Reseña: "Levadura de malicia", de Robertson Davies



Hace unas semanas compartía con vosotros uno de mis últimos descubrimientos literarios: Robertson Davies, un escritor canadiense que empezó a publicar allá por los años 50, siendo un hombre maduro, y que estructuró sus novelas en trilogías formadas por novelas independientes entre sí, pero que comparten algunos personajes. Con A merced de la tempestad daba comienzo a la Trilogía de Salterton, una serie de novelas costumbristas acerca de la vida de los habitantes de la ciudad ficticia de Salteron. Poco después de terminar la novela, fui en busca de la segunda de la trilogía, y ahora no podría estar más maravillado con este autor.

La primera vez que oí hablar de Davies (no recuerdo exactamente dónde; seguramente en algún blog), tuve la sensación de que me iba a gustar la obra de este hombre, y parece que no me equivocaba. Si A merced de la tempestad me pareció un bonito homenaje a Shakespeare por parte de un hombre del teatro y una excelente comfort-reading, esta Levadura de malicia sigue en la misma línea e incluso se eleva por encima de su predecesora.
Solly estaba deshecho porque creía que le habían roto el corazón. Es muy probable que fuera cierto en el sentido que se da normalmente a esa expresión. Casi todos los corazones que valen algo se rompen dos o tres veces en la vida. Sanan, desde luego, y en general se fortalecen, pero cada vez que se rompen pierden algo esencial. 
En esta ocasión, lo que sacude la vida de loa vecinos de Salterton no es una representación teatral, sino una nota publicada en la sección de sociedad del periódico local. En esta nota, dos de sus vecinos anuncian su boda para el próximo mes. El problema es que la noticia es falsa, una broma orquestada por algún otro habitante de Salterton. El chico y la chica son jóvenes y están solteros, así que la broma no tendría que haber supuesto un problema para nadie, pero en Salterton cualquier minucia se convierte en un drama, y esta nota en el periódico va a alterar las vidas de todos los vecinos.

Levadura de malicia retoma a Solly, uno de los protagonistas de la primera novela de la trilogía, así como a otros personajes que también aparecieron en ella aunque de forma más secundaria: Pearl, su padre el profesor Vambrace y el organista Humphrey Cobbler, entre otros. A estos se suman otros nuevos, periodistas y abogados envueltos en el asunto de la nota aparecida en el periódico, principalmente. En conjunto, todos forman un elenco de personajes divertidísimo, unos ridículos, otros odiosos y casi todos entrañables. Igual que en la primera novela, Davies es capaz de caracterizar a todos los personajes, incluso los más secundarios, en pocas escenas, pasando de uno a otro con una maestría admirable.

En cuanto a la narrativa de Davies, esta sigue siendo igual de rica. Si cabe, he notado una ironía aún más afilada en esta novela que la anterior, y algunas escenas y personajes me han tenido tirado por el suelo de risa. No voy a decir que llegue al nivel de la Austen, porque eso son palabras mayores, pero su retrato de esta ciudad de provincias de la Canadá de mediados del siglo XX es divertidísimo y entrañable, principalmente gracias a la forma que tiene el autor de narrar. Pasa de las referencias eruditas al chascarrillo fácil con mucha facilidad, y en ambos registros se maneja bien.

¿Qué más podría decir sin empezar a repetirme como un disco rayado? A merced de la tempestad me gustó mucho, pero Levadura de malicia sencillamente me ha enamorado. Más allá de la impresión que puedan causar este autor y sus novelas, os lo recomiendo (al menos esta trilogía) a todos los que seáis amantes de ese costumbrismo anglosajón tan típico del siglo XIX, porque en las novelas de Salterton hay mucho de eso, y estoy seguro de que, como yo, quedaréis prendados de los excéntricos (y melodramáticos) vecinos de esa pequeña ciudad canadiense.


★★★★★

Reseña: "Retorno de Brideshead", de Evelyn Waugh

Fotograma de la miniserie Brideshead revisited (1981)
Hay libros que te pillan por sorpresa, de los que piensas que, en el mejor de los casos, podrían gustarte, pero luego resulta que te vuelven loco. Algo parecido me ha pasado con Retorno a Brideshead, una novela por la que siempre había sentido curiosidad, pero de la que ni de lejos esperaba tanto.

En mi defensa he de decir que uno tampoco puede esperar maravillas de un libro que se abre con un prólogo del autor explicando que escribió la novela durante una convalecencia y que, poco más o menos, estaba tan hastiado y colocado de medicinas que la obra resultante fue un churro pretencioso y con una prosa demasiado enrevesada. Eso dice don Evelyn Waugh al lector a modo de advertencia, y se queda tan ancho. En cierto modo, me recuerda al célebre prólogo que le escribió Charlotte Brontë a Cumbres borrascosas, ya muerta Emily, en el que, para defender la obra de los críticos de aquel entonces, excusaba a su hermana viniendo a decir que era una paleta de campo con muchos pájaros en la cabeza y que por favor la disculparan, en lugar de decir simple y llanamente que tenía una pluma privilegiada y que (aviso: opinión impopular) Cumbres borrascosas se folla a Jane Eyre tres veces y media.

