A quemarropa

Entre una cosa y otra, esta semana estoy subiendo post todos los días, ¡pero es que hoy tengo algo que contaros! Es una tontería, en realidad, pero es una tontería que a mí me hace muchísima ilusión.

Ayer salió el segundo número de la publicación online Relatos a quemarropa, ¡y han escogido uno mío! «Camille», que es una versión ligeramente adaptada de uno de los relatos de la serie Cain que ya os traje en su momento al blog.

Os dejo aquí el enlace (click en la imagen) para que podáis leerlo, junto con otros tres relatos estupendos de otros autores:



Y por si no habéis oído hablar de Relatos a quemarropa, dejadme que os cuente por encima. Es un proyecto editorial que nació hace unos meses en Barcelona, y está encaminado a dar voz a todos esos jóvenes escritores que hay en nuestro país y que, por una cosa o por otra, no son conocidos ni publican con una gran editorial.

Cada mes sacan un número (online y gratuito) recopilando algunos de los mejores relatos que les han enviado durante las semanas previas, sin más ánimo que el de compartir buena literatura y dar a conocer a autores desconocidos. Puede participar cualquiera enviando un relato, y no hay limitaciones temáticas ni de extensión, así que si alguno de los que os pasáis por aquí escribís, no perdéis nada por participar. Además, los elegidos de cada mes se llevan un libro como premio.

Que esa es otra, creo que ya me habéis leído muchas veces que le tengo unas ganas terribles a Canciones de amor a quemarropa, pero que el precio de la edición española me tira para atrás... ¡Pues ya está solucionado gracias a mi participación en esta antología!

Si es que hay días en que merece la pena levantarse de la cama cuanto antes.

Y esta vez sí que sí, os dejo en paz hasta el viernes, que volveré con la reseña programada.

PD: Y si queréis añadir a difundir esta iniciativa literaria tan maja en vuestros blogs y redes, mejor que mejor, que son nuevos y yo creo que se lo merecen.

Top ten tuesday: Mis escritores favoritos

El martes pasado publiqué reseña, y con eso me perdí un tema maravilloso para el Top ten tuesday, así que hoy he venido decidido a ponerle remedio.


Hablemos de mis escritores favoritos. Aunque adelanto que yo no soy de mitificar a los escritores, y suelo tener más bien libros favoritos que autores, y no necesariamente considero autores preferidos a aquellos que firman los libros que más me gustan.

Sea como fuere, en mi corazoncito sí que hay espacio para un puñado de autores de los que siempre digo que leería hasta la lista de la compra, porque hay algo en su prosa, los personajes que crean y los mundos ficcionales que construyen que me dejan tonto. De entre estos autores, hay cuatro que para mí están a un nivel muy superior, y soy incapaz de escoger entre ellos, así que siempre que me preguntan quién es mi escritor favorito, uso triquiñuelas para nombrar a los cuatro.

Triquiñuelas al más puro estilo de los Oscar:

ESCRITORA FAVORITA (VIVA). — Amélie Nothomb, por supuesto.

Si no lo sabíais ya, es que o bien lleváis poco por el blog, o bien habéis tenido la suerte de esquivar todas esas entradas en las que me dedico a adorarla de manera gratuita. Nothomb tiene todo lo que le pido a un escritor: buena prosa, personalidad escribiendo (de esto tiene para dar y regalar) y sentido del humor; y además, como extra, tiene una sensibilidad atípica con la que yo conecto muy bien a nivel personal.

ESCRITORA FAVORITA (MUERTA). — Jane Austen.

De esta he hablado menos, porque hace un par de añitos que la tengo un poco abandonada en favor de nuevos autores que han llegado a mi vida, pero siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. Porque ¡esa ironía! Y sobre todo ¡esa prosa! Qué bien escribe la Austen, madre mía, y qué pena da ver como en algunos círculos (los académicos, especialmente) la hacen a veces de menos porque la consideran una mera autora de romances.

ESCRITOR FAVORITO (VIVO). — Richard Ford.

Si algo tienen en común mis cuatro escritores favoritos es que se convirtieron en favoritos incluso antes de que terminara de leer mi primer libro de ellos; yo soy así de radical. Así que, habiendo leído solamente dos libros de Ford (dadme tiempo, que soy un lector lento pero seguro), ya era mi favorito desde la mitad del primero. De nuevo, como con Austen, lo que más me gusta es su prosa, que tiene un no sé qué melancólico que me remueve las tripas por completo. Y sus hombres, sus hombres son siempre grandes personajes.

ESCRITOR FAVORITO (MUERTO). — John Steinbeck.

Como os decía, no soy muy de favoritos, pero los que tengo, lo son desde antes de acabar el primer libro; es una más de mis muchas rarezas. Con Steinbeck me pasó eso: solo he leído una de sus obras de arte (me niego a llamarlos libros; porque libros también los hace Pérez-Reverte, y como churros), y ya es mi hombre favorito del cementerio.


EXTRA: MENCIONES HONORÍFICAS (no son favoritos, pero me gustan bastante). — George R. R. Martin (aunque le estamos buscando sustituto, por capullo y por no respetar a sus lectores); Alejandro Casona; Philippe Claudel; Miguel de Unamuno; Clarín; Adalbert Stifter; y Carol Rifka Brunt.


