Repaso de lecturas (nivel: extremo)

Agosto está llegando a su fin, y con la llegada de septiembre, tengo toda la intención de retomar el ritmo del blog y volver a traer entradas con contenido después de este parón de un mes que he hecho. Antes de eso, no obstante, y aprovechando que el mes que viene el blog entrará en una nueva etapa y sufrirá algunos cambios (en principio mi intención es cambiar el diseño y ya, no os vayáis a creer...), quería hacer esta entrada que llevaba tiempo planeando: una especie de repaso/índice de las lecturas que llevo hechas este 2015. Es casi más para mí mismo que para vosotros, porque me gusta la idea de tenerlo aquí ordenadito y no solo en mi perfil de Goodreads.

Sin más dilación, estas han sido mis lecturas de estos primeros ocho meses del año, por si os habéis perdido alguna. Os dejo enlace a las reseñas, cuando las haya, en las portadas correspondientes.


★★★★★ | 5 estrellas

   
 


★★★★ | 4 estrellas

   
   
  


★★★ | 3 estrellas

   
   
   
 


★★ | 2 estrellas

  


Nueva editorial independiente: Escarlata Ediciones


Ya había escuchado hablar de ella hace unas semanas, pero ahora que se acerca septiembre, que tengo entendido que es el mes que se ponen en funcionamiento, quiero presentaros esta nueva editorial. No suelo dar publicidad a editoriales, pero la política que van a intentar seguir me parece tan buena y tan necesaria en el mercado editorial español, que no podía no compartirlo. Así que aquí os dejo su web y sus redes:



En este momento, están recibiendo manuscritos de todo tipo. Os copio el anuncio que han puesto en su página web:


¿Tienes un talento especial para las palabras? ¿Tienes una doble vida como escritor? ¿Eres de los que escriben furtivamente en la oficina? ¿Te pasas las clases de la uni acabando esa novela que tienes entre manos en lugar de tomar apuntes? No te lo pienses, estamos buscando manuscritos.

Nos gusta la literatura de género, esa que no puedes dejar de leer porque te tiene tan enganchado que no duermes, no comes y solo piensas en qué es lo que va a pasar después. A continuación os dejamos una lista de aquello que nos interesa publicar. No obstante, esto es una guía aproximada, y no nos atamos de manos. Si vuestra novela no encaja exactamente en estos géneros pero creéis que puede interesarnos, no os cortéis y enviádnosla.

– Novelas románticas en todas sus variantes (erótica, chick-lit, paranormal, histórica, new adult, homo-romántica, landscape, hen-lit, etc.)

– Novelas juveniles en todas sus variantes (ci-fi, fantástica, contemporánea, etc.)

– Cuentos y novelas infantiles para cualquier rango de edad (incluye libros ilustrados).

– Novelas históricas.

– Novelas de fantasía.

– Novelas de ciencia-ficción.

Recuerda que somos una editorial al uso y no cobramos nada a nadie por publicar. Lo único que te pedimos es:

– Que el manuscrito esté acabado.

– Que sea original y no haya sido publicado con anterioridad.

– Que nos lo envíes en formato .doc o .docx.

– Que adjuntes una carta de presentación tuya y de la obra.

¡Tienes la oportunidad de ver tu novela publicada! Si tienes un original, no dudes en enviarnos el manuscrito a manuscritos.escarlataed@gmail.com

Relato: Elliot (2)

Foto: Unsplash

Inna no había sido la primera. Antes de ella hubo otras. Muchas.

Su madre —que ahora cumplía condena en una penitenciaría de Pittsburgh— solía decir que en aquella familia todos llevaban más amor de lo normal dentro, y que por eso el padre de Elliot tenía otros tres hijos con mujeres diferentes. Más tarde, una psicóloga a la que los Servicios Sociales le obligaron a ver durante un par de meses le dijo a Elliot todo lo contrario: que se enamoraba tan a menudo porque su familia no le había dado cariño durante su infancia.

Sea como fuere, Elliot tenía tendencia a encapricharse de una chica distinta cada semana. Normalmente las cortejaba durante un par de horas —días, a lo sumo—, se las llevaba a la cama y luego las olvidaba. Algunas se enfadaban y aparecían por el Succubus quejándose de que no las hubiera vuelto a llamar, y él nunca sabía qué responderles, porque Elliot no concebía el sexo sin amor, y no era su culpa que, casi siempre, el amor se esfumara después de la primera noche.

