del indie americano que habla sobre ese trauma que supone el final de la adolescencia y la llegada de la edad adulta. Es intensa, bonita y, al mismo tiempo, divertidísima, con un humor excéntrico y algunos de los mejores actores cómicos del momento en papeles secundarios.


LIBRO


No es mi libro favorito, ni mucho menos, pero El solterón, de Adalbert Stifter es una joyita muy desconocida de un autor también muy desconocido, por lo menos en nuestro país. Yo di con esta novela por casualidad hace un par de años, me dejé llevar por un instinto y lo que encontré dentro me encantó. Es una novela lenta, reflexiva, puede que incluso una novela donde no pase nada, pero el trabajo de caracterización de ese protagonista entrañable y la prosa de Stifter son más que de sobra.


Y eso es todo, ¿veis que breve? No nomino a nadie, que ya sabéis que no me gusta obligaros, pero al que le guste y se lo quiera llevar a su blog, bienvenido sea.

La casa de la alegría, de Edith Wharton


Este año me había propuesto comenzar a leer a muchos de esos autores mayúsculos que todos tenemos en nuestra lista de cuentas pendientes y que nos suelen dar un poco de miedo. Mi primer lectura dentro de este grupo fue John Steinbeck y fue tan, tan satisfactoria que se me quitaron de golpe todos los miedos. Si mi segunda lectura del año era un premio Nobel de 700 páginas y me enamoraba, ¿cómo tener miedo a nada ya? Creo que gracias a este pequeño gran triunfo, en estos meses me he desvirgado con Albert Camus, Charles Dickens... y ahora, Edith Wharton. Si todo va bien, como os decía hace poco, uno de los próximos será Thomas Hardy.

Esto de leer a los grandes clásicos (o clásicos modernos) siempre me ha parecido como una ruleta rusa: el autor más laureado y estudiado en las universidades puede ser un auténtico tedio para el lector que solo busca pasar la tarde. Edith Wharton no es de esas; oh, en absoluto lo es. No puedo decir que mi primer contacto con ella haya sido tan glorioso como en el caso de Steinbeck, pero sin duda ha sido adictivo.

La casa de la alegría es algo así como la mezcla perfecta entre Jane Austen, Clarín (o Tolstoi, o Flaubert: escritores que hablan de mujeres perdidas en sociedades hipócritas, en definitiva) y una serie de televisión de Shonda Rhimes. El resultado es una novela que no se lee, se devora, y que funciona en todos los niveles: como novela ligera sobre las puñaladas traperas de la clase alta americana del siglo pasado, como retrato del descenso a los infiernos de una dama hasta entonces intachable y como exposición y crítica de una sociedad que la autora conoció muy de cerca y en la que uno solo podía llegar a ser feliz endureciendo su corazón y perdiendo los escrúpulos.

Pero la novela es, ante todo, Lily Bart. Comentaba en Goodreads que durante los primeros capítulos no sabía qué pensar de la señorita Bart, que a ratos me parecía una mujer de buen corazón y a ratos una auténtica zorra, y que eso me encantaba, porque ¿qué puede ser más apasionante qué no saber que pensar del protagonista de un libro? A menudo, eso suele indicar complejidad en el personaje, muchos matices que lo vuelven realista y gris y lo alejan del blanco y negro típicos.

Lily Bart es precisamente así, una mujer que se mueve en el terreno de lo gris, y quizá eso es lo que la hace tan atrayente, tanto para los demás personajes de la novela como para los lectores. Ha sido criada para temer a la pobreza y buscar siempre la felicidad en la vida lujosa y frívola de la gente de su clase, y para ello es necesario encontrar un marido rico. Pero hay algo en Lily, una pulsión inconsciente, que la lleva a echarse atrás en el último momento cuando, tras trabajarse al ricachón de turno durante meses, este está enamorado y a punto de pedirle matrimonio. En el fondo, Lily tiene sentimientos nobles, puede que incluso, sin darse cuenta, busque casarse por amor; pero eso no se puede conciliar con pánico a la pobreza y la vida de despilfarro que lleva.

Del choque entre esta nobleza interior de Lily y la frivolidad de su forma de vida y su papel en la sociedad surge el conflicto de la novela. Y cuanto más avanza, cuanto más oscura se vuelve, más brilla el personaje de Lily, la pobre señorita Bart, que está muy lejos de ser una santa o una buena persona, pero tampoco es lo bastante mala y desalmada como para lograr asentarse en esa sociedad cruel de la que es presa (y de la que tampoco quiere escapar). El desarrollo y la caracterización del personaje son inmejorables, y me atrevería a decir que, cuando la novela termina, uno sigue sin estar seguro de qué pensar de Lily: si la ama, si la odia, si le da pena, si es una víctima o un verdugo... Y eso, os lo confieso, es lo que más me gusta del personaje.

Por lo demás, la prosa es maravillosa, el ritmo es asombroso para una novela de estas características, que suelen ser más bien pausadas y reflexivas, y tiene una ristra de secundarios, adorables unos y odiosos otros, que ponen la guinda al pastel. Mención especial, cómo no, al encantador pero torpe Lawrence Selden, la ingenua Gerty Farish, la zorra perversa de Bertha Dorset y, por descontado, al que siempre es mi personaje fetiche en este tipo de novelas, la tipa que es como las cucarachas y siempre consigue encontrar el modo de sobrevivir en cualquier medio: la gran Carry Fisher.

En definitiva, un gustazo de lectura. Si os gustan las novelas de este tipo (o si os atraen pero no sabéis por dónde empezar y Anna Karenina y compañía os dan miedo), os recomiendo encarecidamente daros un paseo por La casa de la alegría (el título viene de una cita bíblica y es, precisamente, una crítica irónica a la sociedad plasmada en la novela; así que alegrías en la trama, pocas).


Amores ilícitos, no correspondidos, solteras a la caza de un marido rico, fortunas perdidas, deudas de juego, escándalos, puñaladas traperas e intentos de medrar en una sociedad hipócrita y plagada de convencionalismos. Todo ello de la mano de unos personajes que traspasan las páginas del libro y con un ritmo endiablado que atrapa desde el primer capítulo. Suena a telenovela, puro entretenimiento, pero resulta que es un clásico de la literatura estadounidense con una prosa encantadora y un trasfondo de crítica social muy crudo.

★★★★★


FICHA DEL LIBRO:

La casa de la alegría
de Edith Wharton

ISBN: 9788484285946
Editorial: Alba (Minus)
384 págs.
Precio: 11 € 

Huérfana a los diecinueve años, Lily Bart es acogida por una tía en el seno de uno de los más antiguos clanes de la sociedad neoyorquina. Diez años después, aún no se ha casado, y ni su exigua renta personal ni la generosidad condicional de su protectora han hecho nada para favorecer su independencia. Empujada al mercado del matrimonio irá extraviándose y descendiendo a un mundo de feroces convenciones secretamente regido por la manipulación, el desafecto, el engaño y el chantaje.

El respeto al lector


Quizá os hayáis enterado (yo llevo tiempo avisando de que era algo casi seguro, pero faltaba confirmación oficial): a partir de esta nueva temporada, Juego de tronos comenzará a spoilear los libros. Así lo han declarado hace un par de días sus creadores, asegurando también que, a pesar de los cambios, su intención es que la serie llegue a la misma conclusión que los libros. O para ser más exactos, de lo que el propio George R. R. Martin les contó hace unos años que sería el final de la saga.

Ahí es nada.

El mundo se ha puesto patas arriba y ahora son los lectores los que tendrán que dejar de visitar páginas donde se hable de Juego de tronos (que no son pocas), leer noticias sobre las carreras de los actores protagonistas de la serie o, si me apuráis, ver entrevistas suyas (y ya ni hablar de leer comentarios de YouTube de cualquier vídeo remotamente relacionado con la serie o sus actores). Habrá seguidores de la serie que se alegren y se lo tomen como una venganza, porque es cierto que hasta ahora ha habido mucho lector porculero haciendo spoilears a diestro y siniestro, pero, más allá de las venganzas, esto es un auténtico drama para muchos.

Yo tengo relativa suerte. Leí el primer libro allá por 2007 y dejé la saga en stand-by, pare retomarla un par de años más tarde, cuando se anunció que iban a adaptarla. Pero hay gente, mucha gente, que comenzó a leer la saga antes, algunos que incluso la comenzaron y la siguen con fidelidad desde sus inicios remotos en 1996.

Veinte años leyendo una saga, siguiendo a sus personajes, haciendo mil y una teorías y esperando pacientemente años y años entre libro y libro. Y ahora esa gente, que se ha gastado su tiempo y su dinero en darle de comer a George R. R. Martin, en darle cariño, va a tener que ir por la vida con pies de plomo, durante, quién sabe, quizá otros diez años, hasta que se publique el último libro; todo ello en plena era de la información, donde uno se entera de todo incluso cuando no quiere.