¿Coincidimos en alguno? Y lo que es más importante, ¡¿habéis visto que he nombrado a Steinbeck sin hacer spam con Al este del Edén?! Si es que voy mejorando...(hasta hacía un segundo, al menos).

Microrrelato: Creencias

Foto: Unsplash

A veces creo que no temes a nada, pero temes, y cada noche te oigo rechinar los dientes en sueños. Otras, creo que estás lleno, pero no lo estás; en la calle, el viento te entra por los poros y resuena dentro de tu cuerpo hueco. Creo que no sabes mentir, pero mientes demasiado bien, y siempre me miras a los ojos cuando juras que nada va mal. Y creo que te tengo, pero no te tengo: te me escapas entre los dedos como un amor viscoso.

San Jorge: teatro del bueno

Pues oye, que así a lo tonto, hoy es San Jorge, y el que aquí escribe se llama Jorge, así que qué menos que cambiar la entrada de los viernes al jueves esta semana, ¿no os parece? Como buen agnóstico, me la traen al pairo no creo en los santos, pero tengo la suerte de que el mío coincida con el Día del Libro, y eso hay que celebrarlo.

Primero, un poquito de historia, por si alguien no sabe por qué hoy es el Día del Libro (aunque seguro que sí, porque sois muy cultos y siempre me dejáis mal, truhanes). Resulta que, en teoría, el 23 de abril de 1616 murieron tres genios de las letras, los que hoy consideramos padres de sus respectivas literaturas: Cervantes, de España, Shakespeare para los anglosajones y el algo menos conocido Inca Garcilaso, padre de las letras hispanoamericanas. En realidad, el único que parece ser que murió tal día como hoy hace 399 años fue el Inca, porque Cervantes murió el día 22, mientras que los ingleses usaban por aquel entonces otro calendario, y su 23 de abril no se correspondía con el nuestro. Pero como leyenda está muy bien, y nos ha dado uno de los días más bonitos para todos los que amamos la literatura.

Dicho esto, claro que quiero recomendar lecturas en este día tan especial. Pero como hace no tanto ya os recomendaba novelas para San Valentín, he decidido ser un poco más original y hoy voy a recomendaros obras de teatro. Es un género que me gusta mucho, a veces incluso más leído que representado, y lo tenía muy abandonado, pero recientemente he recordado lo mucho que lo amo gracias a la maravillosa Agosto, de Tracy Letts (reseña próximamente).

Sin más dilación, cinco obras de teatro para este Día del Libro:



La gata sobre el tejado de zinc caliente, de Tennessee Williams

O, en general, cualquier obra de este autor cuyo nombre soy incapaz de escribir sin mirar. Es la obra que inspiró la película, que también es muy recomendable para los cinéfilos, pero por cuestiones de censura, se omitió un elemento del argumento original de la obra que explicaba mucho mejor por qué el protagonista se sentía como se sentía.
En definitiva, uno de mis dramaturgos preferidos, y esta, una de sus obras más conocidas.

Corona de amor y muerte, de Alejandro Casona.

De Casona también recomiendo cualquier obra (La dama del alba, mismamente, que es lectura obligatoria en muchos institutos y es fácil de encontrar). No voy a decir que es el mejor dramaturgo en lengua castellana (aunque lo piense), porque está feo hacer afirmaciones tan absolutas, pero definitivamente es un escritor al que se ha tenido menos en cuenta de lo que debería. Seguramente tuviera que ver con la introducción en muchas de sus obras de elementos mágicos o míticos; que ya sabéis que los críticos tienden a despreciar todo lo que suene remotamente cercano a fantasía.
Esta en concreto es una obra de carácter histórica menos conocida que otros trabajos del autor.



Hedda Gabler, de Henrik Ibsen.

Su obra más emblemática es Casa de muñecas, pero para mi gusto, es más interesante por lo que significa para el teatro europeo e incluso para el movimiento feminista que como pieza literaria. Mi obra favorita de Ibsen es, sin ningún género de dudas, Hedda Gabler. Qué mujer, qué personaje tan complejo y fascinante.


Deseo bajo los olmos, de Eugene O'Neill.

Otro de los grandes dramaturgos contemporáneos, de esos de los que cualquier obra es recomendable; este quizá menos conocido en España, o por lo menos mucho más difícil de encontrar en las librerías. Esta obra en concreto la leí hace cuatro o cinco años, y mi memoria de Dory aún la recuerda gratamente (a ver si la releo pronto). Básicamente sigue el esquema de una tragedia griega para narrar una historia moderna y más cercana al lector de hoy día; algo así como una tragedia griega actualizada.



La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.

A veces soy un clasicorro con la literatura, ya lo sabéis, y Bernarda Alba es una de esas obras teatrales muy de madre y abuela que me encantan. Bodas de sangre, también de Lorca, me encanta, pero no se acerca al nivel de complejidad e intensidad emocional de esta obra. De la cual, por cierto, Agosto es deudora (y que no me digan lo contrario los americanos, que esta vez se han copiado ellos de nosotros).

Cranford, de Elizabeth Gaskell


Me imagino que definir lo que es un buen escritor es tan difícil como definir, ¿qué sé yo?, el amor: cada uno tendrá sus pequeños (pero vitales) matices en la definición. Para mí, un buen escritor, uno verdaderamente bueno, es el que puede contarme absolutamente nada durante toda una novela y, aun así, hacerme disfrutar con su lectura. Según esta definición, la Elizabeth Gaskell de Cranford sería una grandísima escritora.

