(Opinión impopular) El secreto, de Donna Tartt

En la foto: Donna Tartt.

Hay libros que salen rana cuando menos lo deseas. Con la frustración que va a destilar mi reseña sobre El secreto, de Donna Tartt, seguro que alguno pensaréis que me enfrenté a él con pocas ganas de que me gustara, con intención de criticarlo porque la autora es un best seller, etcétera, etcétera. Pero nada más lejos de la realidad. De todos los libros que he leído en lo que va de 2016 (poquitos, por cierto, que llevo un ritmo penoso este año), este es sin duda el que más quería que me gustara, porque a priori tenía todos los elementos para convertirse en un favorito instantáneo. Igual de ahí viene también esa frustración que os digo.

He estado un par de días dándole vueltas a cómo enfocar la reseña, y al final he pensado que lo mejor será copiaros aquí la opinión en caliente que escribí en Goodreads cuando lo terminé, y después matizaré un poco. Cuando un libro no me gusta prefiero esperar un tiempo y opinar más en frío cuando se me pasa ese cabreo que uno se agarra a veces cuando se lleva un chasco de estos, pero es que cuanto más pienso en El secreto, peores cosas tengo que decir, así que voy a quedarme con la mini-reseña original que hice en su momento, porque si no va a ser peor.


El secretoEl secreto by Donna Tartt
My rating: 1 of 5 stars

1,5 más bien.

Opinión impopular, lo sé, pero este libro me parece lo más incoherente e inverosímil que he leído en unos cuantos meses. Está aceptablemente escrito, la idea en sí es buena y se nota voluntad por parte de la autora para contar algo complejo y con unos personajes con profundidad psicológica. La palabra clave es "voluntad", eso sí.

(He leído unas 450 págs y el final; entremedias, he leído algunas páginas en diagonal y mucho resumen de internet, porque tenía miedo de leerlo hasta el final y causarme una lesión cerebral de tanto poner los ojos en blanco).

Mi problema con este libro han sido los personajes. Mira que a mí me gusta una historia de personajes y esta lo es, pero no. En serio, no. Tartt parece que no tiene claro si va a contar la historia de un grupo de sociópatas con complejo de secta y todos los trastornos psicológicos que uno se pueda imaginar o la de unos genios, súper cultos, súper inteligentes, con un punto romántico y encantador a lo "somos almas viejas" (que el pavo tiene 20 años y escribe su diario el latín, ojo). Intentar contar ambas historias a la vez es bastante complicado a priori, y para mi gusto la autora no ha estado a la altura (y se ha quedado bien lejos).

En mi mundo, la sociopatía y los trastornos mentales no te van y te vienen según el capítulo. En mi mundo, uno no comente determinados actos y reacciona a ellos de determinada manera [SPOILER] ("Jo, tío, la gente nos envidia tanto que seguro que nos condenan por asesinato solo por haber matado a un tío drogados hasta las cejas") [/SPOILER] sin tener algún tipo de trastorno mental. Y a mí me encantan las historias de personajes trastornados, lo prometo; pero si te comprometes con un grupo de sociópatas, tira pa' lante. No comprendo eso de que en el primer capítulo mis personajes son gente maravillosa, inteligente y equilibrada, en el segundo son perturbados mentales (y encima MUY tontos), en el tercero gente sana otra vez, y así todo el tiempo. Me ha resultado indescriptiblemente incoherente todo. ¿Los personajes son gente equilibrada o no? Que se aclare Donna Tartt primero, porque si no no hay manera de contárselo bien a los lectores.

Encima me da la impresión de que se idealiza todo de manera romántica a lo "ay, qué jovenes y qué locuelos éramos, ¿eh?", y esto ya es para tirarse por la ventana. No lo digo muy alto porque la segunda parte del libro ha sido lectura diagonal/wikipedia salvo las últimas 20 páginas, pero vamos, que la impresión que me dieron las primeras 500 y el final es ese, una historia al más puro estilo "cosas que pasan" o "son almas viejas, son especiales, pobrecitos".

Como dato aparte, me desorino con que la autora le dedique el libro a Bret Easton Ellis. Ellis, siendo un escritor mucho más limitado en lo que a narrativa se refiere, ha contado media docena de historias de jóvenes sociópatas/trastornados/alienados que terminan cruzando la línea, y, repito, sin ser precisamente obras maestras de la narrativa, las suyas al menos son coherentes (véase American Psycho, Menos que cero, Las leyes de la atracción, etc.) Así que Donna, reina mora, ya podrías haberle echado un vistazo a la bibliografía de tu amigo antes de escribir esto, o, no sé, haber consultado a un psiquiatra que te asesorara o algo, porque en fin.

