Reseña: "La oscuridad exterior", de Cormac McCarthy

Fotograma de la película No country for old men (2007), basada en otra novela de McCarthy

El gótico sureño es un subgénero literario en el que la realidad más macabra, desagradable y excéntrica se mezcla con elementos mágicos o místicos para hablar de manera crítica de la sociedad del sur de Estados Unidos (generalmente en la primera mitad del siglo XX). Por hacer una analogía, es algo así como el primo norteamericano y perturbado del realismo mágico. Cormac McCarthy es uno de los escritores más reconocidos de este subgénero (y también uno de los pocos que siguen vivos).

En La oscuridad exterior, su segunda novela publicada, McCarthy narra la historia de dos hermanos que vagan por las tierras sureñas. Ella da a luz a un bebé cuyo padre es su propio hermano, quien se deshace del niño en el bosque y le dice a ella que ha nacido muerto; cuando la hermana se entera de la verdad, se escapa de casa para recuperar a su hijo, que cree que ha sido recogido por un buhonero que pasó por allí el día del alumbramiento. Cuando el hermano descubre que ella se ha marchado, sale en su busca.

Lo que sigue son una sucesión de escenas deslavazadas, algunas con más chicha que otras, y muchos, muchos personajes grotescos, como no podía ser de otro modo en una novela de este tipo. La historia tiene algunas reminiscencias bíblicas aquí y allá, se habla bastante del pecado y de la penitencia, y esta simbología se vuelve más fuerte hacia el final de la novela. Todo este aire apocalíptico y deprimente que marca la novela es, en realidad, el único nexo de unión entre las escenas sueltas que vamos leyendo a lo largo de las páginas. Si le quitamos un final que intenta darle un sentido simbólico a toda la novela, el castillo de naipes se nos desmota sin que haga falta ni soplar.

Llamadme maniático, pero me gustan las novelas con una idea, un hilo conductor que lo une todo y le da sentido. Qué narices: todo libro que no cumple con esto, en mi opinión no es una novela; es otro tipo de literatura, pero desde luego no una novela. Incluso la literatura más experimental tiene un eje que la articula. O esos libros en los que "no pasa nada" de los que tan fanático soy. Me gustan los libros en los que aparentemente no pasa nada y solo hay una ristra de personajes interactuando unos con otros sin moverse demasiado; me gustan porque, casi siempre, son los libros que mejor trabajan esto de la idea esencial del relato.

Este es el gran fallo que le he encontrado a la novela y lo que me ha impedido disfrutar de ella como debería. Intentaba entrar en la historia y conectar con lo que me estaba narrando, y a veces lo conseguía durante una escena especialmente lograda, pero de repente pasábamos a otra que no tenía nada que ver con la anterior y a la que no le encontraba coherencia dentro de la estructura general del libro. En definitiva, que durante la mayor parte del tiempo he tenido la impresión de estar leyendo una antología de relatos cortos, pero sabiendo que en realidad no lo era, lo cual resulta un tanto frustrante.

Más allá de eso, la prosa de McCarthy es lo que salva los muebles. La única razón por la que he terminado el libro y me ha entretenido a ratos es por la pluma de este hombre, que me ha sorprendido muy gratamente (no sé por qué, imaginaba que iba a tener un estilo más sobrio y apático, un poco a lo Bukowski, Palahniuk y compañía). Además, con toda la falta de trabazón entre las distinta escenas que se suceden en la novela, lo que si tiene una solidez impresionante es la ambientación. Es complicado crear una atmósfera tan oscura y opresiva con tan poca descripción, así que en ese sentido me quito el sombrero ante el autor.

Como esta es una de las primeras novelas de Cormac McCarthy y el único problema que le he encontrado ha sido que todo me ha dado la impresión de ser muy aleatorio, creo que leeré alguna de sus obras más conocidas, porque lo cierto es que su estilo y su mundo gótico sureño me han gustado mucho.

★★★

Microrrelato: Los egipcios

Foto: Unsplash

Camina sin rumbo y arrastra una sombra enferma que solo quiere parar a comer. Se dice que las matemáticas son para los listos y que él vivirá del trueque. La encuentra a ella, que le cuenta que a los egipcios los enterraban con su oro. Y entonces vuelve a casa, y se da cuenta de que su única pertenencia es la soledad.

Reseña: "Las uvas de la ira", de John Steinbeck

Fotograma de la película The grapes of wrath (1940).

Las uvas de la ira es, quizá, la obra más conocido de John Steinbeck, la que lo consagró definitivamente como el narrador estadounidense más comprometido con los problemas de los más desfavorecidos. Es realismo social, y nació después de que Steinbeck recorriera California documentándose para redactar una serie de artículos periodísticos que hablaran del drama de los emigrantes de los estados interiores más rurales del país que habían tenido que dejar sus tierras para mudarse allí (estos artículos están recogidos en otro libro, Los vagabundos de la cosecha, del que os hablaré dentro de unos días).

Partiendo de esta historia real, Steinbeck nos narra la odisea de la familia Joad, de Oklahoma. A la Gran Depresión que sobrevino a Estados Unidos tras el Crac del 29 se le sumó, en estados interiores como Oklahoma, un fenómeno conocido como Dust Bowl. Este fue un largo periodo de sequía con numerosas nubes de polvo y arena que volvieron impracticable la agricultura en la mayoría de estos estados cuya economía se basaba precisamente en ella. Esto produjo un éxodo de familias pobres hacia otros estados más prósperos del país, principalmente California.

Los Joad son una de las familias afectadas por esta crisis. Deben dejar atrás su hogar y malvender todas sus propiedades para conseguir algo de liquidez y poder comprar un camión que los lleve a todos, padres, hijos y hasta abuelos, a la soleada California. Se dirigen allí siguiendo las promesas de trabajo y prosperidad que hacen los panfletos que se han repartido por todo el estado, solicitando temporeros para recoger fruta y algodón.