Cranford es una novela costumbrista que retrata la vida de un grupo de mujeres solteras (me niego a llamarlas solteronas, que siempre me ha parecido una palabra muy despectiva, y ellas son encantadoras) en una villa inglesa en plena época victoriana. Sus diversiones, sus problemas, algún que otro chisme y más de un drama componen las aventuras de estas entrañables mujeres, que poco a poco van calando en el corazón de uno casi sin que se dé cuenta.

El sentido del humor y la ironía que emplea Elizabeth Gaskell en esta novela me han cautivado desde las primeras páginas. Diría que me ha recordado al de algunas de las novelas de Jane Austen, pero eso ya son palabras mayores para mí; en cualquier caso, me he reído mucho con las ocurrencias de estas señoras, especialmente cuando alguna de ellas llevaba las normas sociales hasta un nivel que hoy en día resulta ridículo, o el hilarante episodio en que Cranford debe enfrentarse a esa tan (poco) peligrosa «banda asesina».

Precisamente lo único que no me ha convencido de la novela es la falta de unidad entre los episodios, la mayoría de los cuales se pueden leer casi como historias sueltas. Esto es consecuencia natural del hecho de que la novela fuera publicada por entregas; es más, parece que en principio el primer episodio iba a ser un relato corto suelto de la autora, pero el éxito le dio ánimos para ampliarlo. Creo que ya os he comentado en alguna ocasión (a raíz de Geralt de Rivia, por ejemplo), que no soy demasiado fan de los relatos cortos, así que suelo captar enseguida cuando algo no parece ser una novela unitaria al uso.

En cualquier caso, eso es un problema mío, y le concedo a la Gaskell que, pasados los primeros episodios (donde sí se nota demasiado la falta de trabazón entre los relatos), consigue encajar las aventuras de estas señoras al modo de una novela convencional.

En cuanto a la prosa, nada que objetar. Es una novela ligera, y por tanto la escritura también lo es, pero es lo que le queda perfecto al tono irónico y tierno de la historia. Los personajes y sus vidas son lo que importa (lo que me importa a mí, y lo que creo que importa en este libro en concreto), y en eso la Gaskell se ha salido. Cada una de las señoras (y algún que otro señor) que pasan por las calles de Cranford tienen algo entrañable que despierta el cariño del lector.

No es una gran novela y probablemente no sea la mejor de la autora, pero si os gusta el costumbrismo, aquí tenéis un buen ejemplo de cómo escribirlo sin aburrir a las piedras y consiguiendo que el lector se encariñe con sus personajes.


Costumbrismo victoriano de calidad en el que la clave son las entrañables mujeres protagonistas y el irónico sentido del humor de Elizabeth Gaskell. Al principio parecen historias sueltas algo descafeinadas, pero es de esos libros que te gana sin que te des cuenta.

★★★★


FICHA DEL LIBRO:

Cranford
de Elizabeth Gaskell

ISBN: 9788484287261
Editorial: Alba (Minus)
296 págs.
Precio: 9,50 € 

Cranford (1851-1853) es sin duda la obra más popular de Elizabeth Gaskell, escrita a instancias de Dickens, después del éxito conseguido con su primera novela, Mary Barton. 
El paisaje, la ambientación e incluso los personajes están tomados del pueblecito en que la autora pasó su infancia, Knutsford, y, en un retrato lleno de humor y afecto, pero exento de sensiblería, se nos presentan unos valores y costumbres que la Revolución industrial estaba transformando rápidamente. 
A través de la emblemática figura de unas hermanas solteronas, asistimos a los pequeños y grandes acontecimientos de la pequeña comunidad: la llegada de un apuesto capitán viudo y sus dos hijas, las cartas que se reciben de ultramar, las estrecheces económicas de las mujeres de buena sociedad, los compromisos matrimoniales y las muertes. 
Contada en un tono de confidencia íntima, sin esfuerzo aparente, y con un detallado elenco de personajes femeninos observados en profundidad, Cranford es, tanto en palabras de Dickens como de E. M. Forster, «un exquisito retrato social», una obra «tierna» y «deliciosa» que ha sabido mantener su atractivo a través de los años.

Malas hierbas nunca mueren

Sí, sí, lo sé: el título es cero imaginativo (y más cuando veáis de lo que os vengo a hablar), pero hay días que uno se levanta con la misma creatividad que José Luis Moreno, y no queda otra que aguantarse y comer mucho chocolate.

Tonterías aparte, aunque sé que hoy no tocaba entrada, quiero aprovechar este hueco libre para comentaros lo contentísimo que estoy porque las arpías chicas de El jardín de las malas hierbas han hecho una crítica de una novela juvenil que autoedité a través de Amazon hace unos meses: Las vidas que no vivimos. Si queréis información sobre la novela (#spam), la encontraréis en la sección de Publicaciones de la nueva barra que tenéis en la parte superior de la pantalla (aprovecho para decir que la barra es un añadido nuevo, cortesía de un tutorial de Miss Lavanda, y que está en proceso de retoque; si os da cualquier problema, no dudéis en comentármelo).