Otra psicóloga, Mary Joy Hartinger, una borracha que se pasaba los fines de semana bebiendo sola en la barra del Succubus, le dijo una vez que «estaba estropeado y no sabía querer». Eso lo dijo después de chupársela en el baño, porque Mary Joy siempre estaba bebiendo o haciendo mamadas cuando estaba en el bar.

Por eso se alegraba de que Inna fuera lesbiana, porque si lo pensaba detenidamente, quizá sí que estuviera estropeado, y le daba miedo que si se acostaba con ella dejara de amarla.

La gente hablaba pestes del amor, y de cómo te rompe el corazón y te quita el apetito, pero a Elliot le gustaba la sensación. Igual que le gustaban las películas tristes o los libros de Shakespeare en los que todo el mundo moría al final. No había leído a Shakespeare ni iba mucho al cine, pero le gustaba el concepto de la tristeza. Lo hacía sentir mal, y a veces, si no había nadie en la habitación, hasta lloraba, pero al mismo tiempo disfrutaba. Mary Joy Hartinger también tenía un diagnóstico para eso: «eres masoca, chaval». Y quizá sí que lo fuera.

Así que no quería dejar de estar enamorado de Inna, porque la tristeza, la melancolía y la falta de apetito le gustaban. Y ya sabía cómo se sentía uno cuando no estaba enamorado, y no era algo que echara de menos.

Recordaba especialmente a una chica: Cathy. Cathy era la única —aparte de Inna— a la que no había podido llevarse a la cama tras más de dos meses detrás de ella. Era una chica fina y de buena familia, virgen, con una beca completa para estudiar en Dartmouth y convertirse en pediatra. Cuando venció los reparos d ella, empezaron a salir. Para una chica como Cathy era difícil resistirse al influjo chico peligroso que trabajaba de portero en un bar con mala fama. Fue un noviazgo bonito: iban al cine todos los viernes que Elliot libraba y compartían los auriculares del reproductor de música por la calle. Pasados unos meses, hicieron el amor. Estuvo bien, fue suave, pero a Elliot también le gustaba suave a veces. Con todo, a la mañana siguiente, cuando abrió los ojos, miró a Cathy a su lado en la cama y se dio cuenta de que ya no estaba enamorado. Se puso los pantalones y se marchó.

No volvió a llamarla ni a responder a sus mensajes; esperó a que el silencio hablara por él y dijera lo que él no se atrevía a decir.

Un sábado por la noche, dos semanas después, Cathy apareció en la puerta del Succubus, muy delgada y con cara de haber llorado. Le gritó palabras muy feas y le dijo que no quería volver a verlo, que se marcharía a Dartmouth en dos meses y se haría pediatra, y conocería a un cirujano bueno y amable con el que se casaría y tendría muchos hijos a los que educaría para que no se parecieran a Elliot.

Él la miró con lástima y le deseó que fuera así.

Por más que quiso, no fue capaz de sentir nada cuando la vio alejarse.

Y entonces comprendió lo duro que era no querer a alguien y lo idiotas que eran aquellos que renegaban del amor.

Relato: Elliot

Foto: Unsplash

Los jueves eran tranquilos en el Succubus. Era noche de mitad de precio para universitarios y el local se llenaba de niños de papá demasiado mimados como para poder causar auténticos problemas. Por supuesto que se peleaban por una chica de cuando en cuando o se hacían los duros con él si les decía que el aforo estaba completo, pero normalmente bastaba con una mirada severa para mantenerlos a raya. En el peor de los casos, con apartarse a un lado la chaqueta y dejar ver la pistola metida dentro de los pantalones era suficiente. Nada que ver con la clientela habitual del Succubus, una escoria contra la que Elliot malgastaba sus energías noche tras noche.

Así que los jueves, de pie frente a la puerta del local, Elliot dejaba volar la mente y pensaba en otras cosas que no eran el allí y el entonces. Durante los últimos seis jueves seguidos, esa otra cosa tenía nombre ruso y menos curvas de las que le habrían gustado: Inna.

El que hubiera dicho eso de que uno no puede echar de menos lo que nunca ha tenido no conocía a Inna. Elliot no la había tenido nunca —el verbo tener no se podía conjugar con ella—, y, sin embargo, no se la podía sacar de la cabeza. Sus piernas largas de palo, su pecho plano, la melena mal teñida de un rubio sucio, la leve separación entre sus paletos… A veces, si estaba más melancólico de la cuenta, incluso echaba de menos la manera en que lo despreciaba con la mirada mientras se iba al baño con alguna otra zorra lesbiana.