La historia comienza con Tom Joad, que acaba de salir de la cárcel tras varios años encerrado por matar a un hombre en defensa propia. Al regresar a casa se encuentra con que su familia se prepara para emigrar en los próximos días, y a pesar de que la ley le impide abandonar el estado, bajo riesgo de volver a la cárcel, no duda en unirse a ellos en su viaje hacia la Tierra Prometida.

Así comienza el viaje de los Joad, que parten llenos de esperanzas de un futuro mejor, pero enseguida se encuentran con la realidad del duro camino hasta California y, una vez allí, con la miseria más absoluta.

Después de las gradas entraban en escena las grandes sembradoras, doce penes curvos de hierro, erectos en la fundición, cuyos orgasmos los producían engranajes, que iban violando la tierra metódicamente, sin pasión.

Es una historia triste, ¿cómo no va a serlo con este argumento?, de esas que encoge el corazón cada pocas páginas. Y es que queremos que a los Joad les vaya bien y se hagan ricos en California, pero también sabemos que la historial real de estos emigrantes del Medio Oeste cuenta otra cosa muy distinta. Los Joad son el homenaje (y reivindicación) de Steinbeck a todos esos trabajadores humildes que se quedaron sin hogar durante la Gran Depresión y tuvieron que luchar para salir adelante y mantener vivos a sus seres queridos. No en vano, los capítulos protagonizados por los Joad se alternan con otros más cortos, con un tono diferente, más poético, pero también más crítico, en el que Steinbeck no habla de los Joad, sino de los emigrantes en general.

Estos cambios de la historia de los Joad al drama emigrante en general son uno de los mayores obstáculos que encontré en la novela al principio. Durante las primeras cien o ciento cincuenta páginas (en total son unas setecientas), el libro se me hizo algo cuesta arriba, me fue difícil habituarme a los saltos de un capítulo a otro, y no terminaba de entrar en la historia. No obstante, a medida que la historia de los Joad fue avanzando por el camino hacia California, empecé a encariñarme con los personajes, y poco a poco entré en el libro, que a partir de entonces me tuvo ya atrapado hasta el final.

Este principio difícil no me pilló de nuevas, porque me había pasado algo parecido, aunque en menor medida, con Al este del Edén, la otra obra de Steinbeck que he leído. Entiendo que esto es un problema para muchos lectores; de hecho, yo mismo suelo abandonar los libros si pasadas unas cien páginas aún no me he metido dentro de la historia, pero esta es una novela larga que va desarrollándose poco a poco, y en mi opinión merece mucho la pena avanzar, aunque sea a trompicones, por esas primeras páginas en las que no acabamos de sentirnos cómodos.

Sentadas miraron las cosas y se las grabaron a fuego en la memoria. ¿Cómo será no saber qué tierra hay tras la puerta? ¿cómo será despertar por la noche y saber que el sauce no está allí? No, no puedes. El sauce eres tú. El dolor de ese colchón...., ese dolor espantoso..., eso eres tú.

El alma de la historia, la clave, son los personajes. Podría empezar a nombrar a todos los Joad entrañables y acabaría nombrando a toda la familia. Me he encariñado especialmente con Tom Joad y, sobre todo, con Madre, que seguramente sean los dos personajes de más peso. También el predicador y Al me gustaron mucho. Incluso personajes muy secundarios, como los Wilson. Una vez empecéis a encariñaros con estos personajes, no podréis parar de leer hasta saber qué pasa con ellos.

El desenlace, sin entrar en spoilers, me ha gustado mucho. La escena final, aunque sin ser gran cosa en apariencia, me parece de una sutileza y un simbolismo exquisitos, y me dejó con una sonrisa en la boca. Un poco tristona, pero sonrisa al fin y al cabo.

De la prosa no voy a decir nada, porque es John Steinbeck, y me importa un comino lo que piense el universo entero: escribe como los ángeles. En lugar de hablar de eso, voy a hacer esa cosa tan odiosa que es comparar Las uvas de la ira con la otra novela del autor que he leído.

Aun siendo esta que reseño ahora su obra más conocida y aclamada, Steinbeck declaró alguna vez que, en su opinión, Al este del Edén era su obra más redonda. Por lo que a mí respecta, estoy de acuerdo: he amado a los Joad y sufrido con ellos, la reivindicación que hace Steinbeck de estos héroes de la supervivencia de la Gran Depresión y la crítica al resto de la sociedad que les dio la espalda me parece maravillosa; pero los Trask (y sobre todo los Hamilton, a pesar de ser más secundarios) y su historia con reminiscencias bíblicas sobre el sentido de la existencia y la esencia del ser humano me conquistaron a un nivel del que Las uvas de la ira, dentro de su genialidad, se queda muy lejos.

Por esta razón no le voy a poner a esta novela las cinco estrellas que seguramente se mereciera en condiciones normales. Porque la sombra de Al este del Edén es muy alargada (y ya sabíais que esto iba a pasar; yo lo sabía).


★★★★

Desafío Steinbeck

No soy muy de desafíos de lectura, ya habéis visto que no estoy apuntado a ninguno este año, pero mi amor creciente por John Steinbeck ha obrado el milagro. Ya había pensado imponerme este reto al acabar de leer Al este del Edén, pero fui prudente y preferí esperar a terminar su otro gran novelón, Las uvas de la ira, por si acaso lo mío con este escritor resultaba ser un amor de un solo libro.

No ha sido así, claro (pronto tendréis reseña de Las uvas), así que ya no hay excusa. Me lanzo directo a los brazos de la locura y creo el Desafío Steinbeck, que, como podréis imaginar, consiste en leer toda la obra de John Steinbeck (lo ideal sería antes de que termine el 2015, pero tampoco pidamos milagros).