La cuestión es que hace cosa de un mes, envié mi novela a las malas hierbas como lo que ellas llaman «víctimas voluntarias». Y es que estas mujeres tan agradables no se cortan nada en sus críticas, y les encanta ser malas y hacer sangre de las novelas que reseñan. Yo he tenido bastante suerte y he aprobado (en una nube me hallo, ya os lo digo).



Aprovecho la ocasión para recomendaros mucho (MUCHÍSIMO) este blog. Es radicalmente distinto a cualquier otro blog literario que haya visto, y por lo menos a mí me encanta. Básicamente, las chicas hacen críticas muy duras y cargadas de mordacidad y mala baba, ¡y aceptan sugerencias! Así que si la última novedad del momento os ha parecido basura y los demás blogs la ponen por las nubes, os aconsejo que vayáis a comentárselo a estas zorras malignas, y ellas ya se encargarán de darle estopa.

La mayoría de sus entradas son divertidísimas (hombre, me imagino que para alguno de los autores no, pero es a lo que nos exponemos todos cuando compartimos algo con la gente y encima les cobramos por ello); le sacan punta a todo, y no hay crítica que aburra. Además de esto, las malas hierbas son gente muy formada en lo literario, y entre broma cruel y sarcasmo hiriente, dan auténticas clases magistrales para todo el que le guste escribir. De verdad os lo digo: he aprendido muchas cosas en los tres o cuatro meses que hace que conozco su blog, y encima riéndome y pasándolo bien.

Así que ya sabéis, ahí os queda la recomendación de este blog, y de paso hago un poco de autospam para mi novela (que si tenéis cualquier duda, sugerencia o proposición respecto a ella, ya sabéis dónde encontrarme).

Y nada más por hoy. Mañana nos vemos con una entrada estándar de la mano de Elizabeth Gaskell.

Mis musos del cine

La semana pasada fueron las señoritas, y hoy le llega el turno a los señoritos. Básicamente, vengo a completar el top del otro día con la versión masculina del mismo, y os voy a contar cuáles son esos cinco actores que hacen que me trague hasta la peor película del mundo con tal de verlos actuar y derrochar talento.


MARK DUPLASS


Indiscutible rey del indie americano. Actor, guionista, director, productor... Es un poco el Lena Dunham con pene, especialmente ahora que él y su hermano (Jay Duplass; sale en Transparent) han sacado una comedia de corte indie con la HBO: Togetherness. Duplass es un actor de un talento increíble; me encanta la naturalidad de sus interpretaciones, en las que es imposible saber qué es una frase memorizada y qué pura improvisación, porque todo fluye. Como interpretaciones señaladas, lo petó en El amigo de mi hermana junto a Emily Blunt y Rosemarie DeWitt (otra musa) y tocó el cielo en la comedia independiente Safety not guaranteed, entre otros muchos papeles impresionantes.


JOAQUIN PHOENIX


Uno de esos actores que mejora con los años; no en físico, pobrecillo, pero sí en talento. O quizá el talento siempre haya sido el mismo, lo que pasa es que ahora que ya es un hombre maduro y está consagrado como actor, escoge los papeles que le sale de las narices y no los que le conviene a su carrera. Lleva unos años que no hay papel que haga que no se merezca media hora de aplausos al terminar la película. Aún tengo pendiente el de este año, Inherent vice, que espero no tardar mucho en ver.


STEVE CARELL


Steve Carell me fascina como, atención, actor dramático. Como cómico me río mucho con él, claro, pero como no soy especialmente fan de la comedia pura, en ese aspecto me da un poco más igual. Pero llevo defendiendo que Carell necesita más papeles dramáticos desde hace años, sino me equivoco, desde Pequeña Miss Sunshine, donde se sale (bueno, todos son unos actorazos y se salen en esa película). Este año, con Foxcatcher, parece que ha dado un paso más en esa dirección.


CHRIS MESSINA


Secundario (casi siempre) del cine independiente y, cada vez más, en el comercial. Está muy poco aprovechado, y las pocas veces que le han dado un papel de protagonista jugoso, a mí me ha encantado. Como buen actor salido del cine indie, sus interpretaciones se caracterizan por la naturalidad, el carisma en pantalla y la capacidad de improvisar y que todo vaya fluyendo.


DANE DEHAAN / MILES TELLER


Empate técnico entre dos jóvenes promesas que me gustan más en cada interpretación suya que veo. DeHaan es brillante, se habla siempre de él como un joven Leonardo DiCaprio, tanto por físico como por talento. Lástima que de momento haya hecho tan pocas películas y no haya terminado de despegar en Hollywood.

El otro es un actorazo y está impresionante incluso en sus papeles en cine juvenil o comedias tontas. Este año se ha salido especialmente con Whiplash, y espero que esa sea su puerta hacia papeles más complejos, porque talento le sobra.


¿Y vosotros qué? Ahora os toca hablar de vuestros musos del cine.

De cenuqui con Jon Nieve

Ya sabéis que yo he dejado de seguir Game of thrones (mis razones aquí), así que no voy a hablar de estrenos de temporada, de filtraciones ni de cosas qué han pasado o no (aunque podría, porque ya me han spoileado, y solo han pasado tres días). No obstante, lo que sí puedo hacer es compartir parodias divertidísimas como esta.

Es tan... cierto. La charla ligera de Jon Nieve le bajaría la moral a cualquiera.