En fin, dejando las digresiones a un lado, tras esta advertencia ominosa del autor se abre una novela que nos sitúa en la madurez del narrador, Charles Ryder, al que la guerra lleva hasta el castillo de Brideshead, un lugar en el que pasó algunos de los años más felices y más tristes de su vida, y que de inmediato comienza a recordar y a narrarnos. La historia se traslada entonces a la época de estudiante en Oxford de Charles, cuando entabló una ambigua amistad con Sebastian Flyte y, casi sin comerlo ni beberlo, se vio inmerso en los dramas de los Flyte hasta convertirse casi en uno más de la familia.
—A veces —dijo Julia—, siento que el pasado y el futuro se acercan con tanta fuerza por ambos lados que ya no queda sitio para el presente.
Como se puede deducir de lo anterior, el argumento de Retorno a Brideshead no se sale de lo corriente en este tipo de novelas: castillo, nobles, cenas, jóvenes privilegiados que se despendolan en Oxford, la guerra... Seguro que habéis visto este capítulo de Downton Abbey. La novela es eso, no hay nada demasiado original o interesante en las peripecias de los personajes a lo largo de estas trescientas cincuenta páginas. No, el atractivo, al menos para mí, reside en la propia psicología de estos personajes, en sus relaciones y el tono poético, meláncolico, simplemente indescriptible, que Waugh le impone a la novela.

El libro se estructura en tres partes, la primera de las cuales abarca casi la mitad del libro y se centra en el personaje de Sebastian y la relación de Charles con él. Aunque sé que este tendría que parecerme uno de los puntos fuertes de la novela, es precisamente la parte que menos me ha gustado. Hasta aquí, la novela sencillamente me estaba entreteniendo, y a veces hasta llegaba a resultarme tediosa. Me gusta un personaje atormentado más que a un tonto un lapicero, pero con Sebastian nunca he llegado a conectar, y su tormento interior me parece más bien una chorrada superficial. Su hermana y su madre, incluso su padre, que apenas aparece en la historia, me resultan mucho más interesantes.

A partir de la segunda parte, el tono de la obra cambia, se abre más allá de Sebastian y se impregna de ese aire melancólico del que os hablaba antes. Desde aquí y hasta el final, mi enamoramiento ha sido absoluto. Tanto que compensa esa primera parte que por momentos llegó incluso a arrancarme algún bostezo. 

Es algo muy personal (¿acaso no lo es siempre?) y quizá este sea uno de esos libros que harán sentir de un modo diferente a todo el que lo lea, porque, en efecto, tiene fallos, bastantes y, en mi opinión, evidentes. Es uno de esos libros con los que el factor emocional es determinante, y al que conecte con él le parecerá una obra maestra, y el que no, seguramente no entienda cómo a alguien puede gustarle un libro tan pretencioso y con tantos defectos.

No lo sé... Creo que el propio Waugh es la prueba viviente de este efecto. Escribió la novela, unos años después la releyó con otro estado de ánimo y, leído el prólogo a la nueva edición, casi da la impresión de que le horrorizó; y sin embargo parece que años después se refirió a ella como su gran obra. Eso es Retorno a Brideshead, una novela con fallos, incoherente a veces, pedante otras y escrita con una prosa ornamentada que a muchos (al propio autor) podrá parecerles cansina. Y sin embargo, tiene personalidad, un encanto especial que suple cualquier defecto.

Después de todo esto, comprenderéis que os recomiende este libro sí o sí. Para que lo améis o para que lo odiéis, eso no lo sé, pero tenéis que leerlo.


★★★★★

Reseña: "La cicatriz", de China Miéville

En la foto: China Miéville
China Miéville es el niño maravilla de la fantasía-ciencia ficción. Bueno, no tan niño ya, porque pasa de los cuarenta, pero antes de cumplir los treinta y con solo tres libros en el mercado, ya había estado nominado a todos los premios a los que un escritor de estos géneros puede aspirar. Paralelamente, ha desarrollado una carrera política, como estudioso y como activista, y, básicamente, es uno de esos ejemplos vivientes que sirven para desmentir el mito de que los genios escriben narrativa y los tontos imaginativos fantasía o ciencia ficción. Que es triste, pero sigue habiendo gente que lo piensa.

Hasta hace unas semanas, mi único contacto con la obra de Miéville habían sido unas escasas treinta o cuarenta páginas de una de sus novelas más conocidas, La estación de la calle Perdido (que es la primera de sus publicaciones ambientada en el mundo de la que os traigo hoy, por cierto). Como tantos (TANTOS) buenos libros, lo abandoné sin apenas haber empezado porque en aquella época estaba empeñado en intentar leer en formato digital, a pesar de que me había dado cuenta de que no era lo mío y me hacía dejar a medias novelas que, en papel, me habrían interesado.