RETO STEINBECK


+ Requisito para superar el reto
→ leer todas las obras de ficción de John Steinbeck:

1. La taza de oro ('Cup of gold'), 1927
2. Las praderas del cielo ('The pastures of heaven'), 1932 [relatos cortos]
3. El pony colorado ('The red pony'), 1933 [novela corta]
4. A un dios desconocido ('To a god unknown'), 1933
5. Tortilla flat, 1935
6. En lucha incierta ('In dubious battle'), 1936
7. De ratones y hombres ('Of mice and men'), 1937 [novela corta]
8. El valle largo ('The long valley'), 1938 [relatos cortos]
9. Las uvas de la ira ('The grapes of wrath'), 1939
10. La luna se ha puesto ('The moon is down'),1942
11. Los arrabales de Cannery ('Cannery Row'), 1945
12. El autobús perdido ('The wayward bus'), 1947
13. La perla ('The pearl'), 1947 [novela corta]
14. Burning bright, 1950 [novela corta]
15. Al este del Edén ('East of Eden'), 1952
 16. Dulce jueves ('Sweet thursday'), 1954
17. El breve reinado de Pipino IV ('The short reign of Pippin IV'), 1957
18. El invierno de nuestro desconcento ('The winter of our discontent'), 1961
19. Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, 1976 [híbrido extraño retelling-traducción]

+ Opcional
→ leer sus obras de no ficción.



¿Ahí es nada, eh? Pero si todas sus obras son como las dos que ya he leído, sin duda merecerá la pena.

Si algún valiente se quiere apuntar al desafío, aquí os dejo el código del banner:

Lee "Rodrigo Zacara y el Espejo del Poder" gratis

Sabéis que no me gusta recomendar libros sin haberlos leído (obviamente), pero también que me gusta dar voz a los escritores autopublicados, indies o como prefiráis llamarlos. Por eso hoy aprovecho para compartir con vosotros una novela de fantasía infantil-juvenil que podéis leer gratis en la propia página web de la novela o en Wattpad.

Su autor, Víctor Gayol, me escribió hace un par de días para enviarme la información y preguntarme si podía compartirla en el blog por si a alguno de vosotros os podía ser de interés. Os dejo aquí la sinopsis y los enlaces correspondientes a la web de la novela y su ficha en Wattpad, para que podáis echarle un vistazo por si os interesa.





Rodrigo está acostumbrado a que su amigo Óliver le meta en algún lío de vez en cuando, pero jamás hubiera podido imaginar que una de sus ideas más alocadas los llevaría hasta el reino de Karintia, un mundo mágico donde cada persona tiene un poder diferente. Y aunque Óliver está encantado de vivir semejante aventura, pronto se darán cuenta del peligro que corren: toda Karintia está sometida al tiránico poder del emperador Arakaz, y los muchachos de doce años están obligados a presentarse ante él para jurarle lealtad. Afortunadamente, pronto encuentran refugio en la fortaleza de Gárador, donde se unirán a una orden secreta de caballeros que lucha contra la crueldad del emperador. Lo que no se imaginan es que uno de ellos está destinado a desempeñar un papel fundamental en esta lucha.

Web de la novela: Rodrigo Zacara
La novela en Wattpad

Series que he visto últimamente: 'Catastrophe'

El mundo de la ficción audiovisual está cambiando a velocidad de crucero, aunque los gobiernos y sus legislaciones baratillas y las cadenas de televisión no se acaben de enterar. Prueba de ello es que desde hace un par de años, algunas de las series más comentadas no se emiten en televisión, si no a través de plataformas de streaming como Netflix, Amazon, y ahora también Yahoo y hasta PlayStation Network.

Un nuevo ejemplo de esta evolución es Catastrophe, una comedia británica que emite Channel 4, pero con cuyos derechos para el otro lado del charco se ha hecho Amazon, que ha estado muy rápida.

La serie es un caramelito y la terminé en una sola mañana (ese soy yo: un yonqui de la ficción). Dejadme que os cuente con algo más de detalle, pero sin spoilers, mis impresiones.

Catastrophe


Como digo, Catastrophe es un caramelito de seis episodios de poco más de veinte minutos de duración, así que es ideal para una de esas tardes tontas de verano (mañanas, en mi caso) en las que no tienes plan y te apetece engancharte a algo fresco.

Y he visto pocas comedias más frescas que esta en los últimos años.

El planteamiento inicial es el siguiente: chico americano va a Londres por negocios y conoce a chica irlandesa; tienen un rollo de una noche que luego se transforma en un rollo de toda una semana, hasta que él termina sus asuntos y vuelve a casa. Unos meses después, sorpresa, sorpresa: noticia bombo, embarazo, gol por la escuadra, milagro de la vida en ciernes... Como lo queráis llamar. A partir de ahí, ellos intentan seguir para adelante y convertirse en una familia.

No puedo deciros mucho sin entrar a describir escenas hilarantes, y eso os destrozaría la serie. En líneas generales, lo que os acabo de describir es toda la trama de la serie: cómo ambos se adaptan a sus nuevas vidas y a esta relación forzada.

Los protagonistas de la serie son también los guionistas, y eso se nota en la naturalidad con que se meten en la piel de sus personajes, que les sientan como un guante. Este toque de comedia de autor hace que Catastrophe fluya, que resulte muy creíble y aparentemente espontánea dentro de la exageración propia de toda comedia. La química entre los protagonistas es evidente, y los secundarios que van apareciendo en los distintos capítulos también están a la altura y encajan bien dentro del universo loco de la pareja.

Es una comedia de esas plagadas de situaciones absurdas que te pillan por sorpresa. No sé si es humor británico, americano o danés, porque nunca he acabado de entender de qué habla la gente cuando califica algo como "humor inglés". Sea como fuere, lo que tiene es un humor con el que yo he conectado de cine, y no recuerdo haber tenido tantos ataques de risa con una serie desde hace al menos dos o tres años. Y creo que es precisamente porque no es para nada forzado: los personajes intentan sacar adelante sus vidas cotidianas, y de pronto la situación absurda les golpea en lo que parece el plan más normal del mundo, como ir a cenar a casa de una amiga y su marido.

Poco más puedo decir sin entrar a describir escenas que serían spoiler (aunque la del anillo..., la del anillo me tuvo tirado por los suelos un buen rato).

En conclusión, si os gustan las comedias de autor y diferentes a la típica sitcom de grupo de amigos en el salón de casa repitiendo los mismos chistes, os aconsejo que le echéis un vistazo; al menos al primer episodio, y luego ya se verá.