(Contiene spoilers de los tres primeros libros de Canción de hielo y fuego las primeras cuatro temporadas de Game of thrones)


Boy meets boy, de David Levithan


Ya es oficial: el adolescente que vivía dentro de mí ha muerto. Un minuto de silencio, por favor. Que en su funeral suene Avril Lavigne a todo volumen (pobrecita, ¿os habéis enterado de que ha pasado por una enfermedad muy jodida?).

En fin, bromas (y enfermedades chungas) aparte, es cierto que creo que he perdido el gusto por la mayor parte de la literatura juvenil en el último año o año y medio. Con la excepción de Me and Earl and the Dying girl, que sale ahora en español bajo el título de Un final para Rachel, ya he perdido la cuenta de cuándo fue la última vez que leí una novela juvenil que me arrancará más de un «bueno, se puede leer si no hay otra cosa». Y yo que tenía la esperanza de poder seguir disfrutando del género hasta los 60 años...

La cuestión es que, precisamente con la intención de hacer las paces con la juvenil, me acerqué por primera vez a la obra del requeteaclamado David Levithan, con su Boy meets boy, y... Bueno, se puede leer si no hay otra cosa.

La historia en sí misma no tiene ningún misterio: institutos, te veo y me enamoro, el mundo es malo y nuestro amor nos hará libres, etc., etc. La particularidad del libro, y lo que le da el punto de originalidad que lo salva, es que en este caso, la historia trata sobre un chico que se enamora de otro chico. Y aún más, el instituto al que ambos van es la cosa más pintoresca y extravagante que me haya echado yo a la cara; es una especie de universo paralelo surrealista donde el quarterback del equipo de fútbol es también un drag queen reina del baile y a nadie le sorprende. Es algo así como una realidad alternativa en que la diversidad está a la orden del día y los heterosexuales son los raros.

En sí, la idea tiene su punto, especialmente porque en juvenil la diversidad es poca, tirando a nula (y ya no hablemos de la juvenil que llega a España), el problema es que para mi gusto todo se queda en la idea. Sí, es un romance entre dos chicos, y sí, tiene un sano ambiente lleno de mentes abiertas y sin prejuicios, pero... ¿qué más? Bueno, algo de humor (absurdo), sí. ¿Y qué más?

Para empezar, la historia es la de siempre, pero con dos chicos. Con todo lo que he criticado las historias en las que el protagonista ve a alguien y se enamora profundamente, sería muy hipócrita si en este caso me pareciera genial solo porque son dos chicos. Que sí, que aplaudo la diversidad en la literatura juvenil y me encanta que los autores se vayan animando cada vez más con el asunto, pero eso no convierte una novela en buena.

Aparte del amor instantáneo, una vez superada la primera parte más centrada en el humor surrealista, la historia se vuelve cursi hasta decir basta. Estuve por pincharme insulina para contrarrestarlo (y no soy diabético). Y tampoco quiero hacer mucha más sangre, pero la prosa de Levithan me ha parecido más sosa que un potaje de nabos, tirando a mala. Solo se salva, ya os digo, el sentido del humor del autor, que le da algo de colorido a la novela.

En realidad, no ha sido una experiencia tan, tan mala. Las dos estrellas equivalen a un cinco en mi sistema de valoración (carente de lógica, todo sea dicho). Sin embargo, la novela es lo que es: más de lo mismo y con la misma calidad justita de casi siempre. Me cuesta entender el éxito de David Levithan y su obra en general, a juzgar por este libro... No sé si será que la diversidad presente en sus novelas nos ha cegado un poco a todos o que a mí me ha pillado en el día equivocado, pero no creo que vaya a leer nada más de este autor en un futuro cercano.

Ahora bien, si os gusta el juvenil y no tenéis problemas con los tópicos y las cursiladas que a veces abundan dentro del género, seguramente os guste esta historia. No creo que sea mejor ni peor que muchas otras de temática similar; simplemente, no son libros para mí.


Romance juvenil homosexual en una suerte de universo paralelo surrealista que de bonito, seguramente se pase de extravagante. Está bien que haya algo de diversidad dentro de la literatura juvenil (falta le hace), pero eso no cambia el hecho de que esta novela es más de lo mismo, cargada de los tópicos de siempre y con la clase de relación amorosa cursi y plana de siempre. Una novela juvenil cualquiera, pero con dos chicos.

★★


FICHA DEL LIBRO:

Boy meets boy
de David Levithan

ISBN: 9780375832994
Editorial: Alfred a. Knopf
158 págs.
Precio: 9,22 € 

Esta es la historia de Paul, estudiante de segundo año en un instituto como ningún otro: las animadoras van en moto, la reina del baile antes era un chico llamado Daryl (ahora prefiere que lo llamen Infinite Darlene, y es también el quarterback del equipo de fútbol), y la alianza gay-hetero se formó para enseñar a los heterosexuales a bailar.

Cuando Paul conoce a Noah, cree que ha encontrado a su media naranja. Hasta que lo echa a perder. El corredor de apuestas de la escuela dicen que estas están doce contra uno a que no conseguirá recuperar a Noah, pero Paul no se va a dar por vencido sin demostrarle su amor. Su mejor amiga Joni va a la deriva, su otro mejor amigo, Tony, está lidiando con sus padres ultrareligiosos, y su ex novio Kyle no tiene intención de desaparecer de su vida; pero, a veces, todo necesita venirse abajo para poder volver a encajar.