No voy a entrar a descalificar al señor Martin (a quien reverencio como escritor de fantasía, todo sea dicho) o a elucubrar sobre su vida y sus circunstancias, porque entiendo que a él también le dolerán las cosas y estará quemado, que lleva años soportando mucha presión, pues ya era un fenómeno de masas incluso antes de que la saga se adaptara a la televisión, pero aun así... ¿Dónde ha quedado el respeto al lector?

Ya no se trata de que unos tíos que no son nadie se te vayan a adelantar a contar el final de tu historia con sus palabras, o que la calidad de las novelas se vaya a poner en riesgo si Martin entra en el juego fácil de cambiarlo todo solo para hacer un final diferente al de la serie o sorprender a los lectores que ya saben cómo acaba la serie de televisión. El verdadero drama es que un escritor no haya antepuesto el corazoncito de los lectores que llevan veinte años a su lado; que no lo haya antepuesto a todo: productoras, editores, contratos, dinero...

Llamadme romántico, pero creo que un escritor que ha recibido tanto cariño y mimo por su saga durante dos décadas debería ir hasta el mismísimo infierno por sus lectores. Y no solo no lo ha hecho, sino que les está (nos está; aunque yo solo lleve ocho años en el mundo de Canción de hielo y fuego) faltando al respeto.

Por si alguien lo duda, yo no voy a continuar viendo la serie de televisión, que en realidad tampoco me aportaba gran cosa a parte de las magníficas interpretaciones de sus actores. Eso sí, no me cabe duda de que me voy a comer más de un spoiler y que acabaré por enterarme del final de la historia por terceros.

Top ten tuesday: las series de mi infancia

Idea original de The Broke and the Bookish


El tema de esta semana no me venía bien, porque, como creo que ya os he mencionado alguna vez, en mi infancia no leía demasiado, y tampoco es que tenga mucho síndrome de Ana Obregón Peter Pan, así que he decidido tunearlo un poco. Hace un par de días me topaba con este vídeo tan maravilloso (para los que fuimos niños en los 90, por lo menos), y eso fue lo que me dio la idea definitiva para arreglar el TTT de esta semana: ¡las series que marcaron mi infancia!

Pokemon.— No era mi favorita (me gustaban más los videojuegos; de hecho, fui de esos frikis que jugaron al juego antes de que Telecinco empezara a emitir la serie) ni la mejor, pero fue histórica. No creo que lo siga siendo todavía para los niños de ahora, pero en su momento fue lo más. Durante bastantes años, me levantaba a las ocho de la mañana en fin de semana solo para no perdérmelo, y creo que no era el único.

Digimon.— Decían que era la mala copia de la anterior, pero a mí su primera temporada me tenía loco perdido; cien veces mejor que Pokemon. Mucho más dramón y mucho más intensa, pero es que yo ya era un niño con mucha tendencia al dramón culebronesco, como podréis ver si seguís adelante en la lista.


Dragon Ball (Z).— Al contrario que la mayoría de mis amigos, yo prefería Dragon Ball Z a Dragon Ball. El humor de esta última me encantaba en su momento, pero los dramas (again), las peleas eternas y las muertes y resurrecciones de la otra me conquistaron. Es de esas series de las que seguía viendo las reposiciones año tras año hasta hace no tanto tiempo.

Oliver y Benji.— Lo mismo que la anterior: la vi en su momento, y continúe con la reposiciones hasta bien talludito. Me perdía con las mil temporadas que no había quién entendiera; de pronto eran niños, luego el mundial, luego no sé qué... No creo haber llegado a verla jamás entera y en orden, pero aun así...

Compañeros.— Oh, sí, yo veía esto en mi infancia, con nueve o diez añitos, y me encantaba. No sé si me enteraba de todo el salseo que se traían estos adolescentes de treinta y cinco años, pero lo vivía al máximo. Doy gracias a mis padres por no ser de esos que controlan lo que ven sus hijos en televisión y dejar que me pervirtiera a mi propio ritmo.

Reena y Gaudy.— Slayers para el universo entero, pero en la 2 la llamaban así. Obviamente, como podréis haber deducido, era de mis favoritas: como Dragon Ball pero todavía con más melodrama si cabe. Y su toque romántico. ¡Lo tenía todo!


Shaman King.— Esta me pilló un poco más mayor que la mayoría de las anteriores, pero ay, cuánto sufrí cuando supe que no iban a hacer más temporadas. Es de los pocos animes no-mainstream (entiéndase, los que no echaban en la 2 o en la 5, sino en canales de cable) que seguí de pequeño, y sin duda, uno de mis favoritos. Y sí, también era bastante melodramático (aunque le faltaba salseo amoroso, para mi humilde opinión).

Power Rangers.— Los originales. Sí, eran patéticos, ridículos, y es incomprensible que estuvieran aterrorizados por una tipa llamada Rita Repulsa (ahí es nada), ¡pero es que eran los Power Rangers! Y sorrynotsorry, mi favorita era Kimberly, la power ranger rosa súper choni que se pasaba el día mascando chicle y siendo sassy.

Gárgolas.— Posiblemente, una de las series de dibujos animados más madura de la época. Recuerdo que las cadenas la maltrataron mucho y me costó sangre, sudor y lágrimas llegar a terminarla, pero mereció la pena.

Sabrina, cosas de brujas.— También era un poco patética, pero ahí residía su encanto. Hoy nadie entiende por qué las amigas de Sabrina cambiaban de raza y desaparecían de un capítulo a otro o cómo era posible que Harvey fuera considerado un guaperas, pero en su momento nos lo tragábamos todo, y bien a gusto que nos quedábamos (yo llegué a verla ir a la universidad, incluso).


Ahora, habladme de vuestras infancias. No sé si por época coincidiré con todos, pero estoy seguro de que más de una de estas series también os tocó vivirla.

El último deseo (Geralt de Rivia #1), de Andrzej Sapkowski


Altero el orden de reseñas (porque yo lo valgo), y hoy aparezco entre la bruma para hablaros del último libro que he (re)leído, terminado hace solo tres días. Se trata de El último deseo, primer volumen de la saga de fantasía Geralt de Rivia. La semana pasada ya os adelanté que sería mi próxima lectura, porque ya había leído las dos primeras entregas hace unos años y este 2015 me había propuesto terminarla por fin.

Para empezar, y para los que no estéis familiarizados con esta saga, quiero daros unos pequeños apuntes básicos. Es una saga de lo que en fantasía se llama novelas de espada y brujería, que, a diferencia de otras tipo Martin o Abercrombie, no se centran tanto en hablar de acontecimientos a nivel global o del devenir de toda una sociedad, como de las aventuras de un único personaje, a menudo un tipo bastante oscuro, que en su camino se cruza con todo tipo de criaturas y enfrenta grandes peligros. En concreto, aquí seguimos los pasos del brujo Geralt de Rivia, que vive de cazar monstruos.

La saga se compone de siete libros (el último, en español, se dividió en dos volúmenes, así que serían ocho en total) Ahora bien, este primer libro y el segundo tienen la particularidad de que son recopilaciones de relatos protagonizados por Geralt. Es decir, aventuras sueltas que nos sirven para ir conociéndolo a él y a algunos de los otros personajes que lo acompañarán. Es a partir del tercer libro cuando comienza la saga como tal, con su argumento global que continúa de un libro a otro.

La impresión que me ha dejado la relectura es la misma que tuve en su primer momento: decepción; con el matiz de que, como también leí el segundo hace años, sé que esa decepción empezará evaporarse a partir de ese momento, y confío en que desaparezca por completo una vez comience con la saga propiamente dicha. La decepción en su momento se debió a que, a pesar de que la calidad de cada uno de los relatos es indiscutible y que el personaje principal me resultó muy atractivo desde la primera página, me pasaron factura la falta de unidad y el aparente aire de improvisación («y ahora... ¡bah! Ahora contaremos cómo conoció Geralt a Yennefer, mismamente»).

No soy un buen lector de relatos cortos, y especialmente, no soy un buen lector de relatos cortos cuando lo que espero es otra cosa. En su momento me acerqué la saga sin saber qué peculiaridad tenían las dos primeras entregas, y al empezar a leer me sentí bastante confuso, preguntándome si toda la saga iba a ser una aventura suelta detrás de otra... Por eso he hecho tanto hincapié en ello. Si os acercáis a la saga sabiendo esto, creo que no tendría que ser un problema.

Como pasa siempre con las compilaciones de relatos, algunos son muy buenos y además aportan mucho a la caracterización del personaje y a la futura historia que se va a relatar (el que da título al libro, con la primera aparición de la gran Yennefer), mientras que otros cojean y se nota que no son más que aventuras banales, sin ninguna trascendencia en el personaje de Geralt o en la trama general. Esa es, en realidad, la única pega que le puedo poner a El último deseo: su formato. Y eso es, a su manera, un gran elogio.