Para rematar, y sé que voy todavía más a contracorriente con esto, a mí el libro no me parece ni un thriller trepidante, ni adictivo, ni na' de na'. Es más largo que un día sin pan y le sobran fácilmente 300 o 400 páginas. Y ritmo tiene más bien poco (e intriga menos), así que calificarlo de thriller me parece ya para mear y no echar gota.

Vamos, que he disfrutado mucho de la lectura, creo que se palpa :P

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Eso dije en Goodreads, entre cabreado e irónico, y pasados unos días lo suscribo. La novela no está mal escrita, pero, en mi opinión, no hay por dónde coger a los personajes. Sencillamente, tienen poca o ninguna coherencia; no la tienen ni consigo mismos, para empezar. Y mira que es difícil escribir una historia de personajes en la que los personajes no tengan ni pies ni cabeza, pero esta mujer lo consigue.

Le he estado dando muchas vueltas estos días y quizá sea una cuestión de formas distintas de entender el mundo.

Yo soy de los que cree que detrás de todo lo que hacemos tiene una explicación. Si matas a alguien, tiene que haberla también. A lo mejor ha sido un accidente, quizá una enajenación mental del momento, puede que te hayan afectado x sustancias que te has tomado o, simplemente, que tienes algún tipo de problema mental. Vamos, un trastornado de toda la vida, de los que salen en Mentes criminales. Pero hasta para el personaje más trastornado es coherente dentro de sus propias reglas que a nosotros nos parecen sinsentidos.

Lo que me ha pasado con El secreto es que parece que Donna Tartt se tomara el asunto con una frivolidad (o una ignorancia) que no acabo de entender. Hoy mis personajes son gente normal e inteligente, mañana son una secta pseudo satánica, mañana son normales otra vez...; ahora no tienen ningún remordimiento por lo que han hecho (psicopatía de manual), luego se sienten culpables y se dan a la bebida para ahogar las penas... Tan pronto muestran síntomas de no tener una cabeza como la vuestra y la mía (sociópatas como mínimo), pero después se enamoran, y son súper amigos y sienten con la intensidad absurda con la que todos sentimos a los veinte años. De verdad que no consigo encontrarles la coherencia por ningún lado. Como digo en la reseña de Goodreads, es como si Tartt quisiera contar la historia de unos amigos súper chupiguays (un poco consentidos, pero súper chupiguays) y de unos psicópatas en potencia al mismo tiempo. El problema es que ser un sociópata o un psicópata es incompatible con determinadas cosas.

Insisto mucho en esto porque no quiero que quede la respuesta fácil de: "ah, no te ha gustado el libro porque los personajes te caen mal". Para nada. Algunas de mis novelas/películas/series preferidas están protagonizadas por villanos, criminales, asesinos y personajes despreciables en general. Mi problema en El secreto es que nada de lo que cuenta la autora me parece coherente.

Leyendo reseñas en Goodreads, alguien señalaba algo que a mí también me había ocurrido, y que es una muestra muy gráfica de hasta que punto Tartt no es coherente con sus personajes. Resulta que Bunny (que, por otro lado, es el único personaje medianamente bien construido y consecuente) nos es descrito al principio como el típico americano grande y deportista estereotípico, masculino, de una familia con varios hermanos todos chicos, etc. En definitiva, que, al menos de cara a la galería, la imagen que da es la de un machoman de estos que ya huelen un poco a rancio hoy en día. Pero es que luego la novela avanza, conoces a Bunny, cómo habla, cómo viste, cómo se mueve y lo que Tartt te está mostrando es al personaje más amanerado del grupo (más amanerado que el gay esterotípico y atormentado que mete con calzador, por cierto). Mientras leía, yo pensaba que estaba confundiendo mi recuerdo del Bunny que parece súper masculino con otro personaje, pero al leer esta reseña que os digo, me di cuenta de que no, de que era el mismo. Esto es casi anecdótico, pero creo que da una buena idea de hasta que punto los personajes de esta novela son así o asá según lo que le convenga a la autora en cada capítulo.