Esta es una comedia romántica alegre pero trascendente acerca de encontrar el amor, perderlo y hacer todo lo que sea necesario para recuperarlo en un mundo loco, pero maravilloso. 

Fotos libres de derechos para diseñadores


Os había dicho que las entradas de los domingos en esta nueva etapa serían cosas ligeras y que se salieran un poco de la temática habitual del blog (al menos esa es mi intención en principio). Por esa razón, hoy quería compartir con vosotros un par de webs que creo que son un recurso muy útil para aquellos que hagáis vuestros pinitos con el diseño gráfico, publicitario o editorial y necesitéis imágenes libres de derechos.

Una buena foto a veces hace la mitad del trabajo, pero las buenas fotos suelen costar dinero. Pues bien, cada vez hay más en Internet más webs que ofrecen fotos de altísima calidad y libres de derechos. O séase: tú echas un vistazo, encuentras una que te gusta y la usas en tus proyectos, incluso si estos tienen fines comerciales.

Yo no diseño nada (a riesgo de dejar ciega a la gente), pero me familiaricé con este tipo de recursos en su día cuando estaba preparándome para autoeditar mi novela. Que al final ya veis que no usé ninguna foto, pero mirar, miré quinientas mil.

Y simplemente eso, que como compartir es vivir, aprovecho esta primera entrada tonta de los domingos para dejaros unos cuantos enlaces, por si alguno aquí diseña.


Mi favorita, sin ninguna duda. Todas las fotos son una maravilla. Suelo entrar de vez en cuando a ver cuáles han subido y acabo guardándome la mitad en el ordenador solo para tenerlas ahí si algún día quiero un fondo de pantalla nuevo o simplemente mirar fotos que inspiren. La que uso en esta entrada es precisamente la última que han subido.

Jay Mantri (http://jaymantri.com/)

Similar a la anterior, aunque centrada casi totalmente en los paisajes y escenarios, tanto urbanos como rurales.


Personalmente, sus fotos no me gustan tanto como las de las dos páginas anteriores, pero tiene muchísima variedad y la mayoría son de estilo fotografía conceptual.

New Old Stock (http://nos.twnsnd.co/)

Esta me a-lu-ci-na. Su utilidad es bastante limitada por el tipo de fotos, pero me parece una auténtica joya. Básicamente se trata de fotos antiguas de todo tipo en alta definición. Echadle un vistazo incluso aunque solo sea por curiosidad, porque de verdad que es una pasada.


Y eso es todo. Post tonto de los domingos, ya os había avisado. Pero el martes nos vemos otra vez con una reseña, que tengo muchas pendientes y se me están acumulando.

Mis musas del cine

Hace unos días tenía yo un debate con mi querida Cris Q en su blog. El tema de nuestro debate venía a ser: «Jessica Chastain: ¿a favor o en contra?». Y yo le comentaba que soy bastante raro con mis gustos en cuanto a actores y actrices, y que igual por eso le tengo manía a esa Chastain a la que casi todo el mundo adora.

Esto me ha dado la idea para este top (que tendrá su versión con machotes, claro; viva la igualdad). Últimamente traigo pocos contenidos de cine, y me parecía interesante hacer un top diferente y espontáneo. Así que hoy vengo, así, porque sí, con cinco de mis actrices favoritas. Hay muchos actores que me encantan, pero en estas listas voy a incluir a aquellos que están a otros nivel, esos que, si salen en una película, por mala que esta parezca, hacen que me plantee seriamente verla.


CATHERINE KEENER


El nombre puede no sonaros, pero su cara seguro que sí. Es una de esas actrices secundarias con mucho oficio que siempre aparece en un segundo plano, haciendo de madre o de mujer del protagonista de turno, y dándole un toque de clase a la película. Sencillamente, me encanta su manera de interpretar, muy sutil, muy serena, muy natural también.

Como curiosidad, era amiga del difunto Philip Seymour Hoffman, con el que coincidió en tres películas. Una de ellas, Capote, es una de mis grandes pendientes (estoy empeñado en leer A sangre fría antes de verla). La película cuenta el viaje que hizo Truman Capote para investigar el crimen real a partir del cual luego construyó su libro. Catherine Keener interpreta aquí nada menos que a Harper Lee (sí, esa Harper Lee), amiga de Capote y que le acompañó en su aventura.


JENNIFER JASON LEIGH


Esta mujer tuvo su momento en los 80 y los 90, y en la actualidad está en un segundo plano y muy, muy desaprovechada como actriz. Su manera de interpretar sencillamente me fascina. Consigue un equilibrio maravilloso entre mujer fuerte, pasional, violenta (muy a menudo, loca de la cabeza) y vulnerable en casi todos los personajes que interpreta. Si algún día me convirtiera en guionista y necesitara a una actriz para interpretar a una mujer loca-peligrosa-pero-rota-por-dentro, la Leigh sería mi primera elección.

El gran Tarantino, que podrá gustar más o menos, pero indudablemente tiene ojo para resucitar grandes actores y también para convertir actores pésimos en más que decentes (ver: Lucy Liu), le ha echado el ojo también a la Leigh para ser la mujer protagonista de su próxima película, The hateful eight; y la verdad es que tengo muchas esperanzas puestas en este tándem. La Leigh es más Tarantino que Tarantino.