Por lo demás, la novela es excelente. Parte de las reglas de la fantasía más tradicional e introduce sutiles modernizaciones, tanto a través del lenguaje, con el argot casi actual que utilizan algunos personajes en determinadas situaciones, y del juego con las leyendas más tópicas del género (lámpara con genios dentro, maldiciones que solo el amor puede deshacer...), a las cuales les da la vuelta. Todo ello de la mano de un personaje principal, Geralt de Rivia, que sin dejar de ser todo él un cliché de la espada y la brujería, se vuelve más y más complejo y atractivo a cada pincelada de su historia que nos da Sapkowski. Y los secundarios, Yennefer a la cabeza, también ayudan.

Emoción, ritmo trepidante (cada relato es una aventura en sí mismo, con lo que no hay descanso), personajes muy vivos, tramas bien llevadas, dosis de humor muy bien empleadas... Todo eso de por sí ya sería suficiente, pero a esto se le suma la que para mí es la mayor virtud de esta novela: la prosa de Sapkowski. Es... No sabría describirla del todo bien; es como estar leyendo un libro verdaderamente medieval (es decir, no ambientado, sino escrito en la Edad Media), pero al mismo tiempo resulta moderno, cercano, se entiende a la perfección... Si lo habéis leído, sabréis lo que quiero decir. Ya sabéis que soy gran defensor de Martin como escritor en lo que a fantasía se refiere, pero a nivel de prosa, creo que todos, todos (sí, Rothfuss también), están a años luz de cómo escribe Sapkowski. Y a eso contribuye una traducción excelente. Es un lujo poder alabar la labor de un traductor ahora que se destrozan tantos libros con traducciones chapuceras (ja, ¿algún lector de novela juvenil por aquí?).

Probablemente esta haya sido la reseña más incoherente y confusa posible: tres estrellas (y justitas), la palabra decepción en negrita y, en realidad, ha habido trozos del libro que me han aburrido mucho y se me han hecho pesados... Y aun así, no podría recomendaroslo más. Creo, como os dije antes, que mi único problema con esta lectura es el formato, y que esto comienza a solucionarse a partir del segundo libro. Así que, incluso si este se os hace un poco cuesta arriba como a mí, es un mal necesario. A veces hay que pasarlo un poco mal con los inicios de saga para disfrutar de algo grande, y habiendo leído solo los dos primeros, yo tengo muchas esperanzas puestas en que esta sea de las grandes.


La prosa de primer nivel de Sapkowski, el carisma de sus personajes y diálogos y las vueltas de tuerca que se dan a los tópicos de la fantasía tradicional salvan los muebles en esta primera entrega de la saga que, debido a su formato, resulta una lectura un tanto dispersa y falta de unidad, con la irregularidad que conlleva el tratarse de una recopilación de relatos sueltos. Aun así, toda la materia prima está ahí, y parece que con los siguientes volúmenes ganará muchos enteros.

★★★


PD: La imagen con que abro la entrada es un fanmade, aunque no lo parezca, así que que nadie se venga muy arriba con el asunto.

FICHA DEL LIBRO:

El último deseo (Geralt de Rivia #1)
de Andrzej Sapkowski

ISBN: 9788498890259
Editorial: Alamut
256 págs.
Precio: 18 € 

Geralt de Rivia, brujo y mutante sobrehumano, se gana la vida como cazador de monstruos en una tierra de magia y maravilla: con sus dos espadas al hombro —la de acero para hombres, y la de plata para bestias— da cuenta de estriges, manticoras, grifos, vampiros, quimeras y lobisomes, pero sólo cuando amenazan la paz. Irónico, cínico, descreído y siempre errante, sus pasos lo llevan de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios, hallando las más de las veces que los auténticos monstruos se esconden bajo rostros humanos. En su camino sorteará intrigas, elegirá el mal menor, debatirá cuestiones de precio, hollará el confín del mundo y realizará su último deseo: así comienzan las aventuras del brujo Geralt de Rivia. Andrzej Sapkowski es el gran renovador de la literatura fantástica de nuestros tiempos, un genio del lenguaje y la caracterización cuya prosa ya ha hechizado a millones de lectores en todo el mundo.

Cinco películas en cincuenta palabras #2

Estas últimas semanas el blog ha estado muy centrado en la literatura, en parte porque yo también lo he estado este mes pasado, pero creo que ya va siendo hora de traer algo de cine a estos lares. Esta sección os la presenté hace ya bastantes semanas, y me gustó mucho, porque creo que estas críticas tan breves son una buena manera de compensar las chapas que os doy a veces en las reseñas y las entradas de reflexión.

Así que, sin más dilación, os dejo con cinco críticas de cine en menos de cincuenta palabras cada una.








Love, Rosie

Típica película de tarde de domingo, sosilla y previsible. Lo único a destacar es el encanto natural de Lily Collins, y aun así, sigue sin ser gran cosa. Si después de ver una película completa, te aporta lo mismo que el tráiler, algo falla. #Indiferencia



The Gambler ('El jugador')

Un thriller desquiciado y barroco con unos secundarios de esos que quitan el sentido y algunas escenas memorables. A ratos difícil de seguir, a ratos demasiado estridente, pero siempre con un ritmo trepidante. Entretiene, y tiene algunos destellos de trascendencia nada gratuitos. #MamáLange



Song one

Anne Hathaway se pasa al musical indie sin pena ni gloria. Es lo mejor de una película que a navega entre lo soso y lo ñoño sin ser capaz de encontrar el punto intermedio. Las canciones no están mal. #Sedejaver



Fifty shades of Grey ('Cincuenta sombras de Grey')

La película que todos esperábamos como agua de mayo (para poder criticarla). A nivel argumental, un despropósito de principio a fin: provoca risa cuando quiere ser seria e indignación cuando intenta ser una comedia romántica. Buena factura técnica y fotografía, pero cualquiera les presta atención en medio de tanta estupidez. #Erotismodemercadillo




Kelly + Victor

El cine indie de los últimos años nos ha demostrado que se pueden hacer películas lentas, reflexivas y sin grandes giros argumentales que resulten entretenidas y disfrutables para el público. Pues bien, esta no. Aburrida hasta decir basta; intenta ser trascendente, pero el espectador se duerme por el camino. #Desequilibrada+Tontaina

Grandes esperanzas, de Charles Dickens


Ya sabéis que este último mes he participado en la lectura conjunta de Grandes esperanzas que organizaba Sileny. Y si no lo sabíais, pues tampoco pasa nada, os estáis enterando ahora. La cuestión es que, no menos de dos años después de haber comprado el libro, por fin he tenido la excusa perfecta para dejar de procrastinar.

De modo que... ¡me he desvirgado con Dickens! Y aunque en este mundo en que vivimos probablemente sea más noticioso decir que uno se ha desvirgado con Brad Pitt, pues mira, yo estoy la mar de contento con mi Charlie Dickens; y eso que el libro ni siquiera se puede decir que haya pasado de gustarme, así, a secas y a media voz.

Efectivamente, y por resumir un poco, Grandes esperanzas me ha dejado frío. Tanto, que he estado retrasando la redacción de esta reseña a la espera de un momento de inspiración; porque realmente no sé qué deciros. Es Dickens que, como os podréis imaginar, es un señor que escribe jodidamente bien (sí, jodidamente es la palabra; vivimos en un mundo donde se dice que Pérez-Reverte escribe «muy bien», así que me veo obligado a buscar nuevas formas de expresar cómo escriben los que de verdad saben escribir). Sin embargo, una prosa no lo es todo, especialmente no si tu novela son 600 páginas; hace falta algo más.

¿He encontrado en Grandes esperanzas ese «algo más»? A ratos. Por eso digo que me ha dejado frío.

Para poneros brevemente en contexto: la novela trata sobre Pip un huérfano de orígenes humildes que, por azares de la vida, hereda una gran fortuna y tiene la oportunidad de convertirse en caballero y así, quizá, conquistar a la chica de la que lleva enamorado desde que era un crío (todo muy dickensiano, como veis). El libro sigue a Pip desde su infancia hasta su entrada en la madurez, y nos va contando el desarrollo de esas «grandes esperanzas» suyas.

El primer centenar de páginas, que se corresponde con la infancia de Pip y su época de vida humilde, lo devoré; me tuvo completamente enganchado. Las últimas 100 páginas, también me atraparon. Sin embargo, fueron las 300-400 de entremedias las que me ralentizaron la lectura. No puedo decir que no me gustara la historia, pero lo cierto es que mi interés iba y venía constantemente según la escena concreta, y al final tanta montaña rusa terminó por cansarme un poco.