Más allá de la coherencia o no, podríamos entrar a hablar del número loco de páginas, de lo repetitivo que es todo, de ese sistema académico tan extraño de la novela que no hay quien se crea que esté permitido por una universidad... Pero, ¿para qué? Para mí basta con decir que El secreto es un pastiche de Mentes criminales con Gossip Girl, con un mínimo de 300 páginas de relleno y una autora que no sabe lo que hace.

Eso sí, el libro ha cosechado muy buenas críticas, algunas de otros blogueros muy sensatos de cuyas opiniones me fío casi siempre (esta vez va a ser que no, me vais a disculpar). Y Donna Tartt ha gando el Pulitzer con su novela más reciente, El jilguero. Hasta la fecha no he leído un solo premio Pulitzer que no me haya parecido un gran libro, así que no tengo por qué dudar que este lo sea. Entre El secreto y El jilguero han pasado como veinte años, y Tartt habrá mejorado mucho, como cualquier escritor en ese tiempo. Aun así, conmigo que no cuente. Esta primera novela suya ha sido tan decepcionante a todos los niveles que me ha quitado las ganas de darle otra oportunidad jamás de los jamases.

Ahora bien, si no habéis leído El secreto, os animo a que la leáis. No porque os desee lo peor, sino porque de verdad que ha mucha gente con criterio le gusta y, si es así, algo bueno tendrá. Yo no se lo he encontrado, pero quizá vosotros tengáis más suerte.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

En la foto: Margaret Atwood.

Me he pensado mucho si reseñar este libro o no. Es una obra tan impecable que tengo miedo de no ser capaz de decir nada salvo que "está genial" y que "tenéis que leerlo". Si veis que a medida que avanzan las líneas no digo nada coherente, volved aquí y quedaos con esas dos frases, porque de verdad que es genial y que, si no lo habéis leído, os lo recomendaría. Además es de esos libros que creo que valen para cualquier lector, géneros y gustos personales aparte.

Margaret Atwood, casi octogenaria, canadiense, Premio Príncipe de Asturias y Arthur C. Clarke (en otros muchos), era una de escritora que tenía pendiente hace tiempo. Concretamente quería leer el libro que reseño hoy; por eso, cuando me enteré de que iban a adaptar la novela como miniserie con Elizabeth Moss de protagonista, pensé que adelantarse a la serie era la excusa perfecta.

Hacedlo, hacedlo todos, adelantaos a la serie, porque dudo que puedan hacer algo que se acerque al talento narrativo de la Atwood.

Qué bien escribe esta mujer, qué bien escribe la condenada. Tiene una prosa evocadora en su justa medida, sin perder el contacto con la realidad, y una mezcla de dureza y lirismo que a esta novela en concreto le va genial. Hacía tiempo que no me encontraba con una prosa que me llamara tanto la atención. Es posible que desde la de Evelyn Waugh en Retorno a Brideshead el año pasado.

Pero la pluma de la autora es solo el principio de las virtudes de El cuento de la criada. La novela es una distopía, una de verdad, no en el sentido que se usa hoy a veces en literatura juvenil como sinónimo de futurista. La novela retrata un mundo terrible en el que la sociedad ha dado un giro radical y ha convertido a las mujeres en esclavas que solo interesan en tanto que puedan tener descendencia sana. La protagonista es una de las llamadas "criadas", que son mujeres destinadas a engendrar hijos para familias prominentes en los que la mujer no puede tener hijos (o sí puede pero su marido no, cosa que en esta sociedad se niega porque la culpa es siempre de la mujer).

No entro en más detalles sobre la trama porque este es uno de esos libros que se disfruta descubriendo poco a poco. La narración está muy fragmentada, nuestra protagonista entremezcla el presente con recuerdos de distintas épocas del pasado, y así vamos entendiendo más sobre el mundo en el que vive con un ritmo muy pausado. Y en este caso pausado no es sinónimo de relajado. A pesar de que es una novela que, como digo, avanza despacio y tiene mucha introspección del personaje principal, yo me he pasado muchas partes sentado al borde de la silla por la tensión que consigue crear la Atwood. Realmente construye una sociedad en la que tienes miedo de que ocurra algo a la vuelta de cada esquina.

Creo que solo con lo que os he contado del argumento no hace falta decir que se trata de una novela feminista que critica determinados roles de géneros impuestos a veces en nuestra sociedad y que en este caso se llevan hasta el extremo. Lo más escalofriante del asunto es que, como las buenas distopías, todo lo que cuenta parece muy real, como si a veces no estuviéramos tan lejos de ello.