En fin, dejando mis miserias a un lado, de esto han pasado por lo menos cuatro o cinco años, pero yo no me había olvidado de mi deuda con Miéville, por eso, cuando me encontré con La cicatriz y vi que, para más inri, era una pseudo continuación La estación de la calle Perdido (en realidad no: mismo mundo, pero historias completamente independientes), no tuve dudas. Iba, eso sí, con mucho miedo y casi convencido de que el resultado sería ni fu ni fa. Por suerte, estaba equivocado.

La cicatriz cuenta la historia de Bellis Gelvino [que, ojo al dato, en el original en la lengua de Shakespeare se llama Bellis Coldwine; no entiendo la tontería de la traducción, y encima mezclando catalán y español, o vete tú a saber qué]; como digo, la novela nos presenta a Bellis Gelv, Bellis, una lingüista que se ha metido en líos en su ciudad natal, Nueva Crobuzon, y decide poner tierra de por medio enrolándose en una misión para trabajar en unas colonias de su país en la otra punta del mundo. A bordo del barco, además de voluntarios como ella, viajan también delincuentes condenados a trabajos forzados, conocidos como "rehechos", que a su vez ya han recibido como primer castigo ser objeto de experimentaciones que pueden ir desde insertarles tentáculos en mitad del pecho hasta cortarles las piernas y sustituírselas por unas ruedas. Y a esta mezcolanza de individuos de lo más particulares hay que añadirle que el mar es un lugar muy peligroso y en el mundo de Bas-Lag los piratas también existen.

Contaros más sería arruinaros muchas sorpresas. Es más, os aconsejo que, si podéis, evitéis leer la sinopsis de la contraportada de la edición española; porque aunque no spoilea, sí que es bastante poco sutil con las cosas que sugiere, y no hace falta ser una lumbrera para ver venir ciertos giros a partir de lo que dice.

Llegados a esta parte, debería hacer una crítica mínimamente razonada de la novela, pero casi me apetece más deciros que es una joya, que es uno de los libros más originales que he leído dentro del género y que os encantará (y seguro que incluso más que a mí, que ya os he dicho muchas veces que con la ciencia ficción tengo una relación complicada). Aun así, voy a intentar hacer lo que debo hacer y hacer una reseña con sustancia.

Había oído decir que China Miéville era un autor lento, complicado, que hacía falta al menos un centenar de páginas esforzándose para empezar a disfrutar sus libros... En fin, poco más o menos había escuchado opiniones de que Miéville te folla la mente sin piedad durante las primeras cien páginas y, solo cuando te acostumbras, deja de doler y empiezas a disfrutar (perdonad el símil, pero no tengo ninguno más fino en la recámara). Pues bien, no sé si será que esta novela es más ligera o que yo he tenido un par de lecturas duras en estos meses de atrás, pero La cicatriz me atrapó desde la primera página.

Es cierto que el mundo de Bas-Lag es complejísimo y que Miéville no dedica páginas a explicártelo al detalle, que te suelta en mitad de su mundo y te va lanzando nombres de razas extrañas y países remotos que tienes que ir encajando poco a poco en tu mente a medida que vayas leyendo. Personalmente, siempre he odiado esas novelas de fantasía clásica con olor a rancio que dedican las veinte primeras páginas a cosmogonías o descripciones literales de un mapa que ya viene dibujado en un anexo del libro. Así que, por mi parte, bravo a Miéville por darle un toque de verosimilitud a la historia. Y tampoco creo que no saber exactamente cómo es determinada raza o de dónde vienen sea un obstáculo para la lectura de la novela. En definitiva: si, como yo, teníais la idea de que este autor era un reto intelectual, que os iba a obligar a hacer un esfuerzo de lectura y que lo mejor es dejarlo para una época en que os apetezcan lecturas densas, yo os diría que os olvidéis de esos miedos.

Es verdad que leer a China Miéville no es tan sencillo como leer a Brandon Sanderson, pero es que no juegan en la misma liga. Miéville tiene su propio estilo que va más allá de la frontera de los géneros, y sería incapaz de decir si La cicatriz es más fantasía, más ciencia ficción o, simplemente, ninguna de las dos cosas. Pero tiene algo así como mutantes o cíborgs, piratas, magia, teorías científicas y hasta toques steampunk. Y en conjunto, queda bien. Raro, sí, pero de la clase de raro que apetece seguir leyendo.

Por otro lado, la prosa de este autor está también a otro nivel frente a lo habitual en estos géneros. Me ha parecido muy evidente incluso habiéndolo leído en una traducción, así que me imagino que en su lengua original se apreciará aún mejor.

Si con todo esto no os he convencido para darle una oportunidad a los mundos psicotrópicos de China Miéville, no sé qué más os hará falta. Por si acaso, insisto una vez más en que soy el peor lector de ciencia ficción del mundo, que ni los grandes clásicos del género me suelen gustar, y es raro que disfrute tanto de una novela con fuertes dosis de ciencia ficción. Así que, o bien Miéville es muy superior a la media, o bien yo estoy creciendo como lector (seguramente ambas).