Reseña: "Doña Bárbara", de Rómulo Gallegos

Fotograma de la película Doña Bárbara (1943).

El otro día me preguntaron en la vida real (je, como si esto no fuera igual de real) que si me había gustado Doña Bárbara, un clásico entre los clásicos de la literatura en lengua castellana; algo así como el Quijote de Venezuela. Cuando respondí que me había parecido interesante, sin más, y que me había resultado más difícil de leer que, por ejemplo, el propio Quijote, me miraron como a un loco.

Pero, efectivamente, esta novela de 1929 y extensión asequible me ha obligado a poner todos mis sentidos en la lectura de principio a fin (ya sabemos lo agotador que resulta eso), mucho más que cualquier clasicazo del Siglo de Oro, o incluso de la Edad Media, que haya leído. ¿Por qué? Yo mismo no tengo muy claro de donde ha nacido esta extrema dificultad para enterarme de lo que estaba leyendo, pero creo que tiene que ver sobre todo con el lenguaje.

Los años veinte nos quedan relativamente cerca, y la lengua no ha cambiado tanto desde entonces, pero si se trata de una novela venezolana (para mí, un lector de España), sí que existe cierta dificultad para hacerse al lenguaje. A esto se suma que la novela habla de un mundo muy concreto, popular, el de los llaneros (algo así como si leyéramos una novela de la España más rural de la Preguerra), y entra en acción un vocabulario específico de este mundo que, lógicamente, se me escapa. Aparte de las propias costumbres de la zona en sí mismas, que tampoco las conozco. En definitiva: hay una gran barrera cultural entre el mundo del que habla esta novela y el mío, y las quinientas mil notas al pie de página ayudan, pero también ralentizan la lectura.

La llanura es bella y terrible a la vez; en ella caben, holgadamente, hermosa vida y muerte atroz. Esta acecha por todas partes; pero allí nadie la teme.

Hecho este aviso para navegantes, entremos en materia: Doña Bárbara es el clásico venezolano por excelencia y narra la historia de Santos Luzardo, un llanero reconvertido en abogado en la capital que se ve obligado a regresar a la zona rural donde nació para poner en orden la hacienda que ha heredado de su familia. Esta hacienda está sometida al control de la cacique de la zona, doña Bárbara, una mujer tan bella como terrible que manipula, amenaza, soborna o mata (según el humor que tenga ese día) a quien haga falta para conseguir aumentar sus dominios y su control del llano venezolano. La intención de Santos es llegar, solucionarlo todo enseguida usando el poder de la ley, y volver a su vida en la civilización, pero enseguida se ve atrapado por las fuerzas telúricas del llano que le impulsan a quedarse allí y luchar contra doña Bárbara usando los mismos métodos que ella.

Ese es el argumento, con alguna trama secundaria más como añadidura, y realmente es todo lo que importa de la novela. Es uno de esos libros que está claramente escrito al servicio de una idea, y tanto los personajes como la trama en sí misma se quedan en un segundo plano y poco desarrollados.

Me causa especial tristeza ver lo desaprovechado que queda el personaje de doña Bárbara... En otro tipo de novela, habría sido una villana de esas que no abundan, a lo Lady Macbeth o Cathy Ames (para quien no lo sepa, uno de los personajes de Al este del Edén). Como buen hombre de personajes que soy, esto le ha restado millones de puntos al libro.

Si no son los personajes ni la trama, el interés de esta novela ha de residir entonces en la idea al servicio de la cual está todo lo demás. Esta es, cómo no, la famosa oposición civilización contra barbarie de la literatura hispanoamericana o, si queréis, de razón contra impulsos animales. Todo en la novela habla de eso, y la simbología es muy evidente: Santos representa la civilización, el progreso, mientras que doña Bárbara es la barbarie, la bestia que se supone que todo ser humano lleva dentro y que parece que campa a sus anchas en lugares como el llano venezolano. Toda la novela se articula en torno a la lucha entre estas dos fuerzas, y realmente es lo único que importa del libro.

La alegoría va todavía un paso más allá, y parece que debajo de todo esto, Rómulo Gallegos (que más tarde llegaría a convertirse en el primer presidente de la República Venezolana elegido de manera democrática) esconde una crítica a la situación de su país en aquel entonces y al régimen dictatorial que lo gobernaba, abogando por la necesidad de que Venezuela renunciara a la barbarie y abrazara la civilización para poder progresar como país. No deja de ser curioso que esta novela seguramente siga teniendo sentido para muchos lectores venezolanos aun hoy en día, casi un siglo después (pero eso que lo hablen en otro lado, que esto es un blog que se centra en la ficción, que a menudo es más gratificante que la realidad).

En definitiva, para los lectores a los que la realidad de Venezuela nos pilla lejos, me atrevería a decir que Doña Bárbara se queda solo en una novela interesante, un objeto de estudio, más que de verdadero disfrute.

★★

De Minotauros y otros tongazos obvios en los certámenes literarios

Foto: Unplash

No ha pasado ni un mes desde que os contara mi vida en esta entrada. Entonces os quería explicar las razones por las que llevaba un par de meses más inactivo en el blog y leyendo menos (cosa que, por suerte, ya está solucionada); el principal motivo era que había estado centrándome en la escritura de una novela para un premio literario. Más concretamente, el Premio Minotauro 2015.

Un mes exacto después del cierre del plazo de admisión de originales, ya tenemos fallo. Un fallo raro, porque no habla de finalistas, y por no dar datos, ni siquiera dice cuántas obras se han presentado este año al certamen, que es algo así como la primera frase del fallo de cualquier premio literario. ¿Será que no han tenido tiempo ni para contarlas? Pues parece más que probable.

Y es que, aparte de la lentitud general de este tipo de certámenes, a un premio tan importante como este no creo que se hayan presentado menos de un centenar de novelas. ¿Todas han sido leídas en este mes? O si me apuras, en quince días, porque lo suyo es dar dos semanas más allá de la fecha de cierre de plazo para aquellos originales que se envían por correo ordinario y pueden tardar más en llegar.