Creo que mi problema principal es Pip. Una de mis manías de lector es que los personajes son lo primero: si tu libro tiene personajes poco atrayentes, a mí me has perdido. La trama, la prosa... todo eso es secundario para mí. También por esa razón, me suelen gustar las novelas con muchos personajes, cuantos más mejor, especialmente si son largas. No concibo 600 páginas dedicadas por entero a un único personaje salvo que este sea muy bueno. Y aunque Pip es complejo y, sobre todo, realista (oh, qué gusto da ver esos arrebatos egoístas y esas meteduras de pata que todos podríamos haber cometido en su lugar), tiene el hándicap de ser un tipo aburrido. Así de sencillo: el protagonista es un coñazo. No es una cuestión de que como personaje sea plano o le falte trabajo de caracterización, sino, simplemente, que Pip es una de esas personas aburridas y más sosas que un potaje de nabos que todos nos encontramos a veces por la vida.

Y con esto, os descubro una más de mis manías lectoras: la gente aburrida me desquicia. Puedo disfrutar del libro con los personajes más repulsivos de la historia; de hecho, soy de los que defiende a los personajes más despreciables (cuando están bien construidos) y se lo pasa en grande viéndolos autodestruirse (para muestra, algunas de mis chicas favoritas). Sin embargo, hay una cosa, solo un pequeño detalle, que me arruina a un personaje, por muy bien construido que esté, y es que sea soso.

De modo que me atrevería a decir que mi único problema con esta novela es que su protagonista no me despertaba ningún interés. Lamentablemente, en una novela de 600 páginas que se dedica a narrar el crecimiento y desarrollo de dicho personaje, este es un obstáculo considerable. Tanto es así, que a pesar de que David Copperfield está recomendadísima, no creo que vaya a ser mi siguiente lectura de Dickens, porque me da miedo que me vuelva a pasar lo mismo.

Aunque si os digo la verdad, esta pequeña decepción con Grandes esperanzas no ha sido tal, y no ha disminuido en absoluto mis ganas de continuar sumergiéndome en la obra de este autor. Creo que en parte es gracias a Magrat, que es experta en muchas cosas, Dickens entre ellas, y en la entrada que os enlazo decía precisamente que este era uno de los libros que menos le había gustado del autor. Y como en temas de época me fío de esta muchacha como de nadie, rebajé las expectativas y fui preparado para una lectura a medio gas.

En fin, que ni fu ni fa con esta primera exploración del universo literario de Charles Dickens, pero os seguiré informando, porque esto acaba de empezar.


Las cien primeras páginas son maravillosas y las cien últimas desoladoras; todo lo que hay entremedias se vuelve tedioso a ratos, y solo los puntos de intriga y algunos personajes secundarios brillantes consiguen salvarlo. Excelente caracterización de los personajes, especialmente del protagonista, adorable en un capítulo y despreciable en el siguiente, pero quizá falta una nota de carisma en él que ayude a sobrellevar la densa parte media de la novela. En líneas generales, un libro bastante irregular.

★★★


FICHA DEL LIBRO:

Grandes esperanzas
de Charles Dickens

ISBN: 9788484285618
Editorial: Alba (Minus)
528 págs.
Precio: 11,40 € 

Pip, un niño huérfano y medroso, tiene un terrorífico encuentro con un preso evadido al que se ve obligado a procurar víveres y una lima. Poco después, es llamado a la tenebrosa mansión de una rica y recluida dama como compañero de juegos de una niña seca, hermosa y altiva; allí, el huérfano aprende, por primera vez, que sus manos son bastas y sus botas demasiado gruesas. Poco después, entra en posesión de una misteriosa fortuna que pone en sus manos un benefactor secreto que desea hacer de él un caballero.

Top ten tuesday: lo que leeré esta primavera

Idea original de The Broke and the Bookish


El tema de esta semana os va a encantar, estoy convencido. Como sois mala gente, vais a disfrutar de lo lindo con esta lista de libros que me he propuesto leer durante la primavera y del que seguramente no cumpla con más de uno o dos.

Entremos ya mismo en materia, que son unos cuantos (sí, como diría Paramore, for a pessimist I'm pretty optimistic).


El último deseo y La espada del destino, de Andrezj Sapkowski. — Empecé la saga de Geralt de Rivia hace unos años y llegué a leer los dos primeros libros de la saga, que en realidad son una especie de recopilación de historias cortas protagonizadas por Geralt (la saga como tal empieza en el tercero). Llevo mucho sin leer fantasía, algo más de un año, y me parece que la mejor forma posible de regresar al género es leer de una santa vez una de sus sagas más emblemáticas, y me he propuesto completarla a lo largo de este año. Para empezar, esta primavera voy a intentar releer los dos que ya tenía leídos, porque no me acuerdo absolutamente de nada.

Boy meets boy, de David Levithan. — Un juvenil ligerillo en inglés, que ya sabéis que de vez en cuando me gusta meter uno entremedias de lecturas más densas. Con el último de este tipo no me fue bien (os lo conté en esta entrada), pero tengo fe en Levithan, que además es un autor de juvenil que tengo muchas ganas de probar.

El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy. — Pongo esta, pero en realidad podría poner cualquiera de Thomas Hardy. El caso es que esta primavera tengo intención de empezar a leer su obra. Uno de mis propósitos de este año era comenzar por fin a leer a algunos autores que llevan en mi lista muchos años, y de momento estoy cumpliendo: Willa Cather, Charles Dickens, Edith Wharton... Además, este señor comparte nombre con este otro Tom Hardy, lo cual es un dato totalmente random, pero a mí me da buenas vibraciones.

Las uvas de la ira, de John Steinbeck. — ¿Qué sería de una lista de este blog sin Steinbeck en ella? He querido dejar pasar un tiempo prudencial antes de leer otra novela suya, porque después de setecientas páginas seguidas de un mismo autor, siempre es fácil empacharse, y no quería estropearme un libro de John Steinbeck solo por eso. Creo que tres meses son tiempo más que de sobra, y tengo muchas ganas de ver si mi segunda incursión en la obra de este genio literario se acerca al nivel de la primera (si la supera, me tiro de un viaducto haciendo un doble tirabuzón invertido, os lo advierto).


Refugio del viento, de George R.R. Martin y Lisa Tuttle. — Lo dicho, quiero regresar al género de la fantasía, que es uno de mis favoritos y lo tengo abandonadísimo. Y a pesar de que le esté cogiendo un poco de asco por el modo en que se porta con sus lectores permitiendo que una serie de televisión vaya a spoilearles el final de Canción de Hielo y Fuego antes de que puedan leerlo, Martin sigue siendo el niño de mis ojos en lo que a escritores de fantasía se refiere. Este libro lleva en mi estantería un par de años, y creo que va siendo hora de darle salida.

El periodista deportivo, de Richard Ford. — Ya os lo presenté hace un tiempo, cuando me lo compré, y tengo muchas ganas de leerlo. Igual que con Steinbeck, quería dejar pasar un tiempo, porque hace solo unas semanas que leí a Richard Ford por última vez, y además fue una experiencia agridulce (reseña aquí), pero no creo que mi paciencia llegue hasta el verano.

Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. — Yo creo que ya toca una lectura de un autor hispánico para este 2015, y Doña Bárbara es uno de los mayores hitos de la literatura hispanoamericana y uno de esos libros que llevo años queriendo leer. Por cierto, nada que ver con la telenovela del mismo título. O sí, en realidad, pero ya sabéis que hacen telenovelas de cualquier cosa; el libro en realidad es serio y un clásico hispanoamericano.


Y hasta aquí. Lo dejo en ocho (como podéis ver, la palabra ten de top ten tuesday cada vez está más vacía de significado en este blog), porque tampoco me voy a pasar de optimista. Aparte de que hay un par de buenos tochos en la lista, y como siga añadiendo más os vais a reír de mí.

Ahora contadme un poco vosotros qué os depara la primavera.

Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples


El otro día os traje una cita del cómic (¿novela gráfica? soy nuevo en el género y no me manejo con la terminología) Saga, hoy vengo con la reseña del primer volumen.

No creo que os sorprenda demasiado si os confieso que no soy lector habitual de este género. De hecho, diría que este es el primer cómic que leo, sin contar mi infancia, que alguno me imagino que sí que cayó, aunque no lo recuerdo con claridad. ¿Cómo he llegado hasta Saga, entonces? Puro boca a boca, tanto en la blogosfera, como fuera de ella. Después de que unas cuantas personas con cuyas opiniones suelo coincidir comentaran que estaban locos con este cómic (y para algunos, como yo, era de las primeras experiencias en el género), se despertó en mí una curiosidad malsana; tanta, que este título llevaba almacenado en mi mente unos cinco o seis meses, a la espera de que finalmente se me aflojara la cartera y me fuera a casa con él.

No podría estar más encantado conmigo mismo por haberme atrevido, porque Saga, con guion de Brian K. Vaughan y dibujo de Fiona Staples, no podría ser más maravilloso.