★★★★

Repaso semanal (2)

Esta semana en Internet...


Joe Abercrombie sobre su trilogía "juvenil" (vía La espada en la tinta)

Es una entrevista a Abercrombie: señoría, no hay más preguntas. Aún no le he hincado el diente a esta trilogía de la que dicen que es juvenil (habiendo leído a este hombre me cuesta creerlo, qué queréis que os diga).

Una ortiga habla de sexo (o no) (vía El jardín de las malas hierbas)

Soy muy fan de las malas hierbas y su jardín del mal, creo que ya lo sabéis. Hace unas semanas, Ortiga tuvo la iniciativa de tratar el tema de la sexualidad (en los libros y fuera de ellos) con una serie de entradas muy enriquecedoras. Esta semana ha publicado la segunda entrega.

Curiosidades acerca de Agatha Christie (vía Terreno elevado)

No soy fanático de esta autora, pero si que (como casi todo el mundo, creo) pasé por una etapa de breve de adicción a ella en la que me leí media docena de sus libros y los disfruté bastante. Es verdad que la fórmula se me hizo repetitiva y no he vuelto a Christie desde entonces, pero la recuerdo con cariño (de nuevo, creo que como casi todo el mundo). En Terreno elevado conmemoraron el aniversario de su nacimiento desempolvando algunas curiosidades, y a mí la de la fórmula matemática me ha dejado loco, no os digo más.

Las cosas que no nos contaron sobre escribir (vía Excentrya)

Jaume de Excentrya publicó esta semana una entrada preciosa con la que creo que os sentiréis más o menos identificados todos los que tenéis como hobby escribir. No digo más y os invito a que la leáis si os interesa el tema.

(Mini)Reseña: "Siempre hemos vivido en el castillo", de Shirley Jackson

En la foto: Shirley Jackson
Las novelas originales y diferentes a menudo son las más difíciles de reseñar, porque es complicado dar una opinión elaborada sin destripar lo mejor de ellas. Algo así me pasa con Siempre hemos vivido en el castillo. No es una novela que me haya enamorado, pero es original y muy interesante, y eso, unido a su a brevedad, hace de ella una lectura muy enriquecedora, especialmente para los que seáis aficionados a la escritura u os intereséis por la narratología, porque la narradora de esta obra de Shirley Jackson es un ejemplo digno de estudio.

Como digo, es difícil hablar de este libro sin entrar en spoilers, pero voy a hacerlo lo mejor que pueda.
Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, el hongo mortal. El resto de mi familia ha muerto.
Siempre hemos vivido en el castillo es una historia difícil de encuadrar dentro de un género concreto, pero que bebe mucho de la novela gótica y la de misterio; no en vano, estas son las especialidades de Jackson. La novela cuenta la historia de dos hermanas y su tío inválido; los tres llevan seis años encerrados en su casa en las afueras de un pueblecito de Estados Unidos, y solo una de las hermanas (la narradora) se aventura al exterior una vez por semana para hacer la compra. Según parece, llevan una vida retirada desde que un suceso trágico provocó la muerte del resto de la familia, y procuran mantenerse aislados por miedo a los habitantes del pueblo, que parecen sentir un odio terrible hacia ellos.

Con estos elementos y una narradora, insisto, merecedora de un estudio en profundidad, Shirley Jackson construye una novela corta y adictiva, de lectura muy ligera, en la que el misterio, los secretos y una permanente ambigüedad se dan la mano y mantienen al lector en vilo hasta la resolución de capítulos finales. Todo ello acompañado, además, de un ambiente enrarecido, opresivo y excéntrico, como de circo de los horrores (o de guion de Ryan Murphy, para los que seáis aficionados a las series de televisión).

En resumidas cuentas, Siempre hemos vivido en el castillo no es la octava maravilla, pero está escrita con tanta maestría (y no es nada fácil desarrollar una historia como esta) que es difícil no volverse adicto y seguir leyendo para tratar de comprender qué diablos ocurre en esa casa. A grandes rasgos, ese sería el resumen de todo: "¿qué coño pasa aquí?".

Pero un qué coño pasa aquí muy bien pensado y articulado por parte de una escritora icónica del terror y misterio estadounidenses, que aunque aquí no sea tan conocida, es una de las fuentes de inspiración de grandes nombres actuales del género como Stepehen King o Neil Gaiman.

★★★

Esos días en que uno se alegra de no ser mujer


En serio, lo que tenéis que aguantar en la vida. Para que luego vengan los de Ausonia con su "me gusta ser mujer". Mira que he visto vídeos de estos absurdos de pick up, pero algunos se superan. YouTube tiene cosas maravillosas como la del otro día, y luego basura de este calibre. C'est la vie, que dicen los franceses y los cursis.

Reseña: "Coral Glynn", de Peter Cameron

En la foto: Peter Cameron
Hace un par de meses os contaba las maravillas del primer libro de Peter Cameron que leía, Algún día este dolor te será útil, y me sorprendió tanto su estilo, sutil y ágil pero profundo al mismo tiempo, que no he tardado demasiado en leer otro de sus títulos, Coral Glynn.

