Mis heroínas literarias

Hace un par de eras glaciares hice una entrada con mis heroínas televisivas, porque tenía el día rebelde y no me apetecía escoger a las literarias. Hoy quiero enmendar aquello y vengo a alabar (y en algunos casos defender contra los haters) a cinco señoritas de la literatura que me robaron el corazón en su día.

Aviso de que la palabra heroína está usada con mucha laxitud aquí. Entendamos como heroína a todo personaje femenino con un mínimo de importancia en la historia y que no sea la antagonista.

Mis elegidas son:


5. (Señorita) Lizzy Bennet, de Orgullo y prejuicio


Elección poco original donde las haya, pero era inevitable. Tenía que meter a una heroína austeniana en la lista sí o sí, y aunque Persuasión me gusta tanto como Orgullo y prejuicio y siempre me cuesta decantarme por uno de los dos libros, el carácter de Lizzy me gusta mucho más que el de Anne. Es inteligente, vivaracha, apasionada con las cosas que le importan y además tiene un punto de adolescente rebelde y contestona que sí que tiene mucho de heroíco para la protagonista de una novela de Regencia.

Debe de quedar muy poca gente que no conozca a Lizzy, pero si sois una de esas personas, tenéis que ponerle remedio cuanto antes. Además, Orgullo y prejuicio siempre me ha parecido el libro de Jane Austen más asequible para todo tipo de lectores.


4. (Princesa) Maria Bolkonskaya, de Guerra y paz


Me ha costado (casi me ha dolido físicamente) tener que escoger entre ella y la Rostova, igual que me pasó a lo largo de toda la novela. Mientras que Natasha Rostova es un personaje lleno de vida y que te arrolla desde la primera página, Maria es de esos que empiezan en un segundo plano, al principio no te importan, pero van haciéndose un hueco en tu corazón con cada escena en la que aparecen. Es una corredora de fondo y, para cuando llegas a la página mil y pico de esta obra mastodóntica, Maria es uno de los personajes para los que más deseas un final feliz.

Maria es la clásica buena persona, sin matices. Es verdad que quizá sea un personaje demasiado cliché con su religiosidad y rodeada de familiares (e institutrices, cof, cof) que se aprovechan de su bondad y hacen de su vida un sacrificio continuo.

No es guapa ni tiene una personalidad que llame la atención, más bien es una muchacha tímida e insegura que se da a los demás porque cree que eso es lo único para lo que sirve, que nunca encontrará nadie que la quiera ni podrá formar una familia. Pero a medida que van pasando las páginas, el personaje va creciendo y enfrentándose a situaciones muy complicadas sin perder su buen corazón, y eso siempre es meritorio.


3. (Princesa) Laurana Kanan, de Crónicas de la Dragonlance


Laurana es mi Sansa de los trece años. He perdido la cuenta de con cuánta gente del fandom me pegué (figuradamente) en mi adolescencia defendiendo el buen nombre de la elfa más mimada de Crónicas de la Dragonlance, y no me arrepiento. Tanto es así que lo digo bien alto aunque me busque enemigos: Laurana es el mejor personaje de la trilogía, y ni siquiera Raistlin le llega a la suela del zapato (aunque es el que más se acerca).

Tengo esta trilogía muy olvidada y nunca encuentro el momento para releerla, pero sí recuerdo que el segundo volumen, La tumba de Huma, ES Laurana, sobre todo la segunda mitad. Aquí la niña mimada del primer libro, que había crecido protegida de todo en la idílica sociedad élfica, conoce de primera mano la crueldad del mundo exterior y no solo no se achanta, sino que se crece ante las adversidades. Un personajazo que además evoluciona una barbaridad a lo largo de la trilogía, al contrario que la mayor parte de sus compañeros.

Si no habéis leído esta trilogía clásica del género fantástico, os la recomiendo muchísimo. Es posible que pierda cierta magia si no se lee con trece o catorce años como hice yo, pero estoy convencido de que sigue aguantando el tipo mejor que otras obras fantásticas del mismo estilo, llamémoslo tolkiano.


2. (Miss) Scarlett O'Hara, de Lo que el viento se llevó


Ya sé, ya sé, Scarlett heroína... Es egoísta, es déspota, violenta, desagradecida, interesada, manipuladora, clasista, racista (aunque esto tiene que ver más con la sociedad en que se ha criado que con ella) y así hasta llenar varias líneas de adjetivos. Pero también es una superviviente como no he leído ninguna, una fuerza de la naturaleza que no se detiene ante nada y que sería capaz de cualquier cosa (creo que podemos decir que literalmente) por seguir viviendo, aunque sea en las condiciones más precarias.