En fin, qué os voy a contar. Ya había leído que era tontería presentarse a este premio en concreto, pero necesitaba una meta para obligarme a escribir. Y en cualquier caso, como tenía claro que era imposible que ganara (vamos, que yo soy muy optimista, pero tampoco peino bombillas), hasta me viene bien que el fallo haya sido express, porque no he dejado pasar la oportunidad de presentarme y, al mismo tiempo, ya tengo la novela libre para retocarla, compartirla, moverla por ahí o hacer lo que me plazca con ella. O sea, que no escribo esta entrada como reventado que ha perdido un concurso, porque soy consciente de que mi novela no tenía la calidad necesaria para ganar (posiblemente, tampoco la ganadora). Escribo esto como persona que alucina con los huevazos (porque no hay otra forma de decirlo) que le echan a veces las editoriales.

Y esto ya es casi una reflexión general. ¿Se creen que somos tontos? Que hay tongo en, como mínimo, la mitad de certámenes literarios importantes de este país ya lo sabemos todos. Que el ganador está escogido desde un año antes, también. ¡Pero hijos de mi vida, por lo menos disimulad! Si vas a amañar un concurso, que el ganador sea un guionista y director de cine escogido por un jurado compuesto por tres personas del mundo del cine en un premio literario que tiene un acuerdo (con dinero de por medio, imagino) con un importante festival de cine (Sitges) para celebrar allí la ceremonia de entrega... Hombre, yo creo que ya solo con eso huele a tufillo de lejos, así que no le añadas más oscuridad al asunto.

Para los señores que organizan concursos, hoy en Introducción a los Fundamentos del Tongo: si tienes un concurso amañado, no saques el fallo a toda prisa un mes después, porque es evidente que no ha dado tiempo casi ni a imprimir todas las novelas presentadas. También, anuncia el fallo de la manera más diáfana posible, con su número de obras recibidas, sus finalistas, etc. ¡Y coño! No des ya la fecha de publicación de la novela ganadora, porque si se supone que el jurado se reunió y escogió al ganador ayer, ¿cómo podéis tener ya todos los plazos de edición ajustados para saber con seguridad el día en que sale publicada la novela?

En fin, bromas aparte, seguro que no es la primera vez que leéis esto. Toda la vida se ha dicho que el verdadero ganador del Premio Planeta es el finalista. Y más recientemente, Plataforma Neo lleva dos años dando la nota concediendo su premio a gente que, según dicen las malas lenguas, ya sabía que había ganado incluso antes de enviar la obra al certamen. En fin, que tongo y amiguismo ha habido siempre en este mundo, y desde la crisis, mucho más.

¿La razón? Dicen los que saben que el mercado editorial en España está negro, y mucho más para autores nacionales, y que las editoriales pierden dinero con casi todas las publicaciones de autores patrios que no sean una María Dueñas o un Javier Marías.

Por eso publican a Belén Esteban y compañía, para recaudar y compensar pérdidas. Y a su vez, para compensar esta publicación de literatura dudosa, usan los certámenes literarios para financiar la edición de obras que en otro momento habrían publicado sin más. Es decir, si quiero publicar el libro de Menganito, que no es un bestseller, en lugar de arriesgarme a perder dinero y editarlo, le digo que se presente a mi certamen literario, y entonces le hago ganador. Con esto consigo que la campaña de marketing del libro sea gratuita y buena ("ganador del Premio X", en la portada; la noticia en todos los periódicos nacionales, etc.) y, si mi certamen literario tiene alguna entidad patrocinadora, uso ese dinero que ellos me dan para editar una novela que tendría que estar editando con fondos de la propia editorial. Y de paso, toda la corriente que se genera hacia la editorial: cientos de personas se interesan por ella para mandar sus novelas al concurso, y seguramente más de uno y más de dos se informen de quién ha ganado en anteriores convocatorias, quizá ojeen el catálogo de la editorial, compren algún libro; por otro lado, su nombre aparece en la prensa, entrevistan al ganador o a un representante de la editorial...

En fin, que la crisis es muy mala y que las editoriales son negocios y tienen que tirar de argucias para mantenerse a flote. No me parece ético, desde luego, pero es algo generalizado, así que sería absurdo cargar contra una editorial en concreto por hacer lo que hacen todas. Y en cualquier caso, si eso ayuda a no mandar a más gente al paro en este país, bienvenido sea. Tal como están las cosas, que los hijos de los empleados de Minotauro, Plataforma Neo o la editorial que sea tengan un plato de comida en la mesa todos los días es más importante que las ilusiones de un puñado de (presumiblemente) egocéntricos aspirantes a escritores.

¡Pero hacedlo con sutileza, por Dios! Que tampoco cuesta tanto... Os esperáis otro mes o mes y medio, hacéis el fallo por todo lo alto, publicitándolo en condiciones en vez de con un tweet perdido entre otros veinte, y dais una lista de finalistas en condiciones. Y con eso, todos contentos. Tongazo, sí, pero con un poquito de discreción y estilo.

¿Dónde ha quedado la elegancia en este país? Toda la vida hemos sido unos fulleros, pero al menos antes lo hacíamos un poquito de clase.

Las buenas maneras se están perdiendo, esa podría ser la síntesis de todo el asunto.

Top ten tuesday: Sagas de fantasía que ya debería estar leyendo


El tema oficial del TTT de esta semana es un poco (muy) cuadro, así que aprovecho la ocasión para usar uno propio: sagas de fantasía que tendría que estar leyendo en estos momentos. Esas sagas de fantasía (algunas interminables, todo sea dicho) que me llaman la atención y que no he empezado solamente porque soy un vago y un inconstante que siempre acaba dejando las sagas a medias.

Estoy cambiando, no obstante. O lo intento, porque lo de leer de seguido más de dos libros del mismo autor es algo que no puedo hacer ni con mis escritores favoritos. Pero bueno, sea como sea, hay más de una y más de dos sagas de fantasía a las que les tengo echado el ojo. ¿Queréis saber cuáles?