Cameron es un autor muy versátil, basta con echarle un vistazo a su bibliografía para darse cuenta. Te pasa de una novela coming-of-age sobre un adolescente privilegiado de la Nueva York post 11-S a la historia de una enfermera errante pobre, sin familia y sin hogar en la Inglaterra post Hitler así, como si tal cosa. Y no sale malparado del salto temporal.

Como digo, Coral Glynn narra las peripecias de una enfermera solitaria (y de carácter un tanto peculiar, todo sea dicho) que comienza a trabajar en una casa de campo inglesa donde viven una anciana enferma y su hijo, otro personaje solitario que no ha superado ni física ni emocionalmente las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Coral y él se conocen, se ven relejados en la soledad del otro, y sus historias quedan entrelazadas. A partir de aquí, se desarrolla una novela de época bastante atípica, donde Peter Cameron plasma una visión original del amor y las relaciones.

No me considero un experto en las historias de época, mucho menos en las de los años que siguen a la Segunda Guerra Mundial, pero he leído más de una y más de dos, y a lo mejor precisamente por eso, Coral Glynn no me ha gustado tanto como esperaba, a pesar de que es una buena novela. Me explico: Cameron me encanta, cada vez me gusta más como narrador, pero creo que su estilo marcado por la sutileza, la falta de adornos en la prosa, los diálogos ágiles y los personajes raritos le va mucho más a ambientaciones contemporáneas y urbanas, como hizo en Algún día este dolor te será útil, que a la campiña inglesa del siglo pasado.

A lo mejor es que soy muy clásico y me gusta la literatura de época con narraciones densas, a veces hasta pesadas, y muchas florituras, un poco al estilo de Retorno a Brideshead (del que os hablaré la semana que viene); y prefiero dejar la prosa desnuda, los diálogos fluidos y el ritmo ágil para ambientaciones contemporáneas. Será eso. Pero es que, no sé a vosotros, pero dentro de mi cabeza hay algo que siente que el tono lento y recargado le queda muy bien a la Inglaterra de 1950, mientras que el rápido, casi acelerado, le va de lujo a la Nueva York de hoy.

Sea como fuere, aunque he disfrutado de la novela más que de otras muchas con ambientaciones similares y me parece que Peter Cameron se ha desenvuelto muy bien, me ha dado la impresión de que desaprovecha un poco sus capacidades en un tipo de historia en la que no encajan tan bien como en otras.

¿Y cuáles son esas capacidades de las que hablo? Básicamente, las que he ido dejando caer a lo largo de los párrafos y que ya destaqué al reseñar el anterior libro del autor: Peter Cameron escribe novelas de apariencia muy ligera, que se leen del tirón sin que parezca que te estén contando nada fuera de lo normal, pero que esconden mucha profundidad dentro de sus diálogos ágiles y cargados de silencios. Es un escritor sutil, no me cansaré de decirlo; algo que rara vez se ve hoy día en un escritor que no sea oriental. Cuenta historias profundas con un ritmo y estilo que las hace pasar por ligeras hasta que uno se detiene un momento a pensar, y a mí, que me gustan los escritores sutiles, esto me parece uno de los mayores dones literarios que puede haber.

En resumidas cuentas, Coral Glynn es una gran novela de época por un autor no tan de época pero al que merece mucho la pena leer. Se lee muy rápido y se disfruta de una manera curiosa, igual de curiosos que son sus protagonistas, personajes extraños y fuera de lugar muy al estilo de Peter Cameron. Una historia con personalidad.


★★★

Repaso semanal

Llevo un tiempo planteándome hacer esto, porque siempre veo un montón de entradas interesantes en vuestros blogs que me encantaría compartir. Así que al final me he decidido y voy a dedicar los domingos a hacer un pequeño compendio de las cosas interesantes que he leído en la blogosfera y en la web en general a lo largo de la semana. No prometo que vaya a ser algo constante, pero si os gusta la idea, intentaré traerlo todos los domingos que pueda.


Esta semana en Internet...


Vientos de invierno se publicará en 2016 (vía La espada en la tinta)

En La espada en la tinta siempre están al día de las novedades de la ficción especulativa y el frikismo en general, y esta semana su web ha sido el primer lugar donde he leído la noticia/milagro de la década: ¡es muy probable que Martin publique el puñetero sexto libro el año que viene! Y parece que llegará en español casi al mismo tiempo. En la entrada completa tenéis todos los detalles.

Ediciones de clásicos, superficialidad, traducciones y demás (vía Telaraña de libros)

Me pirra un clásico, me pirra una edición bonita y me pirra un libro a buen precio. Además, el mundo de la traducción me parece fascinante. Con estos antecedentes, estaba claro que el debate que abrió Oly hace unos días en su blog me iba a motivar. Leed la entrada, y tampoco os perdáis los comentarios. Si es que elegir edición es toda una ciencia...