Una historia bélica de ciencia ficción no parece, en principio, gran cosa. Quizá si os digo que el universo que crean los autores es de una originalidad refrescante tal vez gane algunos puntos: una realeza robot (básicamente, gente con cabeza en forma de televisor), mujeres-araña mercenarias, tipos con alas en guerra perpetua contra tipos con cuernos, felinos que detectan cuando alguien está mintiendo... Y aun así, podría parecer que es una historia más.

No lo es. Por lo menos, a mí no me lo parece. Detrás de este planteamiento inicial tan clásico se esconde una complejidad emocional que apenas empieza a entreverse en este primer capítulo, pero que promete mucho para el futuro. No es una historia sobre una guerra, es una historia sobre las víctimas de una guerra. O de la guerra en general, como concepto. Dos desertores de bandos enemigos que tratan de huir de ella y buscar un lugar pacífico donde criar a su hija recién nacida y formar una familia.

Los dramas familiares me encantan, y si, como en este caso, se les añaden tintes épicos y antibelicistas, ya me tienen atrapado para siempre. Y es que, como Vaughan, yo soy firme creyente en que no hay epopeyas más grandes en la ficción que las que tratan acerca de familias intentando salir adelante.

En resumidas cuentas: si os gusta la ciencia ficción, los mundos rematadamente originales, la acción trepidante y las historias que huyen del maniqueísmo de buenos contra malos y se mueven más en el espectro de lo gris que en el blanco y negro, os recomiendo que le deis una oportunidad a Saga. Es posible que, como a mí, os enamore un poco.


Saga es una experiencia gráfica única que aúna uno de los universos de ciencia ficción más ricos y originales con una historia en apariencia tan ordinaria como la de una pareja que intenta formar una familia. Lo común y lo épico se dan la mano para crear una epopeya de lo cotidiano cargada de emociones y dilemas morales en mitad de una guerra de la que todos son víctimas a partes iguales.

★★★★


FICHA DEL CÓMIC:

Saga. Capítulo uno
de Brian K. Vaughan y Fiona Staples

ISBN: 9788468478876
Editorial: Planeta DeAgostini
176 págs.
Precio: 16,10 € 

Familia. Implica amor, rencor, amistad, rencillas, confianza o traición. Sea cual sea el sentimiento que aflore en toda familia, nadie puede hablar mal de la tuya. Y una cosa queda clara: la lucha por formar una familia no se puede comparar a nada que se haya visto antes, por muchos obstáculos que se pongan en el camino. Aunque uno de esos obstáculos sea una guerra galáctica sin fin en uno de los mundos más ricos que la ciencia ficción ha provisto. 

En Saga seguimos la historia de Alana y Marko, una pareja que encuentra el amor entre el caos de la guerra y forma una familia con el nacimiento de su hija. Su objetivo: dejar todo atrás, arriesgando todo lo que tienen en su vida para traer una nueva a este peligroso y antiguo universo. Así empieza una de las odiseas más memorables del noveno arte.

Cain #6

Todas las historias tristes comienzan en algún momento, todo villano tiene un origen; y lamentablemente, todo corazón se hace pedazos tarde o temprano.

Estas eran las leyes que Cain conocía sobre esa quimera llamada vida.

No hacía tanto, menos de cuatro años, había sido una persona distinta, un crío cuya mayor preocupación era no encontrar pareja para el baile de graduación. Hijo de lo que se conoce como una «buena familia»: con dinero, creacionistas (aunque esto se lo podría haber perdonado), comedidos, poco dados a las muestras de afecto…

Tenía un hermano mayor: Adam. Y uno menor: Abel.

Por aquel entonces, también una hermanita de siete años: la dulce Eve. Pero la vida, ni es justa, ni tiene medida; golpea por igual a inocentes y pecadores.

Eve se fue para siempre un diecinueve de abril. Su madre sufrió una crisis nerviosa y tuvieron que ingresarla.

El día del funeral, medicada y trémula como una vela a punto de apagarse, se abrazó a Adam y Abel y les dijo que su hermana estaba en un lugar mejor, en el Cielo.

Cain no creía en el Cielo. Ni en los lugares mejores. Alzó la voz por encima de la del párroco que en ese momento entonaba una oración ridícula y gritó que Dios podía comerle la polla si no era capaz de traer a su hermanita de vuelta.

Su madre lo abofeteó por segunda vez. La primera había sido en el hospital, el diecinueve de abril.

Como tantos otros chicos, a los diecisiete años Cain estaba experimentado con la marihuana. Empezó como una diversión ocasional, pero en aquella primavera, a veces se pasaba días enteros colocado, porque era la única fórmula que conocía para volar e irse lejos de allí.

Tendría que haber estado despejado, más atento, con los sentidos alerta. Entonces habría sido capaz de reaccionar más deprisa, dar un volantazo más rápido, esquivar el coche que se había saltado el stop.

Abel se metía en su cama por las noches, como cuando eran niños, lo abrazaba y le susurraba: «no es culpa tuya, Cainie». Luego le acariciaba el pelo y le cantaba I’ll stand by you hasta que dejaba de llorar y se quedaba dormido. Por las mañanas, su madre lo devolvía al mundo real con sus miradas henchidas de rencor.

Transcurrió algún tiempo así, hasta que, un buen día, no pudo soportar más el crujido que hacía todo su cuerpo cuando caminaba, como si estuviera roto por dentro, y se dijo que si se marchaba de allí, a un lugar con mucho ruido, tal vez dejara de escuchar ese crujido.

Metió todos sus cómics del Capitán América en una mochila y se escapó al anochecer.

Echó un último vistazo desde la calle y vio a Abel mirándolo al otro lado de la ventana de su cuarto.

Le hizo un gesto con la mano.

Pero ningún gesto podía expresar todo lo que quería decir: «adiós», «lo siento», «tengo miedo», «todavía duele», «me quiero morir», «la echo de menos», «no lo entiendo», «ayúdame», «te quiero», «sé feliz», «ven conmigo», «adiós».

Después de todo, no era más que un gesto con la mano.

Cincuenta hostias de Grey


No iba a hacer esta entrada, os juro que no. Le he dado muchas vueltas desde que vi la película la semana pasada en un arrebato de curiosidad morbosa, porque no me gusta hacer leña del árbol caído e ir a por la presa fácil, pero al final me ha podido el ardor de estómago.

Vayamos por partes: no he leído la trilogía (no tenía intención antes, y ahora menos), pero admito haberla criticado en base a las cosas que me habían contado, así que al encontrarme la película pululando por Internet, pensé que podía perder dos horas de mi vida echándole un ojo para luego tener material para destriparla cual tertuliano de cadena autonómica con mis amigos.

Y ahora tengo un problema con el asunto. Un dilema, por usar la palabra apropiada. No soporto la censura, ni las mentes cuadriculadas, ni las lecturas unívocas de los libros; me saca de quicio que la gente diga que tal libro o tal película es una basura solo porque su protagonista es un psicópata, un mal ejemplo para la sociedad, porque habla de matar a Obama o lo que sea. Siempre he defendido que a mí en la ficción me vale todo, y que si está bien contado, el libro con los personajes y acciones más repugnantes del mundo puede convertirse en uno de mis favoritos (ahí tenéis mi adorado Cumbres borrascosas).

Entonces, me siento hipócrita si digo que me horroriza el modelo de mujer, de hombre, de relación de pareja, y de todo en general, que propone Cincuenta sombras de Grey. Porque el de Brontë es igual de terrible o peor, y no le pongo pegas. ¿Quizá es que siento que Brontë no está tratando de vender su historia como buena, mala o regular, simplemente la cuenta, mientras que la de E. L. James sí que da la impresión de querer ser «un ejemplo».

No lo sé, no lo sé. Me pasó exactamente lo mismo en su día con Crepúsculo (especialmente a partir de la segunda parte, donde aquello ya se fue de las manos): no me sentía con derecho a criticar el libro solo porque hubiera una relación tóxica entre adolescentes (o adolescente y vampiro centenario, whatever), pero no podía evitar sentir que alguien intentaba meterme en mi cabecita de diecisiete años que aquello era lo que tendría que ver como sano. Y nanai. Se lo comentaba precisamente a Alba en su blog el otro día: si Cincuenta sombras de verdad empezó como un fanfic de Crepúsculo, es cojonudo como fanfic, porque la esencia de los dos personajes protagonistas y su relación es idéntica al original.

En definitiva, todo este rollo que os estoy soltando, viene por lo siguiente: tengo amigas (y hasta aquí la noticia, ja). No, en serio, tengo amigas que han leído la saga e idolatran al tal Christian Grey. Tengo incluso una amiga (equilibrada psicológicamente) con un novio estupendo que se pasa la vida suspirando por Grey y diciendo que quién estuviera con un hombre como él. Y me consta que no es la única... Y eso me da miedo. ¿Solo a mí me da miedo?