El libro es largo y al principio yo pensaba que le iban a sobrar páginas porque, como digo, es una de esas novelas en las que no suceden demasiadas cosas. Bueno, pues me equivocaba. No le sobra ni una página, y es todo obra de la prosa de Margaret Atwood y de esa voz narrativa tan interesante que tiene la protagonista de El cuento de la criada.

Así que ya sabéis: recomendable no, lo siguiente.


Momento spam: Os lo cuelo después de la reseña de esta semana porque dedicarle una entrada ya es un nivel de spam demasiado alto. Como sabéis (y si no lo sabéis, pues os lo digo ahora), he publicado una novela con Escarlata Ediciones. Se llama Monstruos y tenéis toda la información en esta página.

La novela se publicó el mes pasado y ya han aparecido en Internet las dos primeras reseñas. Os las enlazo aquí, porque sé que estas cosas ayudan a decidirse a leer o no (leches, como que pongo esto al final de una reseña que acabo de hacer :P).

  1. En Entre páginas de Blue le ponen 3 sobre 5: aquí la reseña.
  2. Y en Erial no puntuan, pero vaya cosas más bonitas que me dice Sofía: reseña aquí.

Además, también tenéis alguna opinión más en la ficha del libro en Goodreads.

Y ya está, se acabo el spam. Fin de la cita, como diría el Coco ya sabéis quién.

Trilogía de Salterton, del gran Robertson Davies

En la foto: Robertson Davies.


Hace dos semanas terminé de leer Una mezcla de flaquezas, de Robertson Davies, que ponía el cierre a su Trilogía de Salterton. Las dos primeras entregas ya las reseñé en su momento en el blog (A merced de la tempestad y Levadura de malicia), pero, como el autor lo merece, me apetecía hacer una entrada sobre la trilogía completa en vez de limitarme a reseñar la tercera parte, que quizás no me haya dejado el buen sabor de boca que anticipaba.

Tengo la sensación de que Davies no es un autor demasiado conocido aquí. O si lo es, será en las librerías y no tanto en los mundos de Internet, porque os confieso que llegué a él de casualidad mientras cotilleaba el catálogo de Libros del Asteoride. Lo que captó mi atención fue que su primera novela publicada, A merced de la tempestad, trataba sobre un pueblecito de la Canadá de mediados del siglo XX cuyos vecinos montaban una compañía de teatro amateur para representar a Shakespeare. El argumento sonaba tan de mi estilo que me lancé a la piscina a pesar de que no tenía referencias de Davies por parte de ningún conocido/bloguero que siguiera.

No podría haberme salido mejor. Sin lugar a dudas, Robertson Davies fue mi descubrimiento literario de 2015. Es un narrador excelso; publicó su primera novela a una edad ya avanzada, después de una prolífica carrera como crítico, periodista y estudioso del teatro. Quizá por eso, su prosa está depuradísima. Además, como siempre digo, tanto su manera de escribir como sus historias tienen un toque retro que a mí me remite más a los clásicos británicos del XIX que a cualquier narrador americano del XX.

Sus obras se articulan en trilogías, cuatro, concretamente. La última se quedó incompleta a su muerte en los años 90, aunque según las críticas que he leído, parece que no iba por tan buen camino como las tres anteriores. La Trilogía de Salterton, que es la que he leído, es la primera de todas ellas, pero, como os decía antes, no hay nada en ella que huela a escritor primerizo.

Me imagino que sucederá lo mismo con todas sus trilogías, pero, al menos en la de Salterton, la relación entre las tres novelas es muy laxa, tanto que las novelas se pueden leer de manera independiente. Sobre todo la tercera, en el que el nexo es aún menor. El punto en común de todas las novelas es el entrañable pueblecito canadiense de Salterton, un lugar caracterizado por un provincianismo sin par. Sus vecinos son unas criaturitas tan ridículas que ríete tú de los de Stars Hollow.

En el primer volumen, A merced de la tempestad, conocemos el pueblo y a algunos de sus vecinos más célebres a partir de la representación amateur de La tempestad de Shakespeare que os mencionaba antes. Es una novela mu fresca, ligera, que sigue la estructura de una comedia de enredo tradicional, pero con ese toque erudito que impregna todo lo que escribe Davies.