Así escribía Charles Dickens (vía Librópatas)

Las chicas de Librópatas siempre publican las mejores curiosidades y anécdotas literarias. Esta me ha gustado especialmente: Charles Dickens, su método de escritura y sus manías en general.

Reseña de Los viajes de Tuf (vía Fabulantes)

Otra de Martin, pero es que la reseña Joaquín Torán es lo más de lo más, o al menos a mí me lo parece, porque habiendo leído casi todas las novelas del autor y siendo Muerte de la luz la única que había sido incapaz de terminar (la ciencia ficción y yo..., ya sabéis), había escrito a fuego en mi mente que no me acercaría a Los viajes de Tuf bajo ninguna circunstancia. Pues bien: después de leer esta entrada, me muero de ganas de hacerme con él para leerlo, aun a riesgo de que no vaya a gustarme.

Sobre la mente humana y la normalidad que no existe (vía The geek rawr)

Abbey ha decidido empezar una nueva sección en su blog en la que hablar de problemas sociales, minorías y diferencias que merecen hacerse oír. En esta primera entrega trata el complejo mundo de la mente humana, las enfermedades mentales y los desajustes en general. Muy interesante si os interesan este tipo de temas.

Un mensaje de la escuela de la vida


Sigo el canal de The School of Life en YouTube desde hace mucho tiempo. Diría que es uno de mis favoritos, si no mi favorito, y eso es mucho decir en un universo tan vasto como el de YouTube. Llevaba un tiempo sin pasarme y estos días me he puesto al día con los vídeos atrasados. Os dejo uno que merece la pena. Bueno, todos la merecen, en realidad; os recomiendo mucho el canal, si no lo conocéis ya.

Relato: Elliot (3)

Foto: Unsplash
Se enteró de que los rusos querían matar a Inna a través de un camello que iba todos los sábados al Succubus.

El martes siguiente libraba, así que se presentó sin avisar en el apartamento que Inna compartía con otras cinco rusas, todas putas. Le abrió la puerta una, la menos agraciada, y le dijo que todas las demás estaban ocupadas y que si tenía prisa tendría que quedarse con ella.

—Vengo a ver a Inna.

La puta maldijo en ruso y se metió en la habitación que estaba más cerca de la entrada. Elliot ya conocía el camino, de modo que atravesó el salón sin fijarse en el tío viejo al que se la estaban mamando en el sofá y entró en el cuarto de Inna.

La rusa estaba sentada a lo indio en el alféizar de la ventana, fumando un cigarrillo y hojeando una revista de motos.

—Hace frío. Te vas a constipar. —Elliot cabeceó hacia la ventana abierta. 
—En Omsk este sería el día más caluroso de todo el verano. 
—Estamos en diciembre. 
—Vuestro diciembre es nuestro verano.

Se encogió de hombros y no discutió más. Él llevaba puesta su cazadora de plumas, así que no tenía frío.

—Eres hombre muerto, ¿lo sabías? —prosiguió. 
—Mujer. Soy una mujer. 
 —Ya… No creo que exista la expresión ser mujer muerta
—Pues debería. El inglés es una lengua muy machista.

Inna era especialista en eso, en desviar las conversaciones, especialmente cuando estas eran mínimamente trascendentes. Como aquella vez que, más bebido de la cuenta, Elliot había tratado de confesarle lo que sentía y habían terminado hablando de por qué los alemanes eran los mejores haciendo salchichas.

—Te van a matar, Inna. —Lo intentó de nuevo—. Tienes que desaparecer durante un tiempo. Conozco a un tío que va mucho por el Succubus, el año pasado la policía lo andaba buscando y se escondió tres meses en una cabaña de un pariente cerca del lago. Si quieres, puedo conseguirte las llaves y… 
—No me voy a ir a ningún lado, pequeño bailarín homosexual. 
—¡Pero te van a matar! —insistió—. Dicen que les has robado cinco kilos de coca.

Inna encogió un solo hombro y dio otra calada al cigarrillo.

—Eso es mucha pasta. 
—Ya. 
—Tienes que esfumarte, los rusos no se andan con bromas. 
—No me digas. —Le lanzó una mirada burlona. 
—Te van a matar. —Probó una última vez.

Ella exhaló un largo suspiro y desvió la mirada hacia la calle.

—¿Y a ti qué te importa? 
—No me importa —mintió. 
—Pues ya está. Deja que yo me encargue de mis compatriotas.
—Como veas, a mí me la suda —le espetó—. Solo he venido porque Jack me ha mandado. Dice que eres buena clienta y tal, así que pensó que deberíamos avisarte de que han puesto precio a tu cabeza.

Inna se volvió hacia él una vez más. En esta ocasión, mantuvo la mirada en sus ojos más de lo habitual antes de mascullar:

—De todas formas, no es una cabeza que merezca demasiado la pena. 
—Ya… 
Do svidaniya, Billy Elliot. —Cabeceó hacia la puerta de la habitación. 
—Vale. Hasta luego.

Con un regusto amargo en la boca, se marchó de vuelta a casa.