1. The Riyria revelations, de Michael J. Sullivan.



2. Malaz: El libro de los caídos, de Steven Erikson.



3. The Macht, de Paul Kearny.



4. Trilogía de la sangre, de Mark Lawrence.



5. Príncipe de nada, de R. Scott Baker.



6. Long price quartet, de Daniel Abraham.


7. Shadowmarch, de Tad Williams.


8. La guerra de las tormentas, de Brandon Sanderson.



9. La saga de los demonios, de Peter V. Bretts.



10. Powder Mage, de Brian McClellan.



¿Y bien? ¿Alguna que hayáis leído vosotros o que también os llame la atención? Os dejo links a las fichas de Goodreads de los primeros libros de cada saga por si os interesa cotillear alguna de ellas.


PD: Sí, cosas de la vida, la ilustración de la portada original del primer libro de la saga Long price quartet coincide con el de la edición española de otra saga, Shadowmarch.

Reseña: "Algún día este dolor te será útil", de Peter Cameron

Fotograma de la película Someday this pain will be useful to you (2011).

Alguna vez me han dicho que me encantan las historias de personajes raritos e inadaptados, pero no creo que sea tanto eso como me gusta un buen coming-of-age, como creo que ya os he comentado en alguna ocasión.

Coming-of-age son, en literatura y cine (en la ficción en general), aquellas historias que se centran en la maduración emocional del personaje. A menudo son niños o adolescentes, aunque esto no es un requisito indispensable. Por eso quizá me suelen gustar historias con personajes inadaptados, pues casi siempre esto es el paso previo a la maduración del personaje.

Algún día este dolor te será útil es, indudablemente, una novela de este tipo. Ya el título lo sugiere. También sugiere (con esa inmensa belleza que tiene la frase de Ovidio de la que está tomado) que va a ser un libro triste, ¡y para nada! Por el contrario, me atrevería a decir que es uno de los libros que más me han hecho reír. Es cierto que no soy muy de reírme cuando leo y que tengo un sentido del humor peculiar, pero el cinismo del protagonista y la ironía que se destila en todas las situaciones me lo han hecho pasar en grande.

La novela narra la historia de James Sveck, un joven neoyorquino privilegiado que se enfrenta a su último verano antes de ir a la Universidad de Brown, a la que, por cierto, no quiere ir. Vive con su madre (la reina de los matrimonios fracasados) y su hermana (enamorada de un profesor casado), que no lo comprenden muy bien; y trabaja a tiempo parcial en la galería de arte de su madre, donde pasa tiempo con una de las dos personas que lo entiende en el mundo: John, el encargado de la galería. La otra persona con la que James se siente a gusto es su abuela Nanette, a la que visita a menudo. Entremedias, James va a ver a una terapeuta a causa de algo que sucedió durante una excursión a Washington y que iremos descubriendo a lo largo de la novela.

Creo que eso es lo que más me asusta: el carácter azaroso de todo. Que las personas que podrían ser importantes para ti pasen por tu lado y desaparezcan. O que pases por su lado y las dejes atrás.

En las siguientes páginas vamos conociendo mejor a James y cuáles son sus temores y preocupaciones, por qué parece estar tan fuera de lugar en el mundo, viviendo con una suerte de ansiedad social permanente. Es, no obstante, una novela muy divertida, como os comentaba al comenzar la reseña, y también ligera, así que no tenéis que preocuparos por largas páginas de introspección depresiva. Para nada.

Algún día este dolor te será útil es una novela de crecimiento sutil, construida con escenas cortas sueltas que van mostrándonos el día a día de James. Diálogos también breves y cargados de sutileza, con las palabras justas para que el lector lea entre líneas e intuya lo que subyace debajo. Es una de esas novelas que uno empieza a leer entre risas sin darle mayor importancia y que de pronto lo atrapa en un torbellino de emociones y reflexiones muy profundas que parecen surgir de la nada.

Me gusta la sutileza en el arte, ya os lo he comentado cientos de veces. Como es un don que yo no poseo, me parece fascinante que haya gente capaz de decir tanto sin decir realmente nada, y Peter Cameron es el perfecto ejemplo. Todo en él es sutil, con palabras contadas: la prosa, los diálogos, la introspección... Y aun así, construye en un par de cientos de páginas una novela de una belleza embrujadora que se lee de una sentada, o como mucho dos.

Podría deciros mil cosas más, entrar en detalles, prometeros que estas doscientas páginas cargadas de sarcasmo adolescente os hablarán de la inseguridad, el miedo al cambio, la ansiedad, la sexualidad, la familia, el divorcio, el terrorismo... Pero mejor os digo simplemente que le deis una oportunidad, porque es un libro corto y de lectura ligerísima que se os puede ir en una o dos tardes de verano sin nada que hacer, así que no perdéis nada por darle una oportunidad.


Novela coming-of-age sutil como pocas. Un protagonista entrañable con el que cualquiera puede sentirse identificado en algunos aspectos a pesar de su aparente rareza. Toda la ironía y la ligereza aparente que dominan la historia esconden en realidad una narración hermosísima acerca de la madurez, los miedos, y sobre todo, como diría Nanette, una celebración de la vida.

★★★★


PD: Os extrañará que después de todo lo que he dicho solo le ponga cuatro estrellas, pero es que resulta que el cinéfilo que vive en mí había visto hace unos años la película que hay basada en el libro (entonces no tenía ni idea de que era una adaptación, claro), y resulta que es tan fiel, que me acordaba de la mayoría de las cosas, incluso había diálogos que recordaba casi palabra por palabra. Y claro, eso siempre le quita un poco de intriga a la lectura.

Microrrelato: Una copa

Foto: Unsplash

Despacio, lentamente, con un rasgueo de guitarra sonando de fondo, se acerca. Tiene los ojos tristes y un lunar en la mejilla. Habla del mar que no conoce y de la soledad que conoce demasiado bien. Te cuenta un chiste que te hace llorar y te invita a una copa. Te dice que la vida es eso, una copa por la que no puedes pagar. Y te dedica una sonrisa cansada a la que no sabes cómo responder.

Nuevas series: pues 'Scream' no es tan mala...