El segundo libro, Levadura de malicia, es mi favorito personal. Retoma a algunos de los personajes de la novela anterior en una nueva historia mucho más satírica que a mí me recordó inevitablemente a la Jane Austen más irónica y crítica. Además, los protagonistas de esta novela en concreto son para mí dos de los personajes más tiernos del universo de Salterton, y entre carcajada y carcajada también llegaron a tocarme la fibra sensible.

El broche lo pone Una mezcla de flaquezas. Es una buena novela, pero después de haber leído las dos anteriores, me ha dejado un tanto frío. Y es que Davies cambia completamente el registro y abandona Salterton (apenas un par de capítulos transcurren en el pueblo), y, aunque la crítica mordaz sigue presente, también adopta un registro más serio y dramático. Y por si fuera poco, es una obra mucho menos coral que las dos anteriores. Como a mí lo que más me gustaba de las otras dos novelas era precisamente ese reparto coral de personajes entrañables y el humor crítico, los dramas de los insufribles protagonistas de Una mezcla de flaquezas no podrían haberme importado menos.

Aun así, a este último libro le he puesto un 3,5 en Goodreads, y es el que menos me ha gustado con mucha diferencia. Esto ya os da una idea del nivel que tiene la Trilogía de Salterton y de lo mucho que he disfrutado leyendo a Robertson Davies.

Sin duda caerá su Trilogía de Deptford, que además es la que más fama tiene, pero quizá deje descansar un poco a este gran narrador canadiense y lo deje para el año que viene. 

Sea como fuere, espero que esta entrada tan extensa haya hecho justicia a lo que he disfrutado leyendo a este buen señor a lo largo de este último año y que os anime a leer algo suyo a los que no lo habéis hecho ya. Porque de verdad que este escritor es de los buenos, buenos, y no tiene ni una décima parte de la fama que se merece.

Lolito, de Ben Brooks (y un poco sobre la literatura juvenil en general)

En la foto: Ben Brooks.


Una vez más, he vuelto a dar con una lectura juvenil que merece la pena. Y tras Jasper Jones, Alex Woods y demás, llevo una racha inmejorable con la novela YA. ¿Cómo lo hago? ¿Tengo poderes? Ojalá fuera un X-Men, pero no. Como ya estoy un poco harto de la literatura juvenil mediocre de siempre, la de Mary Sues y amor instantáneo, he desarrollado un poco de ojo para la YA que merece la pena. La clave está, tristemente, en buscar fuera de los catálogos de novela juvenil. Suena absurdo, lo sé, pero todas las buenas novelas de este género que he leído en estos últimos meses han sido publicadas, o bien por editoriales de narrativa o bien por editoriales que tocan varios géneros, pero que decidieron publicar estas novelas fuera de sus sellos juveniles.

No quiero hablaros de conspiraciones a lo Cuarto Milenio, pero empieza a darme que pensar. Da la impresión de que se intenta separar la YA de calidad del género y hacerla pasar por narrativa pura y dura. Esto no me parece mal en sí mismo, eh, porque tampoco os creáis que me llevo bien con la etiqueta de “literatura juvenil”; el problema es que al hacer esto se está perpetuando la idea de que la literatura juvenil es solo basura distópica y de romances absurdos en la que tenemos que darnos con un canto en los dientes cuando nos cruzamos con una Los Juegos del Hambre, por ejemplo, que tenga un mínimo de calidad. A lo mejor ayudaría un poco que cosas como Lolito o Jasper Jones se publicaran en un sello estilo Montena. Obviamente, le darían cien vueltas al resto del catálogo, pero ¿cuál es el problema?

No sé, esta ha sido una reflexión muy tonta y muy gratuita, pero es que me desconcierta un poco esta leyenda urbana que se está forjando de que la literatura juvenil solo es basura. Casi parece que las editoriales la fomenten adrede. Así pasa que luego le dices a alguien que su novela de cabecera, Algún día este dolor te será útil, es novela juvenil, y te miran ofendidísimos e inician un debate sobre lo divino y lo humano. Y como ya se te ocurra mentar El guardián entre el centeno, prepárate. ¿Cómo van a ser novelas juveniles grandes clásicos de la literartura? Todo el mundo sabe que la novela juvenil son vampiros y hamor con hache de héroe.

Y después de haberos colado esta reivindicación que ninguno habíais pedido (quizá hable más del tema de la juvenil en otra entrada en el futuro, quién sabe), paso, ahora sí, a hablar de Lolito, de Ben Brooks.