No quería pensar demasiado en ello, pero ya entonces sabía que aquellas habían sido las últimas palabras que le dirigiría jamás a Inna.

Reseña: "A merced de la tempestad", de Robertson Davies

Fotograma de la película The tempest (2010)
Shakespeare ha dado, a lo largo de todos estos siglos, para innumerables versiones, homenajes, retellings, etcétera. ¡Hombre, claro, es Shakespeare! Lo malo es que su sombra es muy alargada, y a menudo, en cuanto alguien tiene la brillante idea de sacar a pasear al dramaturgo inglés por excelencia, el resultado es un crimen contra la humanidad en forma de libro o película. Por ello, es un gustazo encontrarse con una novela que nombra a Shakespeare y sus personajes un centenar de veces sin defecar en su tumba (metafóricamente; si lo hicieran literalmente me resultaría mucho más divertido).

En A merced de la tempestad, Robertson Davies, uno de los grandes novelistas canadienses de la segunda mitad del siglo XX, nos narra la vida de un grupo de excéntricos personajes de la ciudad ficticia de Salterton que planean una representación amateur de La tempestad, de William Shakespeare. Salterton es una ciudad de provincias muy decimonónica (todo en esta novela es, en realidad, muy de novela del siglo XIX europeo), y un acontecimiento de este calibre enseguida pone patas arriba a sus habitantes. A partir de aquí comienzan las pruebas para elegir a los actores, los preparativos de la obra y toda una serie de enredos sentimentales que pondrán en peligro la representación.

Una de las mayores virtudes de la novela es lo cercana que resulta al espíritu shakesperiano. No al de sus grandes dramas, sino al de sus comedias ligeras o de enredo. No he leído La tempestad (debería haberlo hecho antes de leer este libro; seguro que lo habría disfrutado aún más), así que no puedo saber si comparte el tono de otras comedias de enredo como Mucho ruido y pocas nueces o La fierecilla domada, pero esta novela de Davies sí que tiene un aire que recuerda mucho a estas, y en ese sentido, me parece que el homenaje al dramaturgo inglés está bien logrado.
También ella era víctima de la bibliomanía codiciosa que inflama el pecho como un demonio y que no se aplaca sino comprando a menudo y en gran cantidad. Se trata de una pasión más común e irrefrenable de lo que se supone la mayoría. Los que no la padecen se imaginan que los bibliófilos son seres pacíficos que viven fuera de este mundo, y quizá algunos lo sean, pero otros son capaces de mentir, traicionar y robar por los libros con tanta desesperación y desmesura como el drogadicto por su droga. Es posible que no los deseen todos para leerlos inmediatamente; sólo quieren poseerlos, colocarlos en sus estantes, tenerlos a mano. Los atesoran como se supone que hace un turco con sus concubinas: no para desflorarlas deprisa y corriendo, sino para disponer de ellas a voluntad y disfrutarlas con el pensamiento, más que en la realidad. 
Sea como fuere, A merced de la tempestad es mucho más que Shakespeare, que no deja de ser una anécdota más en la novela. Es un libro que sigue a una decena de personajes de toda edad y condición en las semanas previas a la representación de una obra teatral. En este sentido, el trabajo de Davies como narrador es excelente, y en pocas escenas consigue que su narrador omnisciente nos vaya paseando por las conciencias de todos estos personajes y los dote de vida. Caracterizar tan bien a tantos personajes en solo trescientas páginas y además contar una historia es un mérito que no debería pasarse por alto.

Antes nombraba el siglo XIX (mi predilecto, todo sea dicho), y es que leyendo a Davies, uno no deja de acordarse de las novelas costumbristas de esta época. Tiene todas las características: realismo, personajes variopintos, narrador omnisciente yendo de un habitante de la ciudad al siguiente y una buena dosis de ironía cargada de mala baba; todas las características, en definitiva, del mejor realismo anglosajón. Si acaso, es una versión más breve y algo más moderna de algún clásico decimonónico, lo cual siempre está bien.

Más allá de eso, Davies tiene un estilo muy depurado, a pesar de tratarse de su primera novela publicada. Se nota que era ya un hombre maduro y con experiencia sobrada en el mundo literario y teatral cuando la escribió, porque podría pasar por una obra de madurez de cualquier gran escritor clásico. Me ha gustado tanto que no creo que tarde mucho en leer algún otro de sus libros. Seguramente continúe con las otras dos que tiene ambientadas en la ciudad de Salterton y que forman una suerte de trilogía de novelas independientes entre sí en las que solo se repiten algunos personajes.

En definitiva, A merced de la tempestad es una obra ligera y optimista que mezcla lo mejor de la comedia de enredo shakesperiana y el costumbrismo inglés con la pluma de un narrador que sabe lo que se hace. Más que recomendada.