El título es tan explicativo que podría dejarlo ahí, pero mejor argumento un poco mi opinión, ¿no os parece?

Hace unas semanas os hablaba de las películas y series que esperaba con más ganas para este 2015. Entre las series ponía Scream, una serie de televisión adolescente inspirada en la mítica franquicia de terror del mismo nombre. La serie se estrenó el pasado día 30 de junio en la MTV, esa cadena que destaca por el entretenimiento ligero, tanto en un series como en sus reality shows.

Después de haber visto el episodio piloto, tengo que decir que estoy gratamente sorprendido con lo que me he encontrado en Scream. A pesar de que no deja de ser una serie adolescente de la MTV, con los clichés que estas siempre tienen, y de algún otro detalle, como el de cambiar la ya mítica máscara original de las películas, la serie es más que disfrutable como guilty pleasure juvenil.

Es más, como fanático que soy de la saga cinematográfica desde mi más tierna infancia (vi la trilogía original a los nueve años, pero eso ya son mis taras psicológicas privadas que seguro que os dan igual); como fanático absoluto de Scream que soy, digo, este primer episodio me ha parecido bastante digno y fiel al espíritu de las películas originales.

A saber, Scream, la original, fue la resurrección del subgénero slasher, que es ese cine setentero y, especialmente, ochentero protagonizado por un grupo de adolescentes en sus últimos años de instituto que dan una fiesta, hacen un viaje o simplemente se quedan en casa sin mucha vigilancia paterna, a merced de un psicópata enmascarado que los va asesinando uno a uno hasta que unos pocos sobreviven, casi siempre la chica buena (y virgen) del grupo. Este tipo de cine de terror se dio por muerto a finales de los 80, pero Wes Craven lo resucitó a mediados de los 90 con la primera entrega de Scream, una película que reinventó el género, introduciendo giros inesperados (como la muerte de la actriz más famosa del reparto en la primera escena), humor y mucho, mucho metacine y autorreferencialidad.

La serie de la MTV, con sus matices, parece la actualización de todo esto al 2015; al menos eso apunta su primer episodio. Tenemos al grupo de adolescentes hormonales, algo más espabilados, pero igual de torpes que sus predecesores de los años 90, en el fondo. Las llamadas de teléfono siguen presentes, pero se han sustituido en parte por el acoso vía redes sociales, lo cual es una evolución muy lógica de la fórmula original de la película. Y, por último, el piloto ha tenido un par de esas pildoras de metacine y autorreferencialidad que hacía un momento os decía que eran lo que le daban su sello a la trilogía original de películas.

Igual que en las películas el maravilloso Randy, friki del cine slasher, nos explicaba las reglas de estas películas, en la serie nos las dejan claras desde el principio: vivimos en la era de la televisión, que es el nuevo cine, y aquí no se trata solo de matar a los personajes, sino que primero vas a conocer sus vidas, engancharte a sus tramas y cogerles cariño, para que así cuando mueran, duela más. Muy Juego de tronos, muy actual.

Además, a mí (y me imagino que a otros muchos fans) me ganaron con ese guiño a la película original en que la amiga casquivana de la protagonista da una fiesta en su casa en plena oleada de crímenes y se va sola al garaje diciendo aquello de "I'll be right back". La escena remite a una de las más emblemáticas de la saga, la de Rose Mcgowan y la gatera.

Para mí esta escena fue el mensaje a los seguidores de la saga cinematográfica de que van a intentar mantenerse fieles al espíritu de esta. ¿Lo conseguirán? Después de haber visto el piloto, os confieso que empiezo a tener esperanzas de que lo logren; por lo menos durante la primera temporada. Pero ya veremos, que aún quedan muchos episodios por delante y no es tarea fácil.

Top ten tuesday: Libros ultrafamosos que he pasado de leer

Porque yo soy así, porque me encanta llevar la contraria y a veces tengo unos gustos anormales y variables que ni yo mismo entiendo. El caso es que el tema del Top ten tuesday de hoy parece hecho a mi medida, porque podría llenar diarios con todos esos libros que todos a mi alrededor parecen haber leído/adorar salvo yo.

¿He despertado vuestra curiosidad? ¡Empecemos!

Empezamos fuerte, con la parte en que todos me odiáis por decir que fui ese niño que pasó olímpicamente de leerse Harry Potter porque el concepto de escuela de magia le parecía una tontada ya entonces. A pesar de que todo el mundo parece amar esta saga sobre todas las cosas, a mí sigue sin despertarme ningún interés. Algo parecido me pasa con Los Juegos del Hambre, aunque en este caso al menos sí he visto las películas (por presión social y no quedarme en casa mientras mis amigos iban al cine). Y exactamente lo mismo con el primo pobre de este último: Divergente.

Dejando a un lado lo juvenil, en el lado más mierdoso, el de la literatura considerada de baratillo, Cincuenta sombras de Grey no tiene sitio en mi vida (a pesar de que la primera media hora de la película es, y lo digo sin ápice de ironía, la mejor comedia que he visto en lo que va de 2015). Más de lo mismo para El código Da Vinci o cualquier otro libro conspiranoico (para eso ya están los episodios de Cuarto Milenio, que le hacen perder a uno menos tiempo). Y tampoco pierdo el tiempo con El Alquimista ni nada de este autor, cuyos mundos de Yupi os voy a confesar que siempre me han dado un poco de mal rollo.

Entre los grandes nombres, ni el archifamoso El nombre de la rosa de Umberto Eco ha llamado mi atención ni he tenido ánimo para leer jamás El diario de Ana Frank.

Y si nos ponemos fantásticos, la obra de Tolkien me causa pereza infinita (no me apedreéis, por favor), y aunque de El señor de los anillos llegué a leer cincuenta páginas de "mire usté, aquí esta la Comarca. Mírela; más bonica que las pesetas", no creo que eso cuente como lectura. De La historia interminable no llegué a leer ni una página (lo sé, no tengo infancia), cosa rara, porque Momo, del mismo autor, es uno de los primeros libros "adultos" que recuerdo haber leído y que me tiene enamorado desde entonces. Quizá fuera por la película..., porque tengo el recuerdo de que resultó muy perturbadora para mi mente infantil (qué miedo daba aquel bicho que supuestamente era un dragón pero parecía un perro estirado).