TONI COLLETTE


A Toni Collette también se le da de lujo hacer de loca vulnerable (su físico le ayuda a hacer bien de loca, las cosas como son), pero además tiene un punto cómico maravilloso. Y en general, es una actriz muy versátil que tan pronto hace una interpretación comedida si el personaje lo requiere como se pone a dar gritos y romper toda la vajilla. También está bastante desaprovechada, pero ya se sabe que, llegadas a cierta edad, todas las actrices tienen que pelearse por las sobras que deja Meryl Streep, y es raro que alguna obtenga tantos buenos papeles como se merece.


ANNE HATHAWAY


No sé qué ha pasado de hace un par de años para acá, pero parece que cada vez más el mundo cinéfilo se divide entre los que adoran a la Hathaway y los que la odian. Yo me uno al primer grupo. La chica me cae bien, y aparte de eso, me parce una actriz de primer nivel, de las mejores de su generación. El gran problema es que, a pesar de ser una de las actrices de moda y tener ganas de comerse el mundo, debe de estar muy mal aconsejada, porque escoge fatal sus papeles. No en cuanto a taquillazos y ser mediática, sino en cuanto a demostrar todo lo que puede hacer como actriz.

Siempre que conozco a un hater de la Hathaway y me dice que es engreída y mala actriz, le digo que lo de engreída no lo sé, pero que vea Rachel getting married y luego hablamos de lo segundo. Lamentablemente, no parece que vaya a seguir en la línea que marcó con esa película, sino otra que le asegure más su sitio en Hollywood.


BRIE LARSON


Otra jovencita para la lista. Esta ya si que es la elección más subjetiva entre las elecciones subjetivas. La conocí en la serie United States of Tara (donde Toni Collette hacía de loca vulnerable, por cierto) y me enamoró como adolescente problemática con buen corazón. Desde entonces he seguido todos sus papeles (casi siempre secundarios) en el indie americano. Me parece una actriz muy solvente y con un encanto especial en pantalla, y espero que en algún momento tenga su oportunidad en el cine más comercial y gane algo de visibilidad, como le ha pasado este año por ejemplo a Felicity Jones.


Extra: ROSEMARIE DEWITT


Y de rebote os cuelo a una sexta. Es una especie de versión diez años más joven de la Keener. También una gran secundaria (lo borda precisamente en Rachel getting married, que os citaba antes) y muy dada a interpretaciones sutiles y mesuradas. Y como curiosidad, viéndola como la sexta en la lista, los que hayáis visto algún episodio de United States of Tara estaréis pensando que esa serie tenía que encantarme, y no os equivocáis, porque las tres mujeres protagonistas de la serie eran nada menos que Toni Collette, Brie Larson y Rosemarie DeWitt. Si es que, a veces, Hollywood me da alegrías a mí también.


Y esas son mis chicas del cine. La semana que viene, los chicos (y sí, son elecciones igual de peculiares casi todas, ya os lo adelanto).

Antes de irme, eso sí, quiero pediros bien alto y claro que me contéis quiénes son esas actrices que os llevan al cine a ver una película incluso aunque sepáis que va a ser una porquería.

Los 100

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Pues sí, hoy vengo a hablaros de nada, básicamente. Por si la entrada os ha creado falsas expectativas, lo aclaro: no, no vengo hablaros de estos 100.


Aunque aprovecho para reivindicar desde aquí un apocalipsis en el que la gente esté sucia y fea. Y no: pintarse los ojos a lo ahumado no cuenta como sucio. En serio, la gente guapa y recién salida de la peluquería en las series de mundos que se van a la porra me tensa, porque todos sabemos que yo voy a estar muy feo el día que los zombies se alcen y comience una nueva era oscura en la historia de la humanidad.

Tonterías aparte, no vengo a hablaros de esos 100, como decía, sino de estos otros, que, aunque menos maquillados y peinados, sois mucho más estupendos:


Así que sí, entre tanta ida de pinza, esta entrada solo busca, simple y llanamente, daros las GRACIAS. Cien es solo un número, y no es más importante que noventa y nueve o ciento uno, pero ya sabéis que yo tengo un poquito de TOC, y a nosotros nos gustan los números redondos.

Así que gracias a todos por ser mi número redondo hoy, de corazón.

El lector, de Bernhard Schlink


El lector fue uno de los libros con los que abrí el mes de marzo, y sin embargo he retrasado la reseña casi un mes, y por en medio os he traídos otras de libros leídos más tarde. ¿Por qué? Sencillamente, eran reseñas más fáciles de escribir. Y es que sigo sin tener del todo claro qué pienso de esta novela, que en cierto modo devoré, pero que, para mi gusto, perdió fuelle justo al llegar a la parte en la que se supone que habría tenido que pasar todo lo contrario.

Pero antes de nada, entremos en situación. El argumento es muy fantasía húmeda de niño de trece años de los 90: el protagonista va tranquilamente por la calle, le da un parraque, y ahí está una madurita sexy (ahora llamadas MILF por influencia del porno, ya sabéis) que lo cuida hasta que se encuentra mejor. A partir de ahí, comienza una relación sexual entre ambos que incluye que él le lea en voz alta a Goethe, lo cual siempre le da categoría a una relación sexual. La sinopsis de Anagrama va más allá, pero yo he decidido cortar aquí porque, aunque bien es cierto que después de lo sonada que fue la adaptación cinematográfica, ya mucha gente sabe lo que sucede, me parece que es un poco pasarse que la sinopsis abarque hasta la página 110 de un libro de doscientas páginas.