Se conocieron cuando él la pilló intentando colar veinte gramos de coca en el local. Inna le miró a los ojos y le preguntó su nombre: «¿Elliot? ¿Como Billy, el pequeño bailarín homosexual?». Y ahí se prendó de ella. ¿Qué podía decir? A Elliot le gustaban las mujeres duras, e Inna era Siberia en el mes de enero sin calefacción.

Sin embargo, aquel jueves fue diferente a los demás, y no pudo echar de menos a Inna, porque Inna estaba allí, esperando en la cola para entrar con su bolsita de coca apenas escondida entre las tetas y un maquillaje hecho a base de puñetazos.

—Es jueves —le espetó Elliot cuando la tuvo ante sí.
—A los universitarios les gusta la coca.
—No puedes meter coca en el local.
—Vale. —Se llevó un dedo al escote y hundió más la bolsa entre sus pechos enanos.

Elliot fingió indiferencia y le hizo una seña para que entrara. Cuando ella ya estaba abriendo la puerta, sin volverse para mirarla, añadió:

—¿Qué te ha pasado en la cara?
—La vida.
—Pues la vida debe de tener una buena derecha.

La oyó reír mientras entraba en el Succubus y se perdía entre los estúpidos niños ricos.

Agosto, agosto, agosto...


No me refiero a este Agosto, sino al de verano, sol, vacaciones y todo eso.

Ya sabéis que la actividad en la blogosfera baja mucho este mes, y como los descansos nos vienen bien a todos, voy a aprovechar para tomarme uno yo también para volver con mucho más ritmo en septiembre.

Esto no significa que el blog vaya a estar totalmente inactivo durante el mes. Voy a intentar programar algunas entradas aquí y allá, pero en general serán cositas rápidas y ligeras, en lugar de entradas más elaboradas de reseñas y demás.

También aprovecharé para pasarme de vez en cuando por los blogs de los valientes que no os toméis un descanso este agosto. A los demás, os leo en septiembre, y espero volver con muchas cosas interesantes que compartir con vosotros.

¡Disfrutad de agosto!

Repaso de julio


Después de unos meses bastante poco productivos entre una cosa y otra, en julio he recuperado ya del todo mi ritmo de lectura habitual de un libro por semana y he visto alguna que otra película, que llevaba ya casi desde los Oscar sin ver más de una o dos por mes. 

Aquí os dejo un resumen de todo.


LIBROS

1. Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos ★★. Reseña.
2. Las uvas de la ira, de John Steinbeck ★★★★ Reseña.
3. Los vagabundos de la cosecha, de John Steinbeck ★★★
4. La oscuridad exterior, de Cormac McCarthy ★★★. Reseña.
5. A merced de la tempestad, de Robertson Davies ★★★★


PELÍCULAS

1. Jurassic World (2015): 7/10
2. Coherence (2013): 8/10
3. The riot club (2014): 6/10
4. It follows (2014): 7/10
5. Two night stand (2014): 8.5/10
6. Alex of Venice (2014): 7/10
7. Halloween (1978): 7/10


SERIES

1. Orphan Black (Space/BBC America, Canadá), tercera temporada — Tatiana sigue excelsa, pero la fórmula de la serie ya empieza a cansarme. Parece que en la cuarta van a volver a la relativa sencillez de la primera temporada, y creo que será lo mejor.
2. Catastrophe (Channel 4, UK), primera temporada — Ya os conté mis impresiones en esta entrada.
3. Community (Yahoo!, USA), sexta temporada (¿última?) — Six seasons and a movie. La sexta temporada solo era un trámite necesario para la película, creo que todos lo teníamos claro, porque con la mitad del elenco original ausente la temporada no podía estar a la altura. Eso sí, la escena final de la temporada (¿de la serie?) es una maravilla a la altura de la mejor Community.
4. Un-Real (Lifetime, USA), primera temporada — A falta de que este lunes se emita el último episodio, es el sorpresón del verano. El mejor guilty pleasure desde hace un par de años, y encima a veces hasta te hace reflexionar.
5. My mad fat diary (E4, UK), tercera temporada (última) — Menos mal que es el final de la serie, porque en esta temporada las idas y venidas de Rae empezaban a ser insoportables (un personaje no puede tener media docena de amagos de recaída y recuperación total en tres episodios de apenas cincuenta minutos). Eso sí, la han cerrado muy bien. El mensaje final me parece maravilloso.



A este mes de julio ya veis que le he sacado bastante jugo. ¿Qué tal el vuestro?