Scarlett no entiende lo que es rendirse, se enfrente a lo que se enfrente. Solamente por eso, a mí ya me tiene ganado. Los personajes supervivientes son mi debilidad, siempre lo han sido, y Scarlett es el paradigma de la supervivencia. Además, a medida que la vamos conociendo, empezamos a comprender mejor cómo funciona y vemos que sí que tiene un corazón. Si no que alguien me diga cómo es posible que no mandara a freír espárragos a todas esas rémoras que la rodeaban en su vida. Siendo la mayor egoísta del universo, Scarlett se sacrificó más de lo que haríamos cualquiera de nosotros por sacar adelante a una pandilla de inútiles (salvo Miss Melly y Mammy, obviamente) que no le aportaban nada. Así de contradictoria es la O'Hara, personajazo mayúsculo donde los haya.


1. (Lady) Sansa Stark, de Canción de hielo y fuego


Abandoné la adaptación televisiva de esta saga en la cuarta temporada y sé que la trama de Sansa ya no tiene nada que ver con la de los libros, pero confieso que he disfrutado mucho esta semana cuando al menos media docena de personas me han escrito para pedirme perdón por todas las veces que estuvieron a punto de saltarme los dientes por defender tanto a Sansa.

Sansa es un combo de Laurana + Scarlett. Igual que la primera, fue criada entre algodones y por esa razón era todavía una cría ingenua cuando se enfrentó al mundo real, y como la segunda, es una superviviente. Con el personaje de Sansa, Martin ha hecho (o está haciendo, bueno) un retrato insuperable de la pérdida de la inocencia y el fin de la infancia. El arco argumental de Sansa es una novela coming-of-age en toda regla, y ya sabéis que ese es otro de mis fetiches literarios.

Sansa es comparada continuamente con su hermana Arya, dos años menor, otro personajazo de Martin. Los defensores de Sansa siempre hemos dicho que ambas son supervivientes en su estilo y dentro de sus posibilidades, y que ninguna desmerece a la otra (de hecho, siempre he pensado que si se intercambiaran las tramas, ambas habrían muerto antes de acabar el segundo libro). Pero Sansa es más nuestra, se siente más real. O por lo menos, en su lugar, mi yo de once años siempre estaría más cerca de actuar como Sansa que como Arya.

Cuanto más conozco a los personajes de Canción, más me gusta Sansa. No solamente por su evolución (que es de las mayores de la saga), sino por el modo en que lo ha hecho. Sé que mucha gente no opinará lo mismo, pero en un lugar tan hostil como Poniente, la forma de enfrentarse al mundo de Sansa me parece mucho más admirable y valiente que la de Arya o cualquier otro de los personajes. Sansa no solo ha sobrevivido a cinco libros terribles, sino que lo ha hecho manteniendo más o menos intacta su humanidad. Sansa aún es compasiva, aún confía en la bondad del género humano y, con reservas, tiene su corazón abierto a los demás. Para mí, eso la iguala en valentía al guerrero más fiero de Poniente.

Y sí, es un poco pava y caprichosa a veces, pero a los fans nos gusta así.


#AUTOBOMBO: Sí, sí, lo sé, esta entrada parece que no se acaba nunca, pero juro que ya estáis llegando al final de verdad. No quería desaprovechar la ocasión para hacer un anuncio y un recordatorio referentes a moi (egocentrismo al poder). A saber:

  • El anuncio: Si alguno/a sois de tierras astures o da la casualidad de que pasáis por aquí, os informo de que este sábado día 2 de julio, a las 19:00h presentaré mi novela Monstruos en la Librería-café Santa Teresa de Oviedo (Calle Covadonga 11). Me presentará mi divertidísima compañera de editorial y también escritora Carmen Amil (@CarmenAmil). Lo iré recordando por Twitter esta semana, pero la primicia es para los lectores del blog, faltaría más. Así que lo dicho: si os pilla cerca y no tenéis plan mejor para la tarde del sábado, yo encantado de conoceros.
  • El recordatorio: Además de presentación de la novela, tenemos un sorteo activo en Twitter desde hace un par de semanas. El plazo para participar termina este jueves día 30. Para participar solo tenéis que seguirnos en Twitter a mí (@jorcienfuegos) y a la editorial (@EscarlataEd) y hacer RT al tweet del sorteo, que lo tienen destacado en la cuenta de Escarlata para que esté bien a la vista. Y si no tenéis Twitter, ya lo siento, pero intentaré hacer pronto otro sorteo, quizá a través del blog, para que nadie se quede sin oportunidad por estar fuera de las redes sociales.