Si lo que he visto en la película se parece un mínimo a la realidad, el tío te dice cómo debes vestir, qué debes comer, beber... Te obliga por contrato a tomar la píldora, porque, en caso de embarazo, la responsabilidad es de la mujer, claro; un hombre ahí no tiene ninguna responsabilidad, y no se va a poner un preservativo, faltaría más. Cuando has bebido un par de cervezas, estás un poco achispada (nada excesivo) y le haces la típica llamada de las tres de la mañana de «te odio pero me encantas», el tío actúa como si fuera inconcebible que estés achispada (por ser mujer; si fueras hombre, no habría problema), rastrea la señal de tu móvil y se planta en la discoteca a rescatarte. Cuando, ya siendo pareja y estando tú de visita en casa de tu madre en otro estado, discutes con él y decides no cogerle el teléfono más esa noche, él vuelve a rastrearte y se planta en la cafetería donde estás desayunando con tu madre a rondarte como un psicópata...

Y el problema, lo grave, lo que a ti te preocupa es, por supuesto, que quiera practicar sexo anal. A eso sí que te niegas en redondo. Bueno, y lo del sadomasoquismo te mosquea también un poco, a pesar de que, más o menos raruno, es lo que al chaval le gusta hacer en la cama y te lo ha advertido desde el principio.

No, no, de verdad que no. Es pensar en ello y se me revuelve el estómago. Y como digo, no tendría por qué, porque es ficción, y no es la primera relación enfermiza que leo/veo, pero... me supera. A lo mejor es eso, que tengo una amiga que sueña con tener un Christian Grey en su vida, o que veo a chicas de 16 años diciendo lo mismo en los reportajes de la televisión. Y yo pienso (soy muy mal pensado, sí, qué le vamos a hacer): si el hombre en vez de ser rico, llevar traje y tener la cara y el cuerpo de Jamie Dornan (o Matt Bomer, o quien sea vuestro Grey imaginario), tuviera dos euros en la cuenta corriente y el físico de Jack Black... ¿Gustaría? ¿O todos pensaríamos que es un psicópata repulsivo a la primera que te rastreara o se colara en tu casa?

Que lo del chico malo es un tópico estupendo, y yo lo apoyo mucho, ¡viva el chico malo que en realidad es un blando! Pero que sea malo de no hacer los deberes, de responder con chulería a la gente o hasta de tener el puño fácil cuando alguien se mete con él, si me apuras; no chico malo de atarte a la pata de la cama y decirte cómo debes ser y actuar.

Y ahora, después de esta larga y tonta reflexión (últimamente estoy publicando muchas, ya vais a tener que disculparme; pero cuando me salen, me salen), os vais a quedar muertos si os digo que lo he resumido todo en una complejísima infografía digna de Anna Allen en sus mejores tiempos de Photoshop.

Reseñas imposibles para libros abandonados

Me imagino que esto es como las parejas: es relativamente fácil romper con alguien que se ha portado mal contigo (al menos tienes algo a lo que agarrarte), pero ¿cómo terminar una relación con una persona maravillosa solo porque sientes que es lo que toca? Seré un romántico empedernido o algo (NO), pero me pasa lo mismo con los buenos libros: nunca sé cómo abandonarlos.

El caso es que a veces pasa, seguro que lo habéis experimentado: estáis leyendo un buen libro, o por lo menos uno que no es malo, que es mejor que muchos otros que habéis leído de cabo a rabo, pero que por lo que sea, no os anima a seguir leyendo. Recientemente me ha pasado con dos novelas, una en la que llevaba atrapado en la página 150 dos meses y otra con la que solo lo había intentado una semana.

He decidido abandonarlas, pero como no son novelas espantosas, ni mucho menos, creo que lo justo es dedicarles unas líneas de despedida.


EL NOVIO PERFECTO:

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss.
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Lo tiene todo: buen chasis, buen contenido, a todo el mundo le gusta, tus amigos no solo lo aprueban, sino que te animan encarecidamente a que le des una oportunidad... Es perfecto. Y aburrido. Por alguna razón que no sabrías explicar muy bien (y que, desde luego, nadie de tu círculo comprendería), te aburre; no es que te aburra su perfección, aunque un poco también, sino que, en general, no es tu tipo. Es el tipo de todos los demás, y quizá es por eso por que lo has intentado con él a sabiendas de que no teníais futuro.

EL CHICO DEL INSTITUTO:

Bunheads, de Sophie Flack. [en inglés]
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Es fresco, ágil, lleno de energía y, para tu sorpresa, bastante más maduro que los demás libros de su edad. No es aburrido, aunque tampoco te apasiona. Indiferencia es la palabra. Podrías seguir adelante y llegar a buen puerto con él sin demasiado esfuerzo, dedicándole un ratito a diario. Luego piensas que hay otros mejores esperándote ahí fuera, y te impacienta la idea de perder valiosos minutos con uno que no te hace ni fu ni fa, y te dices que no tiene sentido empeñarte en seguir adelante con algo solo porque « no está mal». Quizá en otra época, si te hubiera pillado más joven e ingenuo...


¿Vosotros qué me contáis? ¿Algún idilio que no pudo ser en las últimas semanas? Y antes de que me lo digáis: sí, ya sé que con lo de El nombre del viento me estoy poniendo el mundo por montera y caminando en línea recta al infierno, pero... ¿No os había dicho ya alguna vez que me encanta llevar la contraria? Pues algo de eso me habrá pasado con este libro, no tengo ninguna duda. Eso, y que siento un profundo odio por los personajes perfectos.

Por cierto, no vayáis a sufrir por mi corazón después de estas rupturas, eh, que ahora mismo me estoy consolando con Bernhard Schlink y la novela gráfica de Brian K. Vaughan, y con ambas me está yendo bastante bien. Ya os iré informando.

Un corazón roto

Desde el día en que nací me persiguieron los hombres.
Todos intentaron hacerme daño, pero solo uno logró romperme el corazón.
— BRIAN K. VAUGHAN
Saga. Capítulo uno.

Cuando la publicidad te da mala prensa


¿Hay algún estudiante de Marketing en la sala? No un servidor, desde luego, así que tal vez me salte todas las teorías del marketing habidas y por haber en esta entrada, pero voy a jugármela a decir algo utilizando solamente ese don súper maravilloso que tenemos los seres humanos (a veces), el sentido común. Y lo que quiero decir es lo siguiente: hay un límite, una línea muy fina en la arena, que separa la buena publicidad de la mala publicidad.

Y no, la buena publicidad no es la que consigue meterte en la cabeza la frase más absurda («pasa de un pelo lasio a un pelaso»); en mi opinión, la buena publicidad es la que no te da la impresión de querer venderte nada. Si me apuras, aquella de la que uno ni siquiera es consciente.

La explicación es tan simple como la propia teoría. De nuevo, ¿algún experto en Psicología por aquí? Si digo alguna tontería, disculpadme: de nuevo estoy tirando de sentido común. Pero ¿os acordáis de cuando estabais en la edad el pavo (igual alguno seguimos en ella) y cada vez que os prohibían una cosa, la hacíais con el doble de ganas? Pues a la inversa también funciona: cuanto más le dicen a uno que haga algo, que es maravilloso y que le va a cambiar la vida, más se le pasan las ganas de hacerlo.

Hay personas más y menos sensibles a esto, claro, como pasa con todo en esta vida. Yo, por ejemplo, soy de esos petardos que adora llevar la contraria, y si dos amigos me dicen que tengo que ver tal película porque es genial, pues voy corriendo al cine a verla; pero como en vez de dos amigos, se lo escuche decir a, por ejemplo, una clase de veinticinco o treinta personas, seguro que pospongo la cosa. ¿Por qué? ¿Soy tan raro? No creo. Como decía al empezar la entrada, hay una línea finísima entre hacer publicidad de algo y dar la vara.

Eso es el spam, después de todo: dar la vara. No creo que a nadie le moleste recibir un correo de una marca haciendo publicidad de algo (incluso aunque sea publicidad que no hemos solicitado), pero la cosa empieza a ser un poco pesada cuando esos correos, en vez de llegar una vez al mes, llegan cada pocos días; o cuando te envían el mismo varias veces...

Esto se aplica también a nosotros, los blogueros. Yo os doy mucho la vara con algún libro (seguro que ya sabéis de cuál estoy hablando), pero somos solo yo y, como mucho, otros dos o tres blogueros aislados. Pero ahora imaginaos que aparte de mis múltiples entradas diciendo que Al este del Edén es lo mejor que he leído en mucho tiempo, os encontrarais una en cada uno de los blogs que visitáis. Eso sería cruzar la línea, eso haría que la novela pasara de estar recibiendo buena publicidad, recomendaciones, a llenarse de mala prensa. Pasaría a ser «ese libro con el que todo el mundo da la vara; fijo que les paga la editorial o algo».