Tengo poco que decir, en realidad, porque ya se ha hablado mucho de ella en la blogosfera y en las redes. Si queréis mi opinión, se le ha dado demasiado bombo, a lo mejor porque el autor es muy joven y ha escrito una obra que, y aquí no cabe discusión, es diferente.

La trama no tiene nada de especial, en apariencia. Un chico de quince años tiene problemas con su novia y se mete en una espiral de alcohol, vida desordenada y chats sexuales, donde conoce a una mujer mayor con la que chatea ocasionalmente. La gracia de la historia es que Ben Brooks no la ha escrito del modo en que te la contaría John Green, sino en el que te encuentras en la calle. Que a lo mejor tanta orgía, drogas y palabrotas parecen un tanto exagerados a veces, pero seguro que más de uno trabajáis en institutos y tenéis la impresión de que está mucho más cerca de la realidad adolescente que lo que refleja Green en sus libros, por seguir con el ejemplo.

Lolito es muy “in your face” (que dirían los anglosajones), todo te lo tira a la cara casi con desprecio. Abusos sexuales, aborto, infidelidad, pedofilia… Y a lo mejor precisamente porque te lo escupe como si nada tuviera la menor importancia, cuando terminas la novela te quedas pensando sobre lo que has leído. Por eso Lolito funciona a la perfección como reflejo de la adolescencia más oscura y de esos seres egocéntricos y a veces rozando la psicopatía que casi todos hemos sido a los quince o los dieciséis, para desgracia de nuestros padres. Algunos más que otros, obviamente, y los personajes que salen en Lolito son los casos más extremos, pero no he leído en sus páginas nada que no me contara algún compañero de clase cuando estaba en la ESO.

Estoy seguro de que, igual que yo, vosotros habéis leído quinientas mil veces las siguientes frases en la contraportada o en las solapas de un libro: «[Nombre del autor] es la voz de su generación»; «[Nombre del libro] es el nuevo El guardián entre el centeno». Pues si os sirve mi opinión, Lolito es de las pocas novelas de las que oigo decir esto y, una vez leídas, no me parece descabellado.

Ben Brooks es joven, ronda mi edad y la de muchos de vosotros, y escribe con mucha sinceridad de la realidad que conoce. Sus referencias a la cultura pop de los millennial no son pegotes, como en la mayoría de novelas y series que intentan ser “la voz de su generación”. Yo leo a Ben Brooks y de verdad siento que las cosas de las que habla las podría hablar yo con un amigo tomando un café. Eso la convierte en una novela muy actual y, en efecto, muy ligada a la generación millennial. La pega es que dentro de unos años, quien lea esta novela con la edad que tiene Ben Brooks ahora, la notara muy desfasada. Es de ese tipo de historias que envejecen mal y que solo funcionan en el momento. Precisamente por eso sí que cumple un poquito (con modestia) eso de ser “la voz de una generación”.

Por otro lado, la comparación con la obra de Salinger también tiene mucho sentido. Aun así, más que en Holden Caulfield, yo buscaría las referencias del Etgar de Ben Brooks en las obras del realismo sucio estadounidense (que a su vez tuvieron a Salinger como uno de sus principales influencias, es cierto). Sobre todo en Charles Bukowski. Mientras leía las peripecias de Etgar, tenía la sensación de estar leyendo una versión adolescente del Henry Chinaski de Bukowski, también en el estilo de escritura de Brooks. La única diferencia es que Lolito me hace más gracia que las novelas de Bukowski, posiblemente por el tema generacional del que hablaba antes.

He divagado un poco y no sé si he llegado a alguna parte. La novela está bien, es diferente y me ha gustado, pero no me ha entusiasmado tanto como a otros. A lo mejor porque a mí el realismo sucio y sus derivados me gustan, pero nunca me entusiasman, salvo Richard Ford, pero es que nunca he estado ni estaré de acuerdo con que la critica meta a Ford en el saco del realismo sucio. Ben Brooks sí que escribe realismo sucio del siglo XXI.

Así pues, es un buen libro; es, insisto, diferente a lo habitual, y te hace plantearte cosas serias a través de una historia muy simple contada de una manera ligera pero que, a ratos, tiene un regustillo poético que le da sabor.

PD: Revisando el (tocho)post y, al final, parece que sí que tenía bastantes cosas que decir sobre Lolito. Pues bueno, ahí quedan dichas, y espero que os sirvan de algo.