Después de este bonito repaso por todo lo que no he leído, a veces por prejuicios, a veces simplemente por falta de interés, ya podéis odiarme y dejar de seguir el blog. O por el contrario, podéis dejarme en los comentarios esos libros que todo el mundo parece haber leído y de los que vosotros pasáis, así me sentiré mejor.

Adquisiciones de primavera (II)


Sed cordialmente bienvenidos a la entrada más retrasada de la historia. Entre pitos y flautas, ha pasado ya un mes desde que subí la primera parte (por si os la perdisteis, aquí la tenéis). En esa primera parte os enseñaba los libros nuevos adquiridos durante los tres mesecillos de primavera, y en esta segunda, traigo los de segunda mano.

No me entretengo más y paso a los libros, que son unos cuantos.


1. Los Borgia, de Mario Puzo — Para los que no lo sepáis, se trata del autor de El padrino. Los Borgia es una familia que siempre me ha interesado mucho y de la que tengo pendiente aprender más (tengo la serie de televisión pendiente también), y este libro estaba a dos lereles y me parecía una manera estupenda de hacerlo.

2. La dama de blanco (dos tomos), de Wilkie Collins — Un libro y autor al que tengo muchas ganas. Esta es su obra más conocida y hay decenas de ediciones, todas muy bonitas en comparación con esta cutrecilla, pero aparte de barata, son dos volúmenes con un tamaño de letra grande y márgenes amplios, y a veces eso es mejor que una portada bonita, sobre todo si lo que vas a leer es una novela compleja y larga.



3. Los restos del día, de Kazuo Ishiguro — Otro autor y novela a los que tenía muchas ganas. La edición es bastante potable, salvo por la parte de que han escrito mal el nombre del autor (salvo que yo lleve años viviendo en un engaño).

4. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway — Dicen que es de esas novelas que hay que leer sí o sí, aunque sea para saber que no te gusta. Yo no tengo ninguna fe, no os voy a engañar, ni hacia esta historia en concreto ni el estilo de Hemingway en general. Aunque seguramente influya que tengo ciertos prejuicios hacia el autor como persona, eso es cierto.

5. La oscuridad exterior, de Cormac McCarthy — En este hombre sí que tengo muchas esperanzas depositadas. Todas sus novelas me parecen muy atrayentes en cuanto al planteamiento inicial, así que voy a empezar con esta misma y, si me gusta, seguro que leo el resto.


6. Agosto, de Tracy Letts — Teatro sobre familias disfuncionales con personajes femeninos potentes podría ser perfectamente mi apellido (pero no). Así que sí: me encantó la adaptación cinematográfica, me encantó la obra leída y estoy seguro de que, de haberla visto, incluso me habría gustado esa versión teatral en la que Carmen Machi es Julia Roberts. Reseña aquí.

7. La señora Dolloway, de Virginia Woolf — Mi actual lectura. Otra autora a la que llevaba tiempo queriendo leer. Me fascina su historia personal, pero parece ser que es de esas escritoras que amas u odias, así que me acerco a su novela más conocida con cierta precaución.

8. Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck — No os acordaréis ya, pero os hablé de cuánto lo deseaba hace ya muchos meses (aquí). La edición es una basura, así, con todas las letras (casi todas las de Edhasa lo son): dimensiones rarunas, tapas de mala calidad que encima doblan mal, letra minúscula, márgenes que no existen... Y aun así, para mí es la joya de este book haul, fijaos hasta donde llega mi fanboyismo con Steinbeck. No creo que lo lea en un futuro cercano, porque es lo último que escribió el autor y encima lo dejó inacabado antes de su muerte, así que mi TOC me empuja a leer primero el resto de su obra antes de lanzarme con esta. Pero al menos ya me he hecho con él, que es un libro difícil de conseguir.


Y todo esto por unos 25€. Aunque de momento solo he leído uno y no sé cómo van a resultar los demás, no podría estar más satisfecho con la compra.

¿Alguno os llama especialmente la atención? ¿Os gustan más estos o los que os enseñé en la primera parte? Contadme, contadme.

Repaso de junio


Junio, junio, junio. La primera mitad no dio mucho de sí, por lo que ya os conté en su momento, pero estoy muy contento con la segunda quincena, porque he encadenado un par de lecturas estupendas y además he leído un clásico de la literatura hispanoamericana al que le tenía ganas desde hace muchos años (aunque este lo he terminado hace un ratito, así que contará para el mes de julio). Con las películas la cosa sigue floja, y en las series, pues ya veis, a mi ritmo enfermizo habitual.


LIBROS

1. Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler ★★★★
2. Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron ★★★★


PELÍCULAS

1. Lucky Them (2013): 8/10. Crítica.


SERIES

1. Hemlock Grove (Netflix, USA), segunda temporada — En la línea de la primera. Una vez te acostumbras a su mundo loco, tiene su encanto. Eso, y el bromance absoluto de los protagonistas.
2. Boardwalk Empire (HBO, USA), segunda y tercera temporada — La segunda, exquisita. En la tercera se nota un bajón impresionante, aunque al final remonta un poco y se pone interesante, pero aún así... Se me van a hacer cuesta arriba las dos que me quedan para cerrar la serie
3. Survivor (CBS, USA), trigésima temporada — Me ha gustado menos que las últimas; la mayoría de concursantes me han resultado anodinos y le han dado la victoria en bandeja al ganador, pero sigue siendo mi programa de televisión favorito.
4. Sense8 (Netflix, USA), primera temporada — Una agradable sorpresa. Ya os dejé aquí mis impresiones.
5. Nurse Jackie (Showtime, USA), séptima temporada (última) — Entretenida, pero realmente la serie podría haber terminado en la tercera temporada sin problemas.




Y hasta aquí junio. Con suerte julio me cundirá más en cuanto a lecturas, ya os iré contando. ¿Qué tal vuestro mes?