Todo esto no pretende ser una crítica a los blogueros (¡faltaría más! Aquí cada uno recomienda lo que le sale de los bajos), sino un consejo para las marcas. Entiéndase, en este caso, editoriales. O poniendo ejemplos: señores de Plataforma Neo, aquí tienen a un potencial lector de novela juvenil, que además desde niño siente fascinación por Islandia, que ya no va a comprar Heima es hogar en islandés, de Laia Soler.

¿Mis motivos? Básicamente, que a lo largo de esta semana pasada me he encontrado con, como mínimo, quince reseñas de la novela (todas, o el noventa por ciento, patrocinadas por la editorial). Soy consciente de que es ridículo, muy propio de la edad del pavo, dejar de leer un libro por eso; pero no puedo luchar contra lo que siento: el libro ha dejado de resultarme interesante. Tanta publicidad y tan obvia le ha quitado todo el encanto que pudiera tener. La línea esa de la que os hablaba antes se ha cruzado, por lo menos para mí.

Insisto en que la entrada no trata de ser una crítica a los blogueros que reseñan novedades, ni mucho menos a quienes colaboran con editoriales y marcas (cosa que apoyo totalmente). Más bien se trata de una reflexión, porque quizás muchas veces nos dejemos llevar por el concepto equivocado de que cuanta más gente hable de tal cosa y más maravillas diga acerca de ella públicamente, más éxito va a tener.

Y es que, al margen de su calidad o no calidad, Crepúsculo se convirtió en bestseller varios años antes de que se empezara a rodar la película. Yo estaba todavía en el instituto, la literatura juvenil era un mercado bastante limitado en España y los blogs de literatura eran cuatro. Y sin embargo, el libro se convirtió en un éxito aquí y en el resto del mundo. ¿Cómo? ¿Una campaña muy agresiva de publicidad? Pues quizá, no lo sé; pero al menos a mí, me llegó por recomendación de un amigo, y a este, por otro; y a aquel, porque lo leyó en un artículo aislado en una única revista...

A mí es que me gusta eso de que menos es más, no lo puedo remediar, y a veces me gustaría que se pusiera más en práctica en todos los sectores.

Será que estoy anticuado.

Zombies castizos

Los que llevéis un tiempo aquí, ya sabréis que no soy muy dado a publicitar novedades literarias, básicamente porque hay un trillón de blogs que lo hacen, y porque, además, las editoriales ya tienen su propia maquinaria, así que me parece gastar una entrada a lo tonto. Por eso, y porque no me gusta hacer publicidad, aunque sea solo poner una portada y una sinopsis, de algo que no he leído.

Esta vez me lo voy a saltar, porque se trata de un autor indie (a.k.a. autoeditado, publicado en Amazon, etc.). A la gente que no tiene detrás una maquinaria editorial, yo siempre le daré encantado de la vida toda la publicidad que pueda darle desde este rinconcito, aunque la proyección sea escasa. Lo hago porque todo el mundo se merece una oportunidad, y porque me da la gana.

Hace unos días me escribió Miguel Griot, autor de una saga de temática Z (zombies de toda la vida, vaya), presentándome su obra. Publica en Kindle a través de Amazon, y parece que al muchacho no le está yendo nada mal. Y como ya os digo que me parece maravilloso apoyar a autores indie, os dejo abajo los enlaces a los tres libros que ya ha sacado de esta saga: No pasarán Z.

No lo he leído, así que no puedo dar mi opinión, pero los libros de zombies siempre han sido mi placer culpable, así que intentaré echarle un ojo al primero en un futuro cercano. Bueno, y si alguno lo habéis leído o lo hacéis pronto, venid a contarme qué os ha parecido.



Cain #5

Una vez amó a una chica.

No es gran cosa, nada nuevo bajo el sol, ninguna clase de historia que le pueda resultar extraña a nadie. El caso es que la amó. Y le habría roto el corazón de no ser porque para entonces ya lo había sustituido por una piedra fría.

Sucedió en Los Ángeles, claro. Igual que casi todo lo que quería olvidar.

Se hacía llamar Camille y ni era bonita, ni francesa, como su nombre podría sugerir. Tenía ojos como estrellas lejanas en la galaxia y sus labios siempre sabían a caramelo. Le gustaba bailar música disco, pero en la intimidad de su habitación solo escuchaba baladas sobre desamor.

Se conocieron una noche cualquiera en un club cualquiera. Estaba sola en la barra, enhiesta, la barbilla alzada, y no bebía nada, como si estuviera esperando a que alguien la invitase. Cain estaba pelado en aquellos tiempos, pero era domingo por la noche, el día más triste de la semana, y habría hecho cualquier cosa por un beso sincero. O al menos uno convincente.

La invitó a una copa con el último billete de su cartera y le dijo que le gustaba el lunar que tenía en la mejilla derecha. Ella se la frotó con la manga y dijo que no tenía, que sería una mancha.

Hicieron el amor como animales. No como animales en celo, ávidos y furiosos, sino como animales de zoo: heridos, solitarios, melancólicos… Como si, guiados por un instinto inexplicable, anhelaran una tierra salvaje en la que correr en libertad; una tierra cuya existencia desconocían.

Otra noche, Cain se abrazó a ella en la cama y le susurró al oído: «solo deseamos lo que no tenemos». Ella replicó: «deseamos lo que no sabemos si existe».

Algunas noches al acostarse lloraba en silencio y jamás le explicaba por qué. Nunca hablaba de sus padres, decía que era «de fuera» y discutía consigo misma en una lengua rara cuando creía que él no estaba en casa.

Consiguió sonsacarle su fecha de nacimiento, pero el día en que le organizó una fiesta de cumpleaños, ella le gritó que era un niño iluso y se marchó corriendo. La encontró dos días después sentada en el portal con la ropa empapada. La abrazó y le dijo que lo perdonara, que no volvería a ser un niño iluso nunca más. Ella rio con lágrimas en los ojos, le pasó una mano por el pelo y le confesó que le dolían mucho los huesos, o el alma, no sabía qué; en cualquier caso, algo muy, muy profundo.

A la mañana siguiente, lo despertó con un beso en la nariz y le hizo el amor antes de que pudiera despejarse del todo. Terminaron y se quedó un rato tumbada sobre él, muy quieta. Recordaba que tenía la piel fría y la estrechó más fuerte para darle calor. Cuando se apartó de él, le había dejado el pecho empapado de lágrimas. «Me marcho», anuncio, «es lunes». Los lunes trabajaba en la tienda de discos del hombre del piso de abajo.

El calendario llegó al lunes siguiente y Camille seguía sin aparecer.

Dos lunes después, Cain comprendió al fin el verdadero significado de las palabras me marcho.

Pensó que realmente era un niño iluso por no haberlo entendido desde el principio.

Dejó pagado el alquiler del mes siguiente, para que ella tuviera un sitio en el que dormir si cambiaba de idea y regresaba, y se fue a vivir al otro extremo de la ciudad, donde estaría seguro de no volver a verla si finalmente regresaba.

Mientras se alejaba caminando, pasó por delante de un niño que miraba un panfleto del zoo pegado en un muro. Se detuvo un segundo a observarlo y en su cara se dibujó una sonrisa amarga. Dijo:

—Si de verdad los quieres, déjalos ir.

Agarraos a la silla, que os voy a dar la chapa

Y es que me han nominado al Liebster Award, que ya sabéis que va de responder preguntas. Lo hizo primero Ali desde El baúl de las certezas, y luego me cayó otra nominación desde el genial The color palette. Así que ya sabéis: después de leer esta entrada tan cansina, cuando estéis pensando en despotricar y decirme que me vaya al infierno por pesado, quiero que visitéis sus blogs y descarguéis allí vuestra rabia.

Me encantan estos tags, me encanta cotillearlos, pero nunca sé cuándo hacerlos, porque ya soy bastante pesado de normal como para encima ponerme a responder preguntas. Pero hoy os ha tocado. Eso sí, intentaré ser breve (ja, ja, no. Intentaré es la palabra clave).


Las reglas, para quien no las conozca: Hay que dar las gracias a la gentecilla maravilosa que te ha nominado (la educación es lo primero) y hay que responder a las preguntas que te proponen; luego tienes que nominar a otros 11 blogs con menos de 200 seguidores y proponerles tus preguntas.

Empiezo respondiendo las preguntas de Ali, que fue la primera. Estas son.

1) ¿Cuál es tu libro favorito de tu infancia? 

¡Esta es fácil! Momo, de Michael Ende. De pequeño no leía mucho; de hecho, hasta los 15-16 años leía solamente tres o cuatro libros al año, así que no tengo mucho donde escoger, pero Momo es una joya. También, si consideramos infancia la pubertad, Crónicas de la Dragonlance, de Weis y Hickman.

2) De todos los cuentos tradicionales que hay, ¿cuál te gusta más? 