En cualquier caso, lo que si os puedo decir es que la primera mitad de la novela se centra en este florecer sexual de Michael, el protagonista, mientras que la segunda mitad, tras un considerable salto temporal, nos habla de los dilemas del Michael adulto, que en gran parte ha quedado marcado (y es bastante lógico) por su relación sexual con esta mujer cuando era un adolescente.

La contraportada también nos dice que El lector es «una deslumbrante novela sobre el amor, el horror y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia», y me temo que aquí yace mi problema a la hora de reseñar el libro. Efectivamente, la segunda mitad de la novela, que en teoría es la parte más trascendente e interesante de la misma, intenta ser esa novela. Pero no lo es. Al menos, para mi gusto. Y es frustrante, porque el planteamiento de la situación es buenísimo y está lleno de posibilidades para convertirse en, efectivamente, una gran novela «sobre las heridas abiertas de la historia», pero la cosa se queda en nada. Se queda en las divagaciones y dilemas morales de un Michael Berg que no es un personaje especialmente brillante, y apenas nos cuenta nada de Hanna, que es el verdadero personaje redondo de la novela.
A veces, un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre.
Al lado de esta segunda mitad más bien sosa y que se aburre a sí misma en su intento de ser trascendente, esta la primera mitad, que me apasionó. Una primera mitad que no habla de heridas abiertas de la historia, ni de horror y piedad, sino que es más bien un capítulo ligeramente más sutil de Lolita, solo que con los roles invertidos.

Esta historia de despertar sexual y de dudosa moralidad por parte de un adulto (supuestamente) responsable para con un crío de quince años, aunque no contaba nada nuevo, ni, en general, nada, me encandiló. Devoré las primeras cien páginas del tirón, disfrutando tanto de la maravillosa pluma de Schlink como de la historia que me estaba contando, y por eso tenía expectativas muy altas sobre lo que podría ofrecerme el autor en la segunda mitad de la novela, cuando el gran conflicto moral estallara.

Así que, en resumidas cuentas, como novela que explora la culpa y las cicatrices de toda una generación, El lector me ha parecido solamente pasable, sin grandes logros. Como relato breve de una pasión sexual con algún tinte romántico entre una adolescente y una mujer adulta que esconde un secreto oscuro, me ha parecido sensacional. El problema está en que creo que la novela trataba de ser lo primero, y por eso a mí me ha sido tan difícil reseñar el libro.

A pesar de todo, creo que es una novela interesa y muy recomendable; y dado que se lee casi de una sentada, creo que conviene darle una oportunidad. No en vano, está considerada como unas de las mejores novelas de la historia (que yo no lo acabo de ver, pero, oye, siempre he tenido muy mal gusto para todo).


Como historia de una generación que arrastra las heridas de un pasado monstruoso me ha resultado floja, a ratos tediosa y, en general, muy poco aprovechada. La primera mitad, la historia de florecer sexual de un adolescente fascinado por una mujer mayor misteriosa, me ha parecido, sin embargo, maravillosa. Ojalá el libro hubiera querido ser solo esto último y no hubiese ido a buscar la trascendencia histórica.

★★★


FICHA DEL LIBRO:

El lector
de Bernhard Schlink

ISBN: 9788433966667
Editorial: Anagrama
208 págs.
Precio: 7,98 € 

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens...

He vuelto, y cosas varias


Prometo que este será uno de mis últimos post-anuncio, que siempre me han parecido un poco tontería, porque, sinceramente, ¿a quién narices le importa cuándo me voy una semana y cuándo estoy de vuelta? Las entradas y salidas de Angelina Jolie sí que le interesan a alguna maruja, me imagino, pero las mías...

En fin, que me reincorporo ya al trabajo blogueril, y quería daros las gracias por los aportes que me habéis hecho respecto a lo que os planteaba la semana pasada. Finalmente, he decidido que voy a establecer un calendario fijo de entradas en el blog.

De modo que, de ahora en adelante, habrá post cada martes, viernes y domingo a las 12:30h (hora española). La idea es que el martes y viernes sean contenido puro y dejar el domingo, que tiene ese espíritu de día de relax, para cosas más ligeras.

Esto no quita, faltaría más, que seguramente me pase el calendario por el Arco de Triunfo de vez en cuando, y también que es posible que vaya a publicar alguna cosa breve tipo vídeos o canciones en otros días libres.

En definitiva, que el blog se va a tomar un Activia (entrada no patrocinada por la marca de yogures favorita de los españoles para ir al baño más a menudo), y como buen Activia, regulará un poco el tránsito, pero la regulación absoluta es imposible.

Aparte de eso, quiero adecentar un poco el aspecto del blog. Nada grave, porque el diseño me gusta tal como está; pero sí añadir algún detalle por aquí y por allá aprovechando esta nueva etapa que me he sacado de la manga después de mi spring break.

Y nada más, bastantes tonterías he dicho ya en un post supuestamente informativo. Mañana mismo empieza a ponerse en marcha la cosa con la reseña (¡por fin!) de El lector.

Os quiero, pero es un secreto.