Y ahora sí que sí, ¡el final de la entrada! Si habéis llegado hasta aquí leyéndolo todo sois más guapos que Charlie Hunnam y más majos que Amy Poehler.

Ahora es cuando me contáis cuáles son vuestras heroínas literarias en los comentarios. Y si queréis despotricar sobre Sansa y/o Laurana, #challengeaccepted. Maria y Lizzy no, eh, que son buena gente. Y Scarlett es una arpía, eso no os lo vamos negar ni ella ni yo.

#Tochogate2016



Bajo este hashtag que es pura poesía está un desafío de lectura veraniego que surgió un poco a lo tonto cuando Cris comentó que ella en verano siempre leía algún tocho y que lo planeaba en los meses previos. Algunos amantes de las lecturas infinitas en verano empezamos a animarla por Twitter y ahora aquí me tenéis, compartiendo las lecturas que tengo en el punto de mira como posibles tochos para julio-agosto. 

Este año no voy a tener tanto tiempo como otros, entre algún eventillo relacionado con mi novela, escribir y prepararlo todo porque en agosto me marcho dos años a hacer un máster en USA. Pero vamos, que salvo que me dé una crisis lectora seria, uno de estos tochos cae, como mínimo.

Sin más dilación, voy a presentaros mis cuatro candidatos a protagonizar el #tochogate2016. Por candidatos, tengo cientos, pero estos los tengo en la estantería y no me los voy a poder llevar en la maleta en agosto, así que me corre aún más prisa leerlos.



Notre-Dame de París, de Victor Hugo | ~700 págs.

Por número de páginas, este es más bien un semi-tocho, pero ser clásico del siglo XIX siempre debería puntuar doble. De Hugo solo he leído un par de obras de teatro, y aunque sé que lo suyo sería ponerse con Los Miserables, que además sí que es tocho puro, es un libro que, cosas de la vida, nunca me ha llamado nada de nada la atención. Ahora bien, Notre-Dame de París es de los clásicos que me atraen desde la primera vez que oí hablar de ellos. Y es que ya sabéis que todo lo que tenga tufillo a novela gótica me tiene ganado.

Es el primer libro de la lista porque es el que más posibilidades tiene de caer, aunque soy tan voluble con las lecturas que eso nunca se sabe.

Lonesome Dove, de Larry McMurtry | ~900 págs.

Dice una cita de la cubierta de mi edición: "Si solo lees un western en tu vida, que sea este". Pues dicho y hecho. Tengo muchas ganas de leerlo, pero al miedo natural a semejante tocho se suma que es un género que domino y que no tengo claro que me vaya a gustar y, sobre todo, que está en inglés. Si de normal leo despacio, en inglés se duplica, y un tocho de este estilo en inglés tengo que cogerlo con tiempo y ganas. Aunque el año pasado mi tochogate fue un tanto tardío, en septiembre, y fue un éxito con Gone with the wind, que se ha convertido en una de mis novelas favoritas.



La novela de Genji, de Murasaki Shikibu | ~1600 págs.

Tocho entre los tochos, al nivel de Guerra y paz. Clásico japonés del siglo XI, ahí es nada; seguramente, una de las primeras novelas de la historia. Da miedo (normal), pero creo que si se lee con paciencia puede funcionar, o al menos a Isa le encantó, y yo de ella me fío, especialmente en materia de autores japos.

Bonus: La mejor venganza, de Joe Abercrombie | ~800 págs.

Tengo este libro parado en la página trescientos desde febrero, pero es que lo empecé en plena crisis lectora y la verdad es que no me estaba entusiasmando. No es que no me gustara, porque entonces no hubiera llegado tan lejos, pero solamente me entretenía lo justo para seguir leyendo, muy lejos de la adicción que me creó la trilogía de La Primera Ley del mismo autor, y al final llegó un momento en que leer ochocientas páginas por leerlas me pareció demasiado. Pero este lo termino seguro, porque además Abercrombie es un autor que me gusta y creo que puede remontar según avance la trama.

Otros candidatos que se quedarán en el tintero, básicamente por que no están en mis estanterías y quiero dar prioridad a los que sí: It, de Stephen King; Pétalo Carmesí, Flor Blanca, de Michel Faber; El canto del cisne, de Robert McCammon; cualquier tocho de Ayn Rand.