★★★★

Nuevo diseño y vuelta a la actividad

No sé si os habréis dado cuenta, pero he tenido el blog cerrado a lectores unos días. Era por una buena causa, para poder instalar una nueva plantilla y trastear con ella hasta dejarla adecentada (de esto espero que sí os hayáis dado cuenta). Así que: he aquí el nuevo diseño del blog. ¿Opiniones? El anterior me gustaba porque me va lo minimalista, así que he intentado que este lo siga siendo, pero necesitaba urgentemente una nueva plantilla, porque la anterior me daba un montón de problemas: no me dejaba crear nuevas páginas, poner iconos para compartir las entradas y alguna cosa más. Además, esta plantilla es mucho más cómoda para mí y me da opciones para hacer ciertas cosas sin tener que dar un cursillo acelerado de html vía Google, como me pasaba cada vez que quería hacer un pequeño cambio en la otra.

Eso sí, con el cambio de plantilla, algunas entradas antiguas quedan ahora un poco desagradables a la vista, y hay un par que dan fallos con las imágenes, como la del repaso de lecturas del año (aunque solo es en la página principal; una vez entras a la entrada ya se ve bien). Intentaré ir corrigiendo estos detalles de las entradas antiguas poco a poco según tenga tiempo, pero en cualquier caso espero que a partir de aquí todas las nuevas entradas queden bonitas y sean cómodas de leer. También aprovecho para pedir disculpas por cualquier pequeño bug que haya, que me ha llevado bastante editar todos los detalles menores de la plantilla y seguro que hay cosas que se me han colado (si encontráis algo, hacédmelo saber, por fa).

Para terminar, como novedades, os comento que por fin tengo hecha la sección de Sobre el blog, que hasta ahora era solo un proyecto por culpa del problema que os decía con crear nuevas páginas. Además, ahora que tengo  un footer espacioso, he dejado la barra lateral más despejada y he podido añadir algo que llevaba meses queriendo hacer: ¡recomendaciones!

Como aquí suelo hablar de lo que voy leyendo o viendo, muchas veces se quedan en el tintero lecturas y películas del pasado que me encantan o que vuelvo a ver y me gustaría recomendar, así que he pensado hacerlo desde el sidebar. No sé cuándo actualizaré las recomendaciones (en principio calculo que será algo mensual), pero procuraré que sean siempre libros, películas y series no tan conocidas y promocionadas por los distintos blogs y webs, porque la gracia está en recomendar algo que merezca la pena y que necesite darse a conocer, no el bestseller de turno que todo el mundo conoce ya.

En fin, toda esta lata os la doy para deciros que ahora que tengo al fin el diseño terminado (espero que os guste, porque seguramente se quede con nosotros, salvo pequeños cambios, mucho tiempo), septiembre empieza de verdad para el blog y este vuelve a la actividad. Nueva etapa, nueva temporada o como queráis llamarlo. Pero en realidad es más de lo mismo, solo que con energías renovadas. Espero que sigáis por aquí y me hagáis tan buena compañía como hasta ahora.

Repaso de agosto


Os voy a matar de aburrimiento con tanto repaso, pero da la casualidad de que se acaba el mes de agosto y toca contaros qué he leído/visto en estas semanas. Creo que es el mes que más he leído en toda mi vida en número de libros (mi media suelen ser cuatro-cinco, ya lo habéis venido viendo), pero tiene truco, porque los de Moorcock y el de Shirley Jackson son cortitos y se leen en dos días.


LIBROS

1. Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh ★★★★★
2. Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson ★★★
3. Coral Glynn, de Peter Cameron ★★★
4. La cicatriz, de China Miéville ★★★★
5. A sangre fría, de Truman Capote ★★★
6. Elric de Melniboné, de Michael Moorcock ★★★
7. Levadura de malicia, de Robertson Davies ★★★★★
8. La Fortaleza de la Perla, de Michael Moorcock ★★★


PELÍCULAS

1. Pitch Perfect 2 (2015): 6/10
2. Capote (2005): 8/10


SERIES

1. American Horror Story, cuarta temporada — Muchíiiiisimo más floja que las anteriores (y eso que la tercera ya fue bastante limitada). 
2. Boardwalk Empire, cuarta y quinta temporada (última) — Es una opinión impopular, pero estas últimas temporadas han sido hate-watching total. Me da la impresión de que quemaron todos los cartcuhos demasiado pronto, mataron a todos los personajes interesantes y tuvieron que hacer tramas de relleno con personajes muy aburridos.
3. Humans, primera temporada — Psché, no ha estado mal. El concepto es bueno, pero a nivel de desarrollo, la serie está en el límite de lo anodino. Se puede ver.
4. Pretty Little Liars, sexta temporada (primera mitad) — Pues he logrado ver todos los episodios sin saltarme escenas, lo cual es un logro viendo cómo me aburrían las últimas temporadas. Y resuelven el misterio y cierran tramas, así que tampoco se le puede pedir más.
5. Survivor, séptima temporada — Pearl Islands es una de las temporadas míticas de este programa que tanto me gusta y aún no la había visto. Me gustan más las temporadas modernas, pero para ser de las primeras, tiene muchas intrigas.



A este mes de julio ya veis que le he sacado bastante jugo. ¿Qué tal el vuestro?