No soy muy de cuentos, ni de los bonitos ni de los Grimm, pero recuerdo con mucho cariño toda una recopilación de Giambattista Basile, un libro llamado Pentamerón. Muchas de estas historias las adaptaron luego los Grimm, Perrault y compañía (y después Disney).

3) ¿En qué libro te gustaría ser niño? 

Battle royale. No me gusta repetir respuesta, pero creo que Momo de nuevo. Daría lo que fuera por estar en el anfiteatro jugando con ella y sus amigos.

4) ¿Cual es el libro que más veces has leído? 

No soy mucho de releer libros, pero diría que es, o bien Ni de Eva ni de Adán, que es de mis favoritos y tan corto que lo he releído un par de veces, así, en una tarde de nostalgia; o La familia de Pascual Duarte, que es un libro que, casualidades de la vida, me ha tocado un par de veces de lectura obligatoria y alguna otra para hacer un trabajo sobre él.

5) Un libro que hayas leído y no te haya gustado nada.

Los que no me gustan nada no suelo terminarlos, pero estrujándome un poco el cerebro, recuerdo con muchísimo asco El Jarama (no debería estar diciendo esto: mis profesores me van a matar), que solo lo terminé porque tenía que hacer un ensayo sobre él, y no era plan de ponerme a filosofar sin saber cómo terminaba. Y también me despertó bastantes tendencias homicidas uno del cursi de Marc Levy: Las cosas que no nos dijimos (sí, piqué por el título).

6) Un libro que hayas empezado a leer y no has podido terminar. 

Así en general, casi cualquiera de ciencia ficción. Es un género que me encanta en la teoría, pero a la hora de ponerme a leer, casi siempre me aburre. Recuerdo como especialmente soporífero uno nacional: Lágrimas de luz, de Rafael Marín.

7) ¿Con qué personaje de ficción te identificas? 

Justamente lo dije el otro día, respondiendo a un comentario de la entrada de libros favoritos: con la Amélie Nothomb personaje de Ni de Eva ni de Adán (por eso es de mis favoritos). Muchas de las cosas que dice y hace son totalmente... Yo. Otras no, claro; pero en general, no he conectado nunca tanto con la forma de pensar de alguien en un libro.

8) ¿En qué libro te gustaría encontrar un trabajo?

En Cincuenta sombras de... ¡Es broma! ES BROMA. Pero el otro día me bajé vi de forma totalmente legal la película (por curiosidad morbosa, y porque para poder ponerla verde, antes hay que verla), y esto me ha recordado que tengo muchas ganas de hacer un post haciéndole un traje de entierro. Pero igual lo dejo estar, que no me gusta ser (muy) malo.

Respondiendo a la pregunta, creo que en la saga de Anita Blake o alguna fantasía urbana por el estilo. Puestos a tener un trabajo ficticio, que sea uno emocionante.

9) ¿En qué libro te gustaría vivir? 

Se entiende que tiene que ser un libro ambientado en un mundo genial, y el primero que se me viene a la cabeza es el de El castillo ambulante, claro.

10) Un libro que consideras que todo el mundo debería leer.

Jajaja. Esta pregunta... De verdad, no. No me hagáis esto. Porque ya sabéis cuál va a ser mi respuesta (lo sabéis, pensadlo detenidamente sí, ese mismo), y odio ser insistente... Pero, por supuesto, ¡Al este del Edén!


Y ahora, las preguntas de The color palette.

1) Why did you start a blog? (¿Por qué empezaste el blog?)

Me encanta compartir con la gente las cosas que voy leyendo/viendo/pensando, y uno tiene una cantidad limitada de amigos, y si se pone a hablarles de diez películas, cinco libros y siete series en un mes, pues... Así que entre mi necesidad de contar cosas y que me gusta escribir, aquí me tenéis, dandoos la chapa a vosotros.

2) What is the thing you like the most about blogging? (¿Qué es lo que más te gusta de bloguear?)

Principalmente, que puedo escribir lo que me sale de las narices, y eso desahoga mucho. No es que en mi vida cotidiana tenga muchos pelos en la lengua, pero a veces sienta bien poder sentarse delante de un teclado y decir que tal libro tiene un precio abusivo o que tal película es una porquería, o simplemente que hay que ver qué pena da lo que hace la gente por fama.

3) What makes you different as a blogger? (¿Qué te hace diferente como bloguero?)

Esto es un poco complicado; nunca se me ha dado bien venderme. Yo diría que lo que más echo en falta en otros blogueros (no todos, obviamente) y en lo que creo que yo voy bien es en que me la sopla bastante todo. Dicho así, suena muy poco bonito, pero en esencia es eso: siempre tratando de no ofender a nadie, digo lo que quiero, con más o menos acidez, y me quedo tan ancho; no rindo cuentas ni a tal editorial, ni a tal autor, ni a la productora de Fulanito, ni me preocupa que alguien vaya a dejar de seguirme por dar una opinión impopular. Me gustaría ver más blogs así, en los que, siempre sin pasarse, la gente se suelte más y haga más lo que le dé la gana. Veo demasiados blogs clónicos que en la misma semana reseñan la misma novedad de X editorial, y siempre es estupenda.

Lo dicho, hablo en general, ya sabéis, que gracias a Dios hay más de cinco y más de diez blogs llenos de personalidad. Y perdón por la reivindicación que me ha salido así a lo tonto.

4) What is your better life experience. (Tu mejor experiencia vital)

Uf. Soy un hombre de placeres sencillos, así que se me ocurren un par de grandes días puntuales con mis amigos y familia (ya sabéis: un viaje concreto, una noche de fiesta especial...; lo típico), pero nada fuera de lo normal. Creo que la gran experiencia vital para contar a mis nietos está aún por llegar (espero).

5) If you could do something to change another person life, what would it be? (Si pudieras hacer algo para cambiar la vida de alguien, ¿qué harías?)

Pues me casaría con Darren Criss, por hacerle un favor y mejorar su vida, y tal. O, si me pongo en plan concursante de Miss España, creo que haría que todo el mundo fuera un poquito menos egoísta y materialista, y estoy seguro de que así se terminarían guerras, corrupciones y, si me apuráis, hasta el hambre en el Tercer Mundo.

6) If you could have 50 lbs or anything other than money, what would it be and why? (Si pudieras tener cualquier cosa excepto dinero, ¿qué sería?)

Mis disculpas, porque mi inglés es limitado y en esta pregunta me he perdido con lo de los kilos :O, así que respondo teniendo en cuenta solo la segunda parte. Yo soy como las viejas de pueblo, así que a estas cosas siempre respondo que salud, salud y salud (y toco madera).

7) If you had a choice to be any animal, what would it be and why? (Qué animal te gustaría ser y por qué)

No soy muy de animales, pero creo que sería un gato. Nadie molesta a los gatos, son unos señorones, y cuando hacen algo malo, nadie se queja, porque son gatos y ya damos por hecho que son perversos.

8) Favorite song. (Canción favorita)

Esto cambia cada semana, claro, pero algunas de mis máximas favoritas de todos los tiempos son: Just like a pill, de P!nk; She will be loved, de Maroon 5 y Complicated, de Avril Lavigne. Y antes de que lo digáis, ya lo digo yo: sí, tengo el gusto musical de una quinceañera de los años 90.

9) What's the name of the last book you read? (El último libro que has leído)

Grandes esperanzas, del señor Charles Dickens. ¡La semana que viene, reseña! (#momentospam)

10) If you could meet any celebrity who would it be and what would you ask them? (A qué personaje famoso te gustaría conocer y qué le preguntarías)

No soy nada mitómano, siempre digo que los escritores/actores/cantantes que me gustan, me gustan por su arte, y punto, pero que tampoco me apetece tomar algo con ellos. La única excepción es Alecia Moore (P!nk). Y no le preguntaría nada en concreto, solo intentaría hacerme su mejor amigo :P

11) Where did you went on your last trip and what did you love the most about that place? (A dónde fuiste en tu último viaje y qué es lo que más te gustó)

Pues mi último viaje fue tan apasionante como una hora de coche hasta León capital (sí, lo sé, lo sé, tengo una vida de película de Hollywood). Y lo que más me gustó... No sé, ¿la catedral? ¿Las tapas? Repetiré esta pregunta en otro momento en que mi último viaje haya sido a algún lugar exótico :P


Y eso es todo. Si habéis llegado hasta aquí, que sepáis que el Papa Paquito os va a canonizar el mes que viene.

Ahora debería nominar a once blogs con menos de doscientos seguidores. Pero como no me gusta poner a la gente en compromisos, lo que voy a hacer en su lugar es recomendaros unos cuantos blogs con menos de doscientos seguidores, y luego ya si ellos quieren hacer el tag, por mí estupendo. Sobre las preguntas, ya veis que yo soy un chico simple, así que: cuéntame once cosas de ti; las que quieras, pero háblame un poco de ti.

Blogs recomendados:


[Fin